En una neblina privada de sue√Īo, encerr√© a mi hijo de 2 a√Īos en su habitaci√≥n

En una neblina privada de sue√Īo, encerr√© a mi hijo de 2 a√Īos en su habitaci√≥n

Ah√≠ estaba ella. Esa adorable ni√Īa. Alimentado. Ba√Īado Seguro. Caca Vejiga vac√≠a. Todas sus necesidades satisfechas. Llorando. Gritando no obstante. He aqu√≠, la hermosa habitaci√≥n que hab√≠amos decorado con sus cosas favoritas. He aqu√≠, la cama suave y c√≥moda con s√°banas de su elecci√≥n y la peque√Īa monta√Īa de adorados “peluches”. ¬°El pobre y miserable ni√Īo!

En una neblina, llegu√© a su lado y reun√≠ la peque√Īa cantidad de atenci√≥n comprensiva que pude. Le di unas palmaditas en la espalda, murmurando mis murmullos m√°s consoladores, balance√°ndome sobre mis pies mientras trataba de mantenerme despierta mientras sus llantos disminu√≠an.

“Est√° bien, mam√° necesita dormir ahora”, arrastrando las palabras, movi√©ndome hacia la puerta.

Toqué el mango y dudé un momento. La visión de ella saliendo de la cama y apareciendo en mi habitación por quinta vez esa noche me golpeó como una pared de ladrillos. Un despertar más y estaba bastante seguro de que me derretiría como la Bruja Malvada en una piscina. Sin pensar, abrí la cerradura y silenciosamente cerré la puerta detrás de mí.

En el momento en que lo escuch√© ir hacer clic, Me di cuenta de lo que hab√≠a hecho. Hab√≠a encerrado a mi hijo de 2 a√Īos en su habitaci√≥n, desde el exterior.

Al instante estallé en lágrimas inconsolables. Desperté a mi esposo quien, alarmado y confundido, hizo todo lo posible por entender mi llanto mientras intentaba explicar la situación ridícula.

“¬ŅPor qu√© cerraste la puerta?” pregunt√≥.

“¬°Porque soy una persona terrible!” Grit√© mientras me desplomaba dram√°ticamente en el suelo, resignado a ahogarme en un charco de mis propias l√°grimas.

Nos acabábamos de mudar y no teníamos idea de si había una llave para las habitaciones de la casa. Buscamos infructuosamente, de alguna manera logramos verificar por encima de los marcos de las puertas de 7 pies. Todo fue borroso, literalmente, mientras miraba el mundo a través de una cascada de lágrimas.

Mi hija se despert√≥ y, aunque al principio se calm√≥, ley√≥ la desesperaci√≥n en mi voz cuando intent√© guiarla abriendo la puerta de su lado. Su cerebro de 2 a√Īos luchaba por comprender, y sus peque√Īos dedos no pod√≠an ejecutar las complicadas maniobras que suger√≠.

“Mami, no puedo”, dijo. “Abre la puerta.”

Me puse a sollozar. El sollozo le dijo que no podía abrir la puerta. Entonces ella irrumpió en la suya. Ambos nos sentamos, una puerta delgada y hueca entre nosotros, llorando a gritos. Separados por 2 pulgadas, nos sentimos irremediablemente solos en el mundo. Soy la peor madre de todas, me dije una y otra vez, sabiendo muy bien que era irracional, pero que me encantaba arrastrarme.

Despu√©s de todo, estaba tratando de ense√Īarle a mi hija a dormir en su propia habitaci√≥n, y ahora la hab√≠a encerrado en ella. Estaba convencido de que esto Siempre traumatizarla, fusionando un camino en su cerebro que equival√≠a a dormir en su habitaci√≥n con su madre abandon√°ndola. ¬ŅQu√© tipo de psicoterapia costosa necesitar√≠a como adulta para corregir este error? Crecer√≠a decidida a ser “nada como su madre”, abriendo el mundo entero, quitando puertas donde quiera que fuera como un extra√Īo Johnny Appleseed.

Una hora m√°s tarde, a las 4 de la ma√Īana, despu√©s de que mi padre condujera a nuestra casa con sus herramientas, despu√©s de muchos intentos fallidos de abrir la cerradura, despu√©s de mucha especulaci√≥n sobre c√≥mo abrir la puerta (incluso derribarla, quitarla de las bisagras y golpeando con un martillo el mango), despu√©s de que mi hija se hubiera quedado dormida en su cama hace mucho tiempo, despu√©s de que mi esposo forz√≥ la manija de la puerta y – pop –se abrio. La puerta se abri√≥ y la pesadilla termin√≥.

Ella estaba durmiendo contenta como un √°ngel en su habitaci√≥n perfectamente decorada, con sus “peluches” a su alrededor, charcos de baba en su nueva funda de almohada. Incluso se las arregl√≥ para ir al ba√Īo en el inodoro durante toda la debacle, sola.

Nos felicitamos el uno al otro. No puedo recordar lo que dijimos. Pero probablemente fue algo como: “Buen trabajo, sobreviviste esta noche”.

Todos volvimos a nuestras camas y, mientras recostaba la cabeza sobre la almohada, dije: “Alg√ļn d√≠a esta ser√° una historia graciosa. solo que no hoy. “

Bueno, tal vez hoy sea ese d√≠a. Mira, no es mi historia de crianza favorita por razones obvias. Casi fracas√© en la parte de “crianza” de la historia. Fue realmente un fiasco bastante notable. Pero fue real. Fui yo. Humano, me cans√≥. No era yo quien pensaba. Confundirme Me ha fallado Me empujaron al l√≠mite. Ya no puedo ser fuerte. Llorando en la alfombra yo. Llama a mi pap√°, ya no s√© qu√© hacer.