C√≥mo ayudar a un padre en medio de una crisis p√ļblica √©pica

C√≥mo ayudar a un padre en medio de una crisis p√ļblica √©pica

Para responder a esa pregunta:

Malo. Real malo.

La situación

Hace un par de semanas, la pantalla de mi tel√©fono celular explot√≥ al azar. Fue justo antes de un fin de semana festivo, y dado que ten√≠a palpitaciones del coraz√≥n, incluso por la idea de no tener tel√©fono durante un fin de semana entero, consider√© la situaci√≥n como una “emergencia de clase 5”. Con mis dos hijos a cuestas, corr√≠ al proveedor de telefon√≠a celular m√°s cercano.

Gran error.

No estaba mentalmente preparado para lo increíblemente lenta que sería esa tienda o cuánta energía gastaría al intentar acorralar a mis dos exuberantes hijos.

Mis hijos fueron √°ngeles durante los primeros 15 minutos, pero todo fue cuesta abajo a partir de entonces. Hab√≠an alcanzado r√°pidamente su l√≠mite de buen comportamiento, y era como si mis peque√Īos querubines hubieran sido pose√≠dos por demonios infundidos con az√ļcar.

Se pusieron inquietos. E implacable. Me esperaba un √©pico colapso p√ļblico de proporciones incomparables.

El momento embarazoso

Primero, el grande comenz√≥ a correr en c√≠rculos, burl√°ndose del peque√Īo. Mi hijo tom√≥ represalias al negarse a permanecer en mis brazos, alej√°ndose y gritando como si mi propio contacto estuviera escaldando su piel. Segundos despu√©s, mi hijo estaba haciendo un descanso para la sala de profesores, y mi hija de 4 a√Īos hab√≠a decidido que deb√≠a presionar cada bot√≥n de los tel√©fonos en la pantalla. Hubo odiosos llantos, berrinches, chillidos y risas, todos amplificados 1,000 veces dentro de esa habitaci√≥n que de otra manera ser√≠a silenciosa. Mir√© la pantalla rota de mi tel√©fono.

Solo habían pasado 16 minutos. ¡Qué! Cada minuto se sentía como una eternidad.

Mi salvador con cola de caballo

Estaba casi listo para salir por esa puerta, para tirar esa toalla metaf√≥rica que todos tem√≠amos tirar metaf√≥ricamente. Es decir, hasta que uno de los hombres mayores que hab√≠a estado de pie viendo c√≥mo se desarrollaba este √©pico colapso p√ļblico (sobre el cual mi hijo en edad preescolar hab√≠a hecho anteriormente un comentario no tan tranquilo de que solo las ni√Īas deber√≠an tener coletas) se dio la vuelta.

Inicialmente pens√© que estaba listo para rega√Īarme, pero en cambio comenz√≥ a contarme una historia sobre sus nietos y la poca frecuencia con la que los ve. Mi hija lo tom√≥ al instante, t√≠midamente sonriendo y saliendo de entre mis piernas. No pas√≥ mucho tiempo antes de que √©l estuviera caminando por la peque√Īa tienda con mi ni√Īo en edad preescolar, fingiendo tomarle una foto con cada tel√©fono. Estaba en el cielo de los paparazzi, y finalmente pude respirar de nuevo.

Su peque√Īo acto de amabilidad no solo ilumin√≥ la cara de mi hija, sino toda la habitaci√≥n. Todos se rieron al verlos a los dos y comenzaron a conversar entre ellos. Cuando se levant√≥ el silencio inc√≥modo y mis habilidades de crianza ya no eran el foco, mi verg√ľenza comenz√≥ a desvanecerse.

A este hombre mayor, le agradezco la amabilidad, paciencia y respeto que le mostr√≥ a mi hija. Sus acciones no solo me ayudaron a lidiar con el tiempo extra que tuvimos que esperar, sino que ni siquiera perd√≠ mi mierda durante la crisis de emergencia en el ba√Īo de mi hija que sucedi√≥ literalmente segundos despu√©s de que fuera nuestro turno.

Seriamente. Gracias.

La amabilidad recorre un largo camino

A todos los extra√Īos que han ayudado a mi familia en p√ļblico, gracias.

Gracias al gerente de la cuenta bancaria que dejó que mis hijos destrozaran su oficina y comieran todos sus dulces para que yo pudiera firmar algunos documentos urgentes.

Gracias a la madre que no conozco en la clase de gimnasia de una hora de mi hija. Ella llev√≥ a mi ni√Īo que gritaba a dar un largo paseo mientras yo, sonrojada por la verg√ľenza, me tom√© un momento para recuperarme.

Gracias a mi médico que no dijo una palabra mientras sacudía a mi hijo llorando en el asiento de su auto con el pie mientras completaba mi examen físico.

Gracias a toda la tienda de comestibles que ha sido sometida a los chillidos m√°s horribles de los reci√©n nacidos conocidos por el hombre, en m√ļltiples ocasiones, a pesar de que le di de comer a mi beb√© justo antes de salir de la casa.

Gracias a mi tía, que en una gran reunión familiar me dijo que le quitara la manta a mi bebé que estaba amamantando.

Crianza de los hijos en p√ļblico no es f√°cil

La crianza de los hijos no es f√°cil. Crianza de los hijos en p√ļblico seguro no es facil

No es f√°cil, pero es mucho m√°s manejable cuando en lugar de ver la mirada de desd√©n de un extra√Īo, te encuentras con una sonrisa tranquilizadora. Si te encuentras en p√ļblico, viendo a una madre arrastrando a su peque√Īo ni√Īo gritando fuera de una tienda, no asumas que es una mala madre.

No asuma que el ni√Īo es una amenaza para la sociedad. Y por favor no mires con criterio la escena que se desarrolla. La madre ya est√° lo suficientemente avergonzada.

En cambio, ve y ofr√©cele ayuda. Lleve la bolsa de pa√Īales que est√° sosteniendo. Ay√ļdala con sus compras. Dile a su hijo un chiste gracioso. Lo m√°s importante, d√≠gale que est√° bien, que todos lo pasamos bien.

Adelante, haz el día de esa madre. Ser un héroe.