Estoy celebrando el hito de mi hijo “Primero”, pero tambiĂ©n estoy de luto por “lo Ășltimo”

Estoy celebrando el hito de mi hijo

Parece que fue ayer cuando estaba celebrando el hito de tu primera sonrisa. Después de ingresar a este mundo como un rayo, se sintió como si apenas hubieras dormido durante esas primeras semanas preciosas de tu vida. Cuando estabas despierto, llorabas: era un caso de cólico que nadie entendía del todo. No sabía cómo hacerte feliz: los dos eståbamos colgados de un hilo en el modo de supervivencia. Justo cuando estaba listo para deshacerme por completo, un día, sonreíste. Mi corazón explotó. Fue tu primera sonrisa, y valió la pena todas las semanas de agotamiento y frustración.

Celebramos muchas mås novedades. Tu primera vez rodando. Tu primera vez sentado. Tus primeros dientes. Tus primeros alimentos sólidos. Tu primera vez arrastråndote. Tus primeros pasos Tu primera vez corriendo. Tu primera vez usando el baño.

Solo recientemente me di cuenta de que celebrar los primeros, a menudo significa que son seguidos por los Ășltimos. No quiero perderme mĂĄs, pero la realidad es que nadie sabe cuĂĄndo es la Ășltima vez que haremos algo juntos. Perder las hormas es una inevitabilidad dolorosa.

La primera vez que gateĂł, tambiĂ©n significaba que no querĂ­a que lo abrazaran tanto. Su personalidad ardiente, exigente de independencia, querĂ­a explorar, a toda velocidad, podrĂ­a agregar. Recuerdo esos meses difĂ­ciles, con cĂłlico, de abrazarlo, rebotarlo, usarlo en una envoltura de bebĂ©: estos recuerdos a menudo se ven borrosos al llorar hasta quedarme dormida por el agotamiento. Mantenerlo a travĂ©s de esto se hizo por una cantidad infinita de amor, pero tambiĂ©n por el modo de supervivencia y la necesidad. No podrĂ­a humillarte, ni siquiera por un minuto, sin un ataque de gritos. No pude tomar un descanso. Me anhelaba cinco minutos para mĂ­. Entonces, un dĂ­a, sin que lo supiera, era la Ășltima vez que te llevaba en una envoltura de bebĂ©. Mi Ășltima vez rebotando hasta que dejaste de gritar. La Ășltima vez que te proporcionĂ© la comodidad que necesitabas cuando ambos Ă©ramos tan vulnerables.

Tal vez si supiera que es la Ășltima vez que te llevo en una envoltura de bebĂ©, lo hubiera saboreado mĂĄs, incluso si no hubiera dormido mĂĄs de una hora la noche anterior. Incluso si no hubiera sido por pura supervivencia, tal vez si supiera que fue la Ășltima vez, me habrĂ­a empapado en ese dulce olor a cabello y te habrĂ­a abrazado un poco mĂĄs.

Pero, no podemos predecir las duraciones.

No eres mi primer bebĂ©, pero eres el Ășltimo. Quiero aferrarme a estos preciosos momentos el mayor tiempo posible. Lloro al experimentar la dicotomĂ­a de tus hitos: tu creciente independencia fomenta algo de la libertad que tanto ansiaba, pero al mismo tiempo me deja con el vacĂ­o que me necesitas cada vez menos.

Recientemente, sus hitos han estado llegando ferozmente. En el Ășltimo mes, hiciste lo impensable y el baño te entrenaste. Casi sin previo aviso, y mĂĄs rĂĄpido de lo esperado, lo hiciste. En algĂșn lugar del Ășltimo mes, esto significa que cambiĂ© tu Ășltimo pañal. DeberĂ­a estar celebrando este hito mĂĄs. En cierto modo, estoy celebrando. Estoy tan orgulloso de ti.

Pero, si supiera que cambiarĂ­a su Ășltimo pañal en algĂșn momento del mes pasado, me habrĂ­a reducido la velocidad para disfrutar de lo mucho que siempre tratĂł de ayudarme, a pesar de sus sacudidas y patadas, siempre tratĂł de cooperar cuando fue cambiar la mesa hora. Ahora, todo lo que puedo pensar es que el hecho de que ya no uses pañales significa que ya no eres un bebĂ©. Ni siquiera eres un niño pequeño. Eres un niño pequeño y el tiempo pasa demasiado rĂĄpido.

Y ahora que ya no llevas un pañal a la cama, a pesar del hecho de que has estado saliendo de tu cuna durante meses, finalmente te pusimos en tu cama para niños pequeños. Tu padre decidiĂł por capricho armar la cama. Claro, habĂ­amos hablado de eso, pero un dĂ­a lo acabamos de hacer. Celebramos esto primero con su favorito: las hojas de Paw Patrol. Estaba tan feliz con su nueva cama que estaba temblando. QuerĂ­as dormir a las 4 p.m. en tu nueva cama Big Boy. Estoy tan orgulloso de ti. Pero si hubiera sabido que la noche anterior fue la Ășltima vez que te puse a dormir en tu cuna, te habrĂ­a abrazado por mĂĄs tiempo. Hubiera detenido el tiempo para reflexionar sobre estos Ășltimos dos años y medio de acostar a mi bebĂ©.

Tenemos un ritual mĂĄs que no estoy listo para dejar. Cada noche, nos sentamos en la mecedora. Ahora eres casi demasiado grande para mi regazo, pero eso no te detiene. Nos abrazamos, nos balanceamos, susurramos y nos acurrucamos. Tu hermana no me necesitaba en la mecedora cuando tenĂ­a un año. Pero tĂș, mi enĂ©rgico y salvaje chico. Usted intuitivamente sabe que los abrazos y los abrazos a la hora de acostarse ayudan a domar su espĂ­ritu salvaje. Una noche, casi entraste a tu nueva cama de Paw Patrol sin los abrazos. Lo hubiera entendido Hubiera aceptado este nuevo hito de tu independencia. Pero en el fondo, no estoy listo para que nuestro balanceo nocturno sea el Ășltimo.

Todas las noches te meneo, y ÂżquĂ© pasa si esta es la Ășltima vez que te meneo antes de dormir? ÂżQuĂ© pasa si no me necesitas tanto mañana como hoy?

No quiero perderme ningĂșn futuro, pero la realidad es que lo harĂ©. Porque cada Ășltimo es tambiĂ©n una celebraciĂłn de un primero. Quiero que sepas que cuando llegue ese dĂ­a, que ya no necesites que te toque antes de acostarte, lo entenderĂ©. DirĂ© buenas noches, cerrarĂ© la puerta de tu habitaciĂłn y llorarĂ©, pero lo entenderĂ©. Esto no se trata de mĂ­. Se trata de celebrarlo, sus primeros, su independencia y sus logros. Pero, hasta que sea la Ășltima vez que nos acurruquemos antes de acostarme, lo saborearĂ© siempre.