De todo lo que se ha llevado la pandemia, extra√Īo mucho tocar

De todo lo que se ha llevado la pandemia, extra√Īo mucho tocar

Me detuve en el asiento del conductor cuando el hombre enmascarado pas√≥ junto a mi puerta y llam√≥ a la cajuela. Apret√© el bot√≥n de liberaci√≥n y lo vi arrojar la bolsa de pl√°stico, cerrar el maletero y salir corriendo sin decir una palabra. Fue r√°pido y on√≠rico. Conduciendo a casa desde Target, pregunt√© en voz alta: “¬ŅEs esta la vida real?”

Me sent√≠ como un personaje en el primer acto de una pel√≠cula de terror; ninguna circunstancia fat√≠dica me hab√≠a sucedido, pero en pocos d√≠as una inquietud se hab√≠a asentado sobre mis interacciones con el mundo “exterior”. Desde hace dos meses, se siente como si algo siniestro se hubiera infiltrado bajo la superficie de la vida familiar normal, mientras que una inquietud y una sensaci√≥n de incompletitud han impregnado mis pensamientos.

Al principio, pens√© que el mundo exterior se sent√≠a surrealista porque ahora veo muy pocas caras. Es cierto, no soy Will Smith, √ļnico sobreviviente de la ciudad de Nueva York en Soy leyenda. Hay gente alrededor, o signos de ellos, de todos modos. En nuestro porche aparecen cajas de cart√≥n con provisiones, entregadas por conductores que nunca vemos. Un bal√≥n de f√ļtbol errante yace en el jard√≠n trasero, nuestro vecino de ocho a√Īos ahora tiene miedo de saltar y recuperarlo. Los extra√Īos traen nuestra cena de los restaurantes despu√©s de que caras invisibles toman nuestro pedido, preparan nuestra comida y empaquetan nuestra comida. Una noche estudi√© letras gigantes de Sharpie en un recibo, ALLISON, e intent√© discernir si el escritor era hombre o mujer, joven o viejo. ¬ŅEstaba tan aburrido? Tal vez. ¬ŅEstaba tan desesperado por conectarme con alguien en el exterior? Probablemente.

Todav√≠a reflexionando sobre mi inquietud despu√©s de mi carrera de Target, entr√© en la casa con el sonido de los gritos. En la sala familiar, mis dos hijos discut√≠an sobre qui√©n rompi√≥ el sable de luz verde. Las voces y el volumen se sent√≠an familiares, casi reconfortantes. Quiz√°s odi√© lo silencioso que estaba all√° afuera. Nuestra casa se siente m√°s ca√≥tica desde la pandemia, s√≠, pero no es para nada m√°s tranquila. Nuestra casa sigue siendo un espacio ruidoso donde mi esposo y yo todav√≠a encontramos poco tiempo para hablar en privado mientras nos distanciamos con dos ni√Īos peque√Īos. Sin embargo, fuera de casa, he perdido una simple conversaci√≥n diaria: charlar con el barista, los padres en la clase de bater√≠a, las madres en la escuela. Extra√Īo los peque√Īos momentos que recargan a una extrovertida ama de casa y me unen a mi comunidad.

Lo que es peor, mis pocos encuentros en vivo con otros han dejado de ser energizantes, decolorados ahora por el riesgo y las implicaciones. Una partici√≥n me separa del cajero del mercado local. En los paseos, los vecinos cruzan la calle cuando nos acercamos. La √ļnica vez que me aventur√© a comprar la cena, esper√© afuera del caf√© hasta que un cliente solitario complet√≥ su transacci√≥n dentro. Hace solo tres meses, mis hijos y yo hab√≠amos discutido la suerte que tenemos de vivir en un √°rea tan segura. Ahora todos son una amenaza concebible, incluso yo.

