Fui juzgado implacablemente por “llevar un beb√©” a mi hijo con necesidades especiales

Fui juzgado implacablemente por

“Wow”, me dec√≠a otra mujer mayor mientras estaba de compras con mis tres hijos, de cuatro a√Īos o menos. “Tienes las manos llenas”. Estaba tan acostumbrado a escuchar esto, y simplemente sonre√≠a y asent√≠a en respuesta. Ciertamente no fue f√°cil tratar de tachar cada art√≠culo de mi lista de compras con tres ni√Īos peque√Īos a cuestas, pero lo hicimos de todos modos por necesidad.

Cuando uno de mis hijos creci√≥, se hizo evidente que algo estaba sucediendo. Hubo los berrinches √©picos que surgieron de la nada, la necesidad de tocar absolutamente cualquier cosa y a todos, y los constantes choques y ca√≠das a prop√≥sito. Hacer mandados o incluso ir a una cita de juegos se estaba volviendo cada vez m√°s dif√≠cil y miserable para todos nosotros. Un d√≠a, desesperado, decid√≠ pedir un portabeb√©s y comenc√© a usar a mi hijo tanto como pude. No anticip√© que elegir usar a mi ni√Īo con necesidades especiales resultar√≠a en un gran juicio.

Ahora, no soy el tipo de madre que pide aprobaci√≥n o permiso de nadie. No hubiera cambiado nada. Llevar un beb√© a mi hijo fue absolutamente lo mejor para ellos y para m√≠, ayudar a calmar a mi hijo y proporcionar la informaci√≥n sensorial necesaria. No ten√≠a que preocuparme de que el TDAH de mi hijo los llevara a correr impulsivamente (por la puerta y hacia un estacionamiento). Pero a pesar de mi actitud de mam√°, no juegues con la ignorancia, el juicio se hizo muy viejo, muy r√°pido. Los “consejos” no solicitados de todos los Karens me pusieron de los nervios.

Por ejemplo, un día había programado una cita de laboratorio de rutina para mí. Dos de mis hijos estaban en la escuela, lo que significa que afortunadamente solo tenía un hijo a cuestas. Tan pronto como llegamos al estacionamiento, procedí a seguir mi rutina: amarrar a mi transportista y luego maniobrar a mi hijo en él. Estábamos contentos y cómodos, entrando en el edificio.

mujer abrazando a su hija Tim Macpherson / Getty

Me registr√© sin problemas y esper√© mi turno, de pie frente a una pared de ventanas balance√°ndose, como lo hac√≠a a menudo, para mantener a mi hijo tranquilo. Cuando la t√©cnica del laboratorio me devolvi√≥ la llamada, ella me mir√≥ de arriba abajo. Tan pronto como me sent√© en la silla del laboratorio, ella decidi√≥ dar su veredicto sobre nuestra elecci√≥n de usar ropa de beb√©. Su primer partido: “¬ŅNo puede caminar su hijo?”

Estaba horrorizado. Primero, porque ¬Ņy si mi hijo no pudo ¬Ņcaminar? En segundo lugar, ella era tan poco profesional y ofensiva