Cómo una imaginación hiperactiva llevó a mi hijo a la sala de emergencias

Cómo una imaginación hiperactiva llevó a mi hijo a la sala de emergencias

Tengo tres hijos de 5 a√Īos o menos. No hace falta decir que hemos visto nuestra parte justa del interior de la sala de emergencias. La mayor√≠a de nuestros viajes a la sala de emergencias han sido el resultado de la Ley de crianza de Murphy, es decir, el ni√Īo tiene fiebre muy alta a las 5:31 p.m. En un viernes. Tambi√©n hemos tenido algunos golpes de cabeza excesivamente cautelosos que nos han tra√≠do. (Todav√≠a creo que es cruel que cuando buscas en Google “c√≥mo es el fluido cerebral” te dice que no se puede distinguir de la mucosa; bueno, ¬Ņc√≥mo se supone que debo saber si le goteaba la nariz porque estaba llorando o porque sal√≠a l√≠quido cerebral? PD: Fue porque estaba llorando).

Pero, con mucho, el viaje m√°s extra√Īo a la sala de emergencias ocurri√≥ hace unos meses. Era el final de la semana escolar y todos estaban bastante cansados. Estaba preparando la cena y esperaba con ansias llevar a nuestros hijos demasiado cansados ‚Äč‚Äča la cama. Acababa de echar huevos en la sart√©n cuando lleg√≥ mi hijo corriendo, sollozando.

“¬ŅQu√© pasa?” Pregunt√© alarmado.

Todav√≠a sollozando, jade√≥, “¬°No creo que me haya tragado un centavo!”

Bueno, esto era nuevo.

“No entiendo”, dije. “¬ŅQu√© quieres decir con que no pensar te tragaste un centavo “.

Esta pregunta result√≥ demasiado, y mi hijo de 5 a√Īos se disolvi√≥ en m√°s hist√©ricos, incapaz de responder la pregunta. Mi esposo y yo nos miramos perplejos. Se necesitaba m√°s investigaci√≥n. Llam√© a mi hija, que hab√≠a estado jugando con √©l en la otra habitaci√≥n, y le pregunt√© qu√© pas√≥. Desarroll√≥ su fachada muda con los ojos abiertos, d√°ndose cuenta de que la mejor manera de evitar problemas era no decir nada.

Suspiré, apagué los huevos y llamé a mi hermano, un médico de urgencias.

“Dijo que no cre√≠a que se hubiera tragado un centavo”, le expliqu√©.

“Entonces … se trag√≥ un centavo”, respondi√≥ mi hermano.

Suspir√© de nuevo. “S√≠, probablemente lo hizo”.

Así comenzó el viaje más embarazoso a la sala de emergencias.

Mi esposo se hizo cargo de poner comida en la mesa, y mi hijo y yo salimos. Se calmó sabiendo que estábamos camino al hospital. Mientras estaba en el auto, nuevamente intenté llegar al fondo de la historia.

“No creo que me haya tragado una”, dijo.

“Pero no entiendo c√≥mo es siquiera una posibilidad. ¬ŅPuedes explicar por qu√© estabas tan molesto? No pudo, as√≠ que continuamos nuestro viaje.

Al llegar a la sala de emergencias, le expliqu√© a la recepcionista: ‚ÄúHola. Mi hijo aqu√≠ no cree que se haya tragado un centavo “. Profesionalmente contuvo una risa y nos registr√≥.

Pronto nos acompa√Īaron a una habitaci√≥n donde, una vez m√°s, le expliqu√© a una enfermera y luego al m√©dico de guardia: “Mi hijo no cree que se haya tragado un centavo”.

“¬ŅTe tragaste un centavo?” el doctor le pregunt√≥ a mi hijo.

“No”, respondi√≥ mi hijo. Estaba ganando convicci√≥n en su postura de no tragar.

El doctor se ech√≥ a re√≠r y me dijo con confianza: “Seguramente se trag√≥ un centavo”. (¬ŅTienen un curso sobre esto en la escuela de medicina?) Luego dijo que traer√≠a a un t√©cnico de rayos X para que pudi√©ramos ver d√≥nde estaba el centavo. “Probablemente estar√° bien, pero hay una peque√Īa posibilidad de que se aloje, por lo que es mejor ver qu√© est√° pasando”.

Mi hijo ahora estaba felizmente viendo Disney en la televisi√≥n del hospital, un regalo que no recibe en casa. El t√©cnico de rayos X entr√≥. “¬°Escuch√© que tu hijo no se trag√≥ un centavo!” exclam√≥ jovialmente. “¬°Esa es una nueva!” Tom√≥ radiograf√≠as mientras mi hijo intentaba retorcer la cabeza hacia la televisi√≥n, todo pensamiento de centavo sin tragar borrado por Disney.

Un poco más tarde, el doctor regresó.

“Bueno, tu hijo es un ni√Īo sincero”, dijo.

“¬ŅQuieres decir que no se trag√≥ un centavo?”

“No centavo”.

Derecha. Ni siquiera recuerdo cu√°les fueron nuestros documentos de alta. “Cuidado con los signos de una imaginaci√≥n hiperactiva”? S√© que pagamos bastante dinero por el privilegio de que me dijeran que mi hijo, de hecho, no se trag√≥ un centavo.

Nunca llegu√© al fondo de lo que sucedi√≥ all√≠. Trat√© de preguntarle a mi hijo sobre eso de camino a casa, pero ten√≠a los labios apretados. En alg√ļn momento, d√≠as despu√©s, mencion√≥ algo acerca de c√≥mo no pudo encontrar uno, por lo que pens√≥ que se lo hab√≠a tragado. Aparentemente, si no est√° en el suelo, ¬Ņdebe estar en el est√≥mago? Todav√≠a estoy tan confundido por todo el evento. Pero al menos me alegro de que haya tenido un final feliz.