El infierno que es la rutina matutina con los adolescentes

El infierno que es la rutina matutina con los adolescentes

Las ma√Īanas son uno de los momentos m√°s dif√≠ciles para ser padre. Las ma√Īanas con dos adolescentes son comparables al dolor que sufri√≥ Tom Hanks cuando se rompi√≥ el diente abscesado con un pat√≠n de hielo en la pel√≠cula. Desechar.

Tal vez eres una de esas personas alegres y optimistas que disfrutan las ma√Īanas, y de alguna manera tienes a los hijos de Ward y June Cleaver. Si eres ellos, me alegro por ti. De acuerdo, para ser honesto, soy no feliz por ti. Te odio extraordinariamente y tu perfecta rutina de feliz ma√Īana. Mis ma√Īanas no son sol y felicidad; mis ma√Īanas son tormentas de nieve oscuras y nubladas que a menudo me hacen preguntarme por qu√© alguna vez vuelvo a casa del trabajo.

Todas las ma√Īanas, es la misma maldita cosa. Saco mi triste trasero de la cama, me limpio el sue√Īo de los ojos y luego toco las puertas de la habitaci√≥n de dos adolescentes. Todas las ma√Īanas con las mejores intenciones, sonr√≠o alegremente a los dos humanos que una vez llam√© mis preciosos y amados hijos. Los dos ni√Īos que sol√≠an correr a un lado de mi cama con deleite y adoraci√≥n al amanecer son ahora criaturas horribles y feroces de las profundidades del infierno adolescente.

Despertar a un adolescente dormido es similar a despertar a un oso de su sue√Īo invernal. Suena parecido a graznidos y gemidos, a veces acompa√Īados de l√°grimas (tengo una hija adolescente, bastante dicho), debajo de habitaciones desordenadas llenas de ropa. A pesar de mi angustia, cada ma√Īana pongo mi mejor cara de crianza y saludo a las bestias desde la oscuridad, esperando sonrisas angelicales y habitaciones ordenadas. Estoy invariablemente decepcionado (a menos, por supuesto, que sea s√°bado).

Una vez que dejo las profundidades de la angustia adolescente junto con el despertar del Kraken, regreso a mi habitaci√≥n para darme una ducha. Entonces sucede: la pelea, la batalla de golpear la puerta para la ducha, todo lo cual significa que volver√© a compartir mi ducha matutina con la hija pose√≠da por las hormonas que una vez llam√© mi dulce beb√©. A medida que el agua caliente se escurre del tanque, y me quedo de pie apenas al alcance de un chorrito, mi hija decidir√° que su cabello necesita un segundo champ√ļ, porque a qui√©n le importa una mierda la mujer que trabaj√≥ durante 20 horas, luego te empuj√≥ de su vagina, desgarr√°ndola. Tenga la seguridad, no mi adolescente, no mientras est√© en la ducha.

Lavando los restos de acondicionador de mi cabello con agua tibia, mi hija saltar√° y dejar√° charcos de agua a su paso, y la puerta del ba√Īo se abrir√° lo suficiente para que salir de la ducha me permita que mis pezones puedan atravesarlo. Respuesta de vidrio.

El caf√© se convierte en una necesidad en este punto (o asesinar√≠a a estos dos imb√©ciles), as√≠ que bajo las escaleras, una toalla retorcida en mi cabello y mi cuerpo envuelto en mi bata. Golpe√© la cafetera para el zumo de la ma√Īana. Debo a√Īadir que en ning√ļn momento el sonido de los adolescentes ha disminuido desde arriba. En este punto, mi hija ahora se lo est√° sacudiendo a Taylor Swift, y mi hijo est√° gritando: ese ¬°abajo!” Hago mi mejor esfuerzo para ahogar mi vida mientras canto en mi taza de caf√©, “La mejor parte de despertar es Folgers en mi taza”. No funciona

Mientras regreso a mi habitaci√≥n para vestirme y prepararme para el trabajo, escuchar√© el primero de cien “Mam√°, Mam√°, MOMMM! ‚ÄĚQue seguir√° durante los pr√≥ximos 45 minutos, una vez m√°s, porque a qui√©n le importa una mierda lo que est√° haciendo la mujer que te dio a luz.

Mi hijo, el mayor y m√°s d√≥cil, da vueltas como si fuera Bill Murray en D√≠a de la marmota. Es como si se fuera a la cama, y ‚Äč‚Äčsu mente est√° limpia de todos sus recuerdos anteriores. (Honestamente, chico, no, no s√© d√≥nde est√° tu cepillo de dientes, y te apuesto que 2o d√≥lares es donde lo dejaste la √ļltima vez que lo usaste).

Encender mi secador de cabello parece ser la √ļnica forma de evitar el caos de dos adolescentes que se enredan en sus rutinas matutinas, es decir, hasta que la princesa hormonal decide que necesita que la ayude con su cabello, que por cierto, es similar a tratar de trenzar las cerraduras de Medusa. No, repito, no haga, mira a los ojos a una ni√Īa de 13 a√Īos mientras se toca el pelo. Despu√©s de 10 a 15 minutos de perfeccionar la trenza de cuento de pez, hay un grito, l√°grimas y palabras de odio brotan de la boca de mi hija. Su cabeza girar√° lo suficiente como para poner el miedo al demonio en m√≠ mientras se arranca cada trenza laboriosa de su cabeza, exclamando que no es lo que quer√≠a y la hice ver fea. (Ella es un verdadero melocot√≥n, este ni√Īo).

Con menos de 20 minutos hasta que todos tengamos que salir por la puerta, todav√≠a me quedo parado con una bata, pregunt√°ndome por qu√© demonios me arrancaron una tira de mi hijo de 13 a√Īos. Mis hijos bajan las escaleras a la cocina para hacer sus almuerzos. Por cierto, los dos, est√°n completamente vestidos y completamente listos para su d√≠a. Yo, por otro lado, estoy de mal humor, mi caf√© est√° fr√≠o y quiero mudarme.

Los siguientes 10 minutos suelen ser bastante tranquilos: dos adolescentes en una cocina con comida es realmente el √ļnico momento en que hay paz. R√°pidamente, me maquillo y me visto, sabiendo muy bien que el silencio solo durar√° unos minutos m√°s. Solo he escuchado a “Mam√°” 75 veces; me deben al menos 25 m√°s.

Con solo unos pocos minutos para salir, estoy r√°pidamente inundada de formularios escolares que deben firmarse. Adem√°s de eso, hay chaquetas y mochilas perdidas, zapatos que de alguna manera se dejaron en su casillero en la escuela (“¬ŅC√≥mo diablos llegaste a casa sin zapatos?” Es una pregunta que parece que nunca se responde), y no suficiente cafe ¬°para evitar que grite obscenidades a estos dos idiotas adolescentes ego√≠stas!

Cada ma√Īana es una lucha en mi casa, pero no cambiar√≠a nada. Quiero decir, seguro que hemos tratado de ser m√°s organizados, y he trabajado para no gritar (a√ļn trabajando en ello, muy duro), pero siempre volvemos a la locura de la misma ma√Īana. Sin embargo, no importa cu√°n terrible sea cada ma√Īana, al final de mi jornada laboral estoy emocionado de llegar a casa y estar con las dos personas m√°s importantes de este planeta: mis hijos.

Atravesar la puerta después del trabajo es otra historia.