Cómo mi hija calmó mis temores sobre la adolescencia

Cómo mi hija calmó mis temores sobre la adolescencia

Mi hija de 8 a√Īos me pidi√≥ recientemente que la llevara escaleras arriba a la cama. Su rostro estaba ajustado entre mi hombro y mi mand√≠bula, las piernas envueltas alrededor de mi cintura. Luch√© por subirla por las escaleras porque ya no soy lo que era, y ella pesa mucho m√°s de lo que nunca lo ha hecho. Pero lo logr√©.

“Sabes”, dije mientras la cargaba. “Alg√ļn d√≠a no te querr√©”.

Pienso mucho en esto, en realidad. Parte del problema es que no me gustaban mis padres cuando era adolescente. Por supuesto, ten√≠a muchas buenas razones para odiar a mis padres. Mi padre estuvo en la c√°rcel la mayor parte de mis a√Īos de secundaria. Fue v√≠ctima temprana de la epidemia de opioides y muri√≥ justo despu√©s de mi graduaci√≥n de la escuela secundaria. Mi madre tambi√©n tuvo problemas, a su manera, y a los 14 a√Īos, me sent√≠ tan frustrada que empaqu√© mis cosas y me fui. Rebote√© un poco y finalmente termin√© con mi abuela.

En ese momento, me sent√≠a lo suficientemente mayor como para estar solo. Pero ahora, cuando miro a mis hijos peque√Īos, me doy cuenta de que no hay forma de que tengan la edad suficiente para hacer lo que hice. Y claro, su situaci√≥n es mucho mejor que en la que crec√≠, pero todav√≠a me preocupa que mis hijos alg√ļn d√≠a est√©n tan insatisfechos conmigo como lo estuve con mis propios padres, y la idea de eso me agota.

Y la realidad es que mis hijos no est√°n tan lejos de la adolescencia. Mi mayor tiene 11 a√Īos. Es un preadolescente. Norah no est√° tan lejos, a las 8. Habr√° un momento en que a mis hijos no les agradar√© tanto como a ellos ahora. Una vez le√≠ un art√≠culo en el que un psic√≥logo habl√≥ sobre c√≥mo a sus hijos adolescentes no les gusta (o incluso odian) a sus padres es una parte natural de abandonar el nido.

Como padre, tengo que obstaculizar el estilo de mis hijos en alg√ļn momento, ¬Ņverdad? Tengo que hacer cumplir las reglas para mantenerlos a salvo. Tengo que asegurarme de que les vaya bien en la escuela, que tengan buenos amigos y que aprendan una fuerte √©tica de trabajo. Incluso si no les gusta. Es mi trabajo.

No puedo evitar pensar en los 30, algo que sus padres acaban de demandar para salir de su casa. Yo tampoco quiero eso. No quiero que mis hijos nunca salgan, vayan a la universidad, se casen y vivan sus propias vidas. Quiero decir, honestamente, lo √ļltimo que cualquier padre quiere es ver a su hijo adulto en el s√≥tano jugando y nunca viviendo realmente. Pero al mismo tiempo, temo esos a√Īos en que mis hijos adolescentes me ven como un imb√©cil hip√≥crita dominante lleno de reglas y sin sentido de la moda.

Tiene que haber un t√©rmino medio, ¬Ņverdad?

De hecho, publiqu√© sobre este mismo tema, solo una situaci√≥n diferente, en Facebook hace un tiempo. Naturalmente, termin√© con una gran cantidad de comentarios, muchos de ellos discutiendo una variedad de experiencias criando adolescentes. Algunos comentaristas mencionaron que nunca odiaron a sus padres, y que se mudaron al final de la adolescencia, fueron a la universidad y todo sali√≥ como esperaban. Otros eran como yo, ten√≠an una vida hogare√Īa dif√≠cil y odiaban a sus padres.

Pero los comentarios m√°s interesantes fueron de padres mayores con hijos adultos que hablaron sobre cu√°nto respondieron sus hijos, dijeron “Te odio”, trataron de huir, rodaron los ojos un mill√≥n de veces y pidieron m√°s espacio cuando lo necesitaban. Fue orientaci√≥n. Una persona dijo esto: “Mi hijo me odiaba, y me doli√≥, pero sigues am√°ndolos, y te da [through] ¬°eso! ¬°√Čl y yo tenemos una buena relaci√≥n adulta ahora!

Todo sonaba como una bolsa mixta, y todo me pone nervioso cada vez que miro a los ojos de mis hijos peque√Īos. Pero el hecho es que todav√≠a no estoy all√≠. No lo he vivido y tengo la sensaci√≥n de que mis tres hijos ser√°n muy diferentes. Pero lo que s√≠ s√©, en este momento, es que cuando puse a Norah en su cama, ella me mir√≥ y dijo: “Puede que no me gustes todo el tiempo, pero siempre te necesitar√©”.

Dibuj√≥ “necesidad” y termin√≥ con una burla, como si estuviera explicando que los osos viven en el bosque, duh. Ella me mir√≥ a los ojos, sus labios en una media sonrisa torcida. Le sonre√≠ y me re√≠. “Gracias, chico”, le dije. ‚ÄúEso realmente ayud√≥. Se siente bien ser necesitado “.

Es curioso c√≥mo los ni√Īos pueden ayudar a eliminar incluso los miedos m√°s complicados.

Le di un beso en la frente y, cuando me aparté, ella me rodeó el cuello con los brazos y me abrazó para un segundo abrazo.