A veces el maestro de su hijo simplemente no le gusta

A veces el maestro de su hijo simplemente no le gusta

Cuando mi hijo menor estaba en segundo grado, tuvimos un a√Īo dif√≠cil. Constantemente recib√≠a notas enviadas a casa, recib√≠a regularmente llamadas de su maestro sobre su comportamiento, y no estaba concentrado en absoluto.

Mi hijo siempre ha sido un poco “extra”: los maestros anteriores dijeron que se emocionar√≠a mucho y que tendr√≠a problemas para concentrarse durante las transiciones. Pero generalmente despu√©s de un recordatorio, fue capaz de reenfocarse.

Aunque era tonto y le gustaba hacer re√≠r a sus compa√Īeros de clase, era una alegr√≠a tenerlo en clase y un buen estudiante seg√ļn sus maestros. Nunca se habl√≥ de que podr√≠a tener TDAH u otras discapacidades de aprendizaje por parte de maestros, m√©dicos, y no vi ninguna se√Īal de alerta en casa, as√≠ que estaba bastante seguro de que no era un problema.

Tom√© las llamadas, notas y el hecho de que su maestro dijo que su comportamiento era “inaceptable” muy en serio. Mi hijo tendr√≠a consecuencias, como perder el tiempo frente a la pantalla, cada vez que recibiera una nota o llamara a casa. Le hice escribir una nota de disculpa a su maestra y siempre le asegur√© que segu√≠a con tales consecuencias en casa.

También hice cambios en sus hábitos alimenticios, asegurándome de que no comía nada dulce antes de la escuela y que estaba comiendo algo a base de proteínas, ya que leí que esto ayudaría con el enfoque y la concentración.

Me gustaría consultar con su maestro para asegurarme de que estaba en la tarea. Cada conversación se encontró con suspiros y gemidos y quejas sobre mi hijo. Sabía que estaba frustrada, pero casi sentí como si mis esfuerzos no fueran apreciados en absoluto, siempre estaba tan molesta conmigo y con mi hijo.

Un día, él estaría teniendo una conversación paralela. Otro día, habló sin levantar la mano. Otro, corrió en lugar de caminar por el pasillo. Siempre fue algo.

Ella estaba más que frustrada, y yo también. Pero también lo estaba mi hijo, especialmente cuando lo perdí un día después de que ella me llamó diciendo que había tenido un día extra salvaje y que no se quedaría quieto durante la clase.

Permitirle sentarse en la pelota hinchable no estaba absorbiendo la cantidad de energ√≠a que esper√°bamos. Tuve una conversaci√≥n con √©l, una conversaci√≥n firme que result√≥ en enormes l√°grimas de cocodrilo y termin√≥ dici√©ndome que a su maestro no le ca√≠a bien y que se meti√≥ en problemas por hacer lo mismo que los otros ni√Īos, pero no lo entendieron. en problemas. A menudo se sent√≠a singular y avergonzado y mencionaba que ella era realmente amable “con todos los ni√Īos que practicaban deportes y sacaban buenas notas”.

Y yo le creí.

Sab√≠a que mi hijo podr√≠a ser un pu√Īado a veces. Sus quejas me parecieron peque√Īas, s√≠, pero tambi√©n ten√≠a 16 ni√Īos en su clase, as√≠ que no sent√≠ que pudiera expresar mi opini√≥n y pedirle que fuera m√°s firme y lo manejara en el aula en lugar de llamar o llamar. envi√°ndome correos electr√≥nicos varias veces por semana. Incluso le sugiri√≥ que buscara nuevos amigos y dijo que deber√≠a pasar el rato con diferentes ni√Īos en la clase. Pero mi hijo amaba a sus amigos.

Al día siguiente, trajo a casa un aviso que tenía que ser firmado por mí para que me diera cuenta de que había retrocedido en su silla ese día. Estaba petrificado para mostrarme la carta, pero sabía que tenía que hacerlo porque tenía que ser firmada y devuelta al día siguiente o perdería un receso.

Las reglas son reglas y debería haber consecuencias si se rompen, lo entiendo. Pero mi hijo estaba visiblemente conmocionado porque se reclinó en su silla una vez y las consecuencias me parecieron un poco excesivas. Especialmente considerando que este era el 2do grado.

El a√Īo continu√≥ de esa manera, y con el tiempo, mi hijo comenz√≥ a odiar la escuela, que nunca hab√≠a sido as√≠ en el pasado. Empec√© a sospechar que al maestro realmente no le gustaba mi hijo. Sus quejas parec√≠an m√≠nimas, se contact√≥ conmigo sobre cosas aparentemente peque√Īas que pens√© que podr√≠an haberse manejado f√°cilmente en la escuela, como la vez que estaba cantando en el ba√Īo “demasiado fuerte” despu√©s del almuerzo.

Todos queremos apoyar a los maestros: tienen un trabajo enorme y est√°n a cargo de tantos ni√Īos. S√© que los maestros trabajan duro y respeto su profesi√≥n. Pero sent√≠ que estas llamadas a casa y los correos electr√≥nicos eran una p√©rdida de nuestro tiempo, y estaban alejando a√ļn m√°s a mi hijo. Sab√≠a que a ella no le gustaba mi hijo. Y desde esa experiencia, he hablado con otros padres cuyos hijos han pasado por lo mismo con varios maestros a lo largo de los a√Īos.

Cuando a la maestra simplemente no le gusta tu hijo, ya sabes. Tambi√©n tu hijo, y el m√≠o no fue diferente. Afect√≥ todo su a√Īo. El √ļltimo d√≠a de clases cuando lo recog√≠, su maestra dijo: “No s√© qu√© le pasa hoy; sigui√≥ saltando arriba y abajo y estaba demasiado emocionado por mi clase hacia el final del d√≠a “.

Ella hablaba de √©l como si ni siquiera estuviera all√≠ y lo vi encogerse como una rosa marchita. Era el √ļltimo d√≠a de clases y estoy bastante seguro de que todo el sal√≥n de clases estaba emocionado, no solo mi hijo.

Pude ver c√≥mo pas√≥ todo el a√Īo y ahora entend√≠ su frustraci√≥n.

Le rode√© con el brazo y le expliqu√© que era el √ļltimo d√≠a de clases y que estaba realmente emocionado.

Y sé exactamente por qué. Yo también lo habría sido.