El día que dejo que mi bebé conduzca el automóvil

El día que dejo que mi bebé conduzca el automóvil

Ayer, vi a mi beb√© caminar por primera vez. Hab√≠a estado navegando por los muebles durante semanas, de vez en cuando solt√°ndose y dej√°ndose caer sobre el fondo del pa√Īal, solo para levantarse y volver a hacerlo. Esta vez, se puso de pie en medio del piso y dio un paso. Luego, otra y otra, controlando al azar sus peque√Īas piernas regordetas, deseando que la movieran por la habitaci√≥n sin ayuda. Ella sonri√≥ cuando aplaud√≠, ese hito grabado en mi memoria y su subconsciente.

Hoy le entregué las llaves de nuestro auto. Ella y yo intercambiamos asientos, y la entrené ajustando los espejos antes de decirle que encienda el motor. Hice un chiste. Ella rió. Sabía que el humor ayudaría a aliviar sus nervios de manejo por primera vez. Se miró en cada espejo tres veces, sobre su hombro dos veces, luego lentamente se apartó de la acera. Ella chilló suavemente de alegría y no pude evitar sonreír, este hito grabado en nuestros dos recuerdos.

Hay 15 a√Īos de hitos entre ayer y hoy. Quince a√Īos de primicias. Quince a√Īos de triunfos y fracasos, victorias y derrotas. He aprendido a reconocer estos fragmentos de tiempo que cambian la vida, aquellos en los que el mundo se detiene por una fracci√≥n de segundo, solo el tiempo suficiente para tomar una foto, formar un recuerdo, cortar uno de los hilos que la conectan conmigo.

Miro las piernas largas y delgadas de mi beb√© mientras presionan el acelerador, y tengo que contener el impulso de gritarle. ¬°Ponga los frenos! ¬°Pare el veh√≠culo inmediatamente! Solo nos movemos 10 millas por hora, pero se siente demasiado r√°pido. ¬ŅC√≥mo podemos estar aqu√≠ ya? No estoy listo para esto.

Cuando comenzamos este viaje juntos, √©ramos extra√Īos. Extra√Īos enamorados, pero extra√Īos no obstante. A solo cinco segundos de mi cuerpo, levant√≥ la cabeza de mi vientre y me mir√≥ directamente a los ojos. Recuerdo estar abrumado con el potencial contenido en su peque√Īo yo. Recuerdo haberme preguntado en ese momento en qui√©n se convertir√≠a, demasiado enamorada y con los ojos estrellados para considerar preguntarse qui√©n yo se convertir√≠a.

Nos hemos conocido bien desde entonces, tan bien que puedo anticipar su reacci√≥n a un autom√≥vil que se aproxima: “No se asuste”, le digo, recordando lo desconcertante que se sinti√≥ la primera vez que me enfrent√© a un autom√≥vil en el otro carril “Tentar√°s a desviarte, pero no puedes. Tienes que confiar en que se quedar√°n en su carril. Tu trabajo es permanecer en el tuyo.

Me doy cuenta de que estoy usando el mismo tono de voz que mi madre cuando me ense√Ī√≥ a conducir: paciente, segura, confiada. Sale de m√≠ autom√°ticamente. Me pregunto si mi madre sinti√≥ esta misma agitaci√≥n interna cuando me dijo que revisara mis espejos o que girara a la derecha en la pr√≥xima se√Īal de alto. La recuerdo agarrando el tablero solo una vez durante nuestras pr√°cticas de manejo. Ahora que estoy en su asiento, estoy seguro de que su instrucci√≥n al estilo Zen fue una actuaci√≥n, una artima√Īa para mantenerme calmado y enfocado detr√°s del volante.

Mi hija asiente y exhala cuando pasa el auto, sus hombros se relajan un poco. Ella conf√≠a en m√≠ para ayudarla a superar esto. Podr√≠a ganar un Oscar con mi comportamiento genial. Para m√≠ es una segunda naturaleza mantenerlo unido y solo desmoronarse por dentro cuando se trata de hitos. Los ni√Īos crecen, por supuesto. Todos lo sabemos. Nos inscribimos cuando los tuvimos. Es parte del trato. Nunca esper√© que fuera tan doloroso, que este lado del auto se sintiera tan complicado.

Como yo a su edad, mi hija no sabe que este hito duele un poco m√°s que los miles que hemos pasado juntos para llegar aqu√≠. Ella no entiende que cuando miro su armaz√≥n del tama√Īo de un adulto en el asiento del conductor, veo a un beb√© con las piernas gorditas estirando la mano para sostenerlo. Ella no tiene forma de conocer la emoci√≥n y el horror de ense√Īar a sus hijos las lecciones que necesitan aprender para que puedan dejarlo.

Ella tiene muchos m√°s hitos por recorrer antes de entender: graduaciones, trabajos, un coraz√≥n roto o dos, matrimonio, los primeros pasos de su propio beb√©. Alg√ļn d√≠a se sentar√° en el asiento del pasajero y se ahogar√° en toda la compleja verdad del amor de una madre. Pero no ahora. En este momento, este hito es suyo.

Cuando se detiene lentamente en una se√Īal de alto, miro el horizonte y me da cuenta de que nuestro viaje juntos est√° llegando a su fin. Puedo ver esa bifurcaci√≥n en el camino, pero todav√≠a no hemos llegado. Entonces hago lo √ļnico que puedo hacer. Trago saliva y sigo hablando con ella durante la lecci√≥n. “Lo est√°s haciendo genial. Ahora ponga el pie en el acelerador y acelere “.

“Sin embargo, no demasiado r√°pido”, agrego suavemente. “Reci√©n estamos comenzando”.