Crianza consciente: por qué debemos modelar el autocuidado

Crianza consciente: por qué debemos modelar el autocuidado

“¬ŅCu√°nto tiempo puede esperar esto?” Pregunto. Antes de responder, apaga la deslumbrante luz operativa que cuelga sobre mi cara. El enjuague de menta persiste en mi lengua.

“No puede. Si la infecci√≥n se extiende a la mand√≠bula, puede crear un absceso ‚ÄĚ, responde ella. Sus cejas fruncidas y ojos severos no dejan lugar para la negociaci√≥n.

Aprieto mi agarre sobre las cubiertas de pl√°stico de los brazos de la silla, los m√ļsculos todav√≠a tensos por las sondas de metal golpeando contra mis dientes. M√°s tarde, Google “diente abscesado”. No te animo a que hagas lo mismo, a menos que disfrutes de las pesadillas dentales.

“¬ŅCu√°les son mis opciones?”

‚ÄúSe necesita un tratamiento de conducto para limpiar la infecci√≥n. Ha crecido durante los √ļltimos seis a nueve meses en tu diente “. Ella me muestra la imagen de rayos X de mi boca para determinar la ubicaci√≥n exacta de la infecci√≥n. Mi ojo inexperto no nota nada inusual, pero ella me asegura que existen bacterias hostiles.

Suspiro y acepto volver la próxima semana.

¬ŅPor qu√© esper√© m√°s de un a√Īo para ir al dentista? Considerando mi historial de problemas dentales, fue una mala decisi√≥n, y la infecci√≥n en mi diente pudo haber sido desastrosa. No puedo jugar la falta de tarjeta de seguro dental, porque tenemos una cobertura adecuada. No hay una excusa v√°lida para mi falta de autocuidado. En realidad, hay una excusa.

“Sabes c√≥mo es f√°cil ignorarte para concentrarte en cuidar a tu hijo”, dijo un amigo recientemente mientras tomaba un caf√©. Asent√≠ en solidaridad con su lucha. S√≠, tengo el tratamiento de conducto para probarlo., Pens√©.

Cuanto m√°s pensaba en su comentario, m√°s reflexionaba sobre la gran brecha entre la atenci√≥n que brindo a Henry, mi hijo de 18 meses, y mis propios est√°ndares de autocuidado. Me acerco a su rutina diaria con una intensidad en la que nunca me concentrar√≠a. Mi hijo come bien, pero yo como como un animal. Mi hijo duerme como un campe√≥n, pero camino por la tierra como un zombi. Mi idea de autocuidado implica el viaje en autom√≥vil de Wendy en el camino a casa desde el patio de recreo, o retirarse a la ba√Īera para ver Netflix en la oscuridad. Por favor no me pregunten la √ļltima vez que entr√© en las puertas de un gimnasio.

Para los padres de ni√Īos peque√Īos, el cuidado personal resulta dif√≠cil de alcanzar. Nos cuesta ducharnos y terminar las comidas, y mucho menos encontrar tiempo para atender nuestras propias necesidades. Renunciamos a la esperanza de dormir regularmente hace mucho tiempo. Advertencia amistosa: si menciona el tema del autocuidado a un padre de un ni√Īo peque√Īo, probablemente recibir√° una expresi√≥n facial molesta. Estamos demasiado privados de sue√Īo para sus conferencias.

Henry es mi mejor excusa para evitar al dentista. El a√Īo que ignor√© mis problemas dentales, me consum√≠ con cambiar pa√Īales, llenar biberones y rogarle que durmiera a las 3 a.m. Cuidar de √©l justifica mi negligencia, ¬Ņverdad? En realidad, no lo hace. En el fondo s√© que usarlo como excusa es una evasi√≥n. Por mucho que quiera creer que fue noble descuidarme para satisfacer sus necesidades, mi conciencia me dice que no estoy haciendo un favor a nadie con este enfoque.

Me pregunto qu√© es m√°s beneficioso: un padre que se concentra intensamente en la rutina, los h√°bitos y las acciones de su hijo, mientras se descuida, o un padre que brinda la atenci√≥n adecuada y ofrece un modelo de autocuidado para que su hijo observe. Creo que este √ļltimo es la inversi√≥n inteligente.

La forma en que modelamos el autocuidado les ense√Īar√° a nuestros hijos c√≥mo cuidarse a s√≠ mismos. Cuando son j√≥venes, podemos concentrarnos intensamente en sus dietas y comportamiento mientras descuidamos el autocuidado, pero eventualmente se dar√°n cuenta de c√≥mo nos cuidamos y tomaremos sus se√Īales de nuestros h√°bitos. Poner toda mi energ√≠a en mantener est√°ndares irrazonables, mientras me descuido, es modelar un comportamiento que no quiero que mi hijo vea. Quiero que sea testigo de alguien que se valora lo suficiente como para cuidarse a s√≠ mismo, especialmente en las formas m√°s vitales.

¬ŅQu√© ver√° mi hijo? Esta es la pregunta dando vueltas en mi cabeza.

La parte que da miedo es lo cerca que miran nuestros hijos. Henry tiene 18 meses y ya está en sintonía con cuánto tiempo, demasiado tiempo, paso usando la tecnología. La forma en que lo veo imitándome con un teléfono inteligente me divierte y me aterroriza. Me observa tomar suficiente café para flotar en un barco de guerra, luego finge hacer su propio café y beberlo.

Espero pasar mi tiempo alrededor de Henry con m√°s atenci√≥n. La perfecci√≥n de los padres no es mi objetivo y mis palabras no pretenden promover la culpa; m√°s bien, mi objetivo es permanecer consciente de que la crianza de los hijos es una relaci√≥n, no una calle de sentido √ļnico. Mi hijo es un espejo que me refleja las √°reas que necesito mejorar. Hago mi parte al no ignorar el reflejo del espejo.