Las interacciones en l√≠nea son solo un poco m√°s satisfactorias. En el aula de Google, mi hijo de seis a√Īos habla con amigos reducidos a cuadrados de una pulgada. Veo a mi frustrado hijo de ocho a√Īos manejar breves conversaciones en medio del estruendo de veinte alumnos de segundo grado confinados en la casa hablando a la vez. Las cenas con zoom son agradables, pero las invitaciones de “reuni√≥n” que nos enviamos subrayan el prop√≥sito previsto de la aplicaci√≥n. Durante una noche de juego de Zoom, un amigo se fue a usar el ba√Īo y me encontr√© mirando tristemente su silla vac√≠a. Me hizo extra√Īar m√°s sus visitas en persona.

Si bien las reuniones me permiten ver y escuchar a mis seres queridos, hacen poco por sacudirse la inquietud que he llevado desde marzo, la extra√Īa sensaci√≥n de que no estoy viviendo mi vida real.

Entonces, una tarde, la verdadera fuente de mi ansiedad se hizo evidente cuando particip√© en una reuni√≥n de Zoom con algunos ex alumnos de la escuela secundaria donde ense√Ī√© durante quince a√Īos. Mientras todos aplaz√°bamos la noche, un “ni√Īo” (ahora tiene treinta y dos a√Īos) presion√≥ una palma contra la pantalla de su computadora como una forma de decir adi√≥s. Entonces es cuando me golpe√≥. Yo y las personas con las que estoy m√°s cerca somos t√°ctiles. Nos abrazamos hola. Nos abrazamos adios. Nos tomamos de las manos cuando estamos molestos. Nos frotamos las espaldas cuando tenemos miedo. Nos damos palmaditas en los hombros cuando estamos emocionados. Incluso en el aula me hab√≠a comunicado a menudo a trav√©s del tacto. Los apretones de manos cuando cada estudiante ingres√≥ a mi sal√≥n de clase el primer d√≠a. La palmada en la espalda cuando un estudiante rompi√≥ un pasaje dif√≠cil. Los cinco altos cuando un estudiante acert√≥ su final. Los abrazos en la graduaci√≥n.

Sabemos que el tacto es el primer sentido que desarrolla un beb√© en el √ļtero. Tambi√©n sabemos que un toque cari√Īoso puede estimular el crecimiento en los ni√Īos y aliviar una variedad de dificultades f√≠sicas y emocionales en los adultos. Si bien s√© que las necesidades y las zonas de confort difieren de una persona a otra, tambi√©n s√© que m√°s que caras, m√°s que voces, extra√Īo tocar. Quiero abrazar a mi madre para validar el dolor que s√© que siente por sus hijos y nietos ausentes que hasta marzo hab√≠an sido los felices receptores de frecuentes visitas. Quiero darle la mano a nuestro director y maestros para agradecerles por sus esfuerzos herc√ļleos en las √ļltimas semanas. Quiero sostener la mano de mi padre en comuni√≥n mientras me recuerda serenamente que nada dura para siempre. Quiero ver a mis hijos agarrar la mano de su prima Ashley y correr con ella hacia el c√©sped, para verlos acurrucarse con la madre de mi esposo mientras lee Los dragones aman los tacos.

Se ha hablado mucho sobre “cuando esto termine”. ¬ŅNos sentiremos seguros viajando “cuando esto termine”? ¬ŅNos sentiremos seguros enviando a nuestros hijos a la escuela “cuando esto termine”? ¬ŅC√≥mo sabremos “cuando esto termine?” Sobre los temas de viajes y escuelas, honestamente no s√© cu√°ndo me sentir√© seguro. Gran parte de mi perspectiva depender√° de lo que aconsejen los expertos en salud. Sin embargo, s√≠ s√© que mi propia inquietud, mi sensaci√≥n de estar incompleto, terminar√° cuando ya no conf√≠e en las pantallas t√°ctiles y los paneles t√°ctiles y, en su lugar, pueda ofrecer y recibir un toque totalmente humano y sin restricciones.