Crianza de un estudiante promedio

Crianza de un estudiante promedio

Uno de los aspectos m√°s desafiantes de criar a mi hijo fue aceptar el hecho de que era un estudiante desmotivado. Aunque su padre y yo intentamos no dejar que sus calificaciones definieran c√≥mo lo ve√≠amos, especialmente durante la escuela secundaria, tuvieron un impacto en c√≥mo nos ve√≠amos a nosotros mismos como padres. Tuvimos momentos de dudas y, a veces, cuestionamos la forma en que lo criamos. ¬ŅQu√© hab√≠amos hecho mal? ¬ŅQu√© extra√Īamos o dejamos de hacer para motivarlo a tener √©xito?

Nada realmente, resulta.

En primer lugar, nunca nos tocó motivarlo. Tenía que encontrar la motivación dentro de sí mismo.

En el mundo hipercompetitivo de las clases AP, las listas de honor, los mejores estudiantes, los estudiantes del mes, los puntajes SAT perfectos, GPA de 4.0 o m√°s, atletas acad√©micos y m√°s, tener un hijo con calificaciones promedio es considerado un problema serio por muchos padres e incluso algunos pueden verlo como vergonzoso y vergonzoso. Un estudiante “C” tambi√©n podr√≠a ser un desertor de la escuela secundaria en lo que respecta a muchos colegios y universidades de primer nivel. Algunos consejeros de la escuela secundaria, que pueden verse sobrecargados por la gran cantidad de estudiantes que manejan, y los consultores de admisi√≥n privados, preocupados por su reputaci√≥n y tasas de admisi√≥n, se apresuran a despedir a los estudiantes promedio como estudiantes de secundaria.

El hecho de que un estudiante tenga calificaciones promedio en la escuela secundaria no significa que no tendrá éxito en la universidad.

Mi hijo era un estudiante promedio de secundaria, se gradu√≥ con un promedio de calificaciones de apenas 3.0. Hubo una serie de razones para su desempe√Īo poco estelar en la escuela secundaria, incluida una discapacidad leve de aprendizaje (TDAH) y una grave falta de motivaci√≥n. Su padre y yo hicimos todo lo que pudimos pensar para despertar un inter√©s por lo acad√©mico en su mente inteligente pero desinteresada. Entre otras cosas, contratamos tutores, incluido el profesor de ingl√©s de doctorado en su escuela secundaria que hab√≠a sido tan inspirador para nuestra hija mayor. Mientras escuchaba subrepticiamente cada semana, me sorprendi√≥ lo aburrido que estaba mi hijo, a pesar de la forma fascinante (aunque algo exasperada) de que la maestra explicaba el texto. Para m√≠, un lector voraz con un t√≠tulo en ingl√©s, el desd√©n de mi hijo por la literatura fue triste y un poco aterrador. ¬ŅC√≥mo podr√≠a llegar a la universidad sin las habilidades para interpretar la escritura compleja?

Y, sin embargo, cuando se trataba de deportes, mi hijo era una fuente de conocimiento. Su recuerdo de las estad√≠sticas de b√©isbol y f√ļtbol fue enciclop√©dico. Pod√≠a analizar y evaluar cada jugada en un partido de f√ļtbol de la forma en que los matem√°ticos resuelven ecuaciones de c√°lculo complejas. ¬ŅDe qu√© le servir√≠a toda esta informaci√≥n? Nos preguntamos su padre y yo. Por otro lado, sentimos que las lecciones de vida que aprendi√≥ jugando f√ļtbol en la escuela secundaria (compromiso, disciplina, respeto y trabajo en equipo) ser√≠an de gran valor para √©l, por lo que apoyamos a nuestro liniero ofensivo y a su equipo. Esperamos que su celo por aprender sobre deportes alg√ļn d√≠a se traduzca tambi√©n en sus actividades acad√©micas.

La creencia de que asistir a una de las 50 mejores universidades es el √ļnico camino hacia el √©xito no solo es falso, sino que es imposible para el 95% de los estudiantes de secundaria que no tienen las calificaciones y / o la capacidad financiera para asistir a una de estas instituciones de √©lite. Hay miles de excelentes escuelas que admitir√°n estudiantes promedio y les ofrecer√°n las experiencias de crecimiento y educaci√≥n que son las razones para asistir a un colegio o universidad en primer lugar. Mi hijo tuvo la suerte de ser aceptado en una de esas universidades.

Los padres de estudiantes promedio pueden considerar hacer las cosas de manera diferente a la nuestra y luchar contra su instinto comprensible de presionar constantemente a sus estudiantes para que rindan mejor en la escuela. Muchos adolescentes no alcanzan un nivel de madurez para encontrar el √≠mpetu para trabajar duro hasta despu√©s de la secundaria. Las peleas y las discusiones sobre c√≥mo hacer que trabajara m√°s duro, estudiara m√°s y lo hiciera mejor fueron in√ļtiles y frustrantes, y causaron un estr√©s innecesario tanto para mi hijo como para mi esposo y para m√≠.

En el caso de mi hijo, no fue hasta que fue a la universidad y encontró algo que le llamó la atención, en su caso, Historia Americana, que pudo obtener las calificaciones que siempre supimos que podía.

Mi hijo se gradu√≥ de la universidad, en cuatro a√Īos, en la primavera de 2014. La clave de su √©xito fue encontrar apoyo y asesoramiento a lo largo de su experiencia universitaria, adem√°s de simplemente crecer. Su tesis principal fue sobre la historia de la liga mexicana de b√©isbol y su impacto en el deporte en los Estados Unidos. Recibi√≥ una B plus en su papel. Ahora tiene dos trabajos, uno en administraci√≥n para un equipo de f√ļtbol universitario y el otro en asuntos p√ļblicos para una gran compa√Ī√≠a de energ√≠a. Tuvo √©xito a pesar de ser un estudiante promedio de secundaria, y sin que sus padres respiraran por su cuello. Lo hizo solo, lo que para m√≠ es lo m√°s gratificante de todos.

Es poco probable que un posible empleador le pregunte sobre su promedio de calificaciones en la escuela secundaria. ¬ŅPor qu√© lo har√≠an ellos? Hay mucho m√°s para √©l que eso.

(Nota: esta publicación fue escrita con la bendición y el aliento de mi hijo).

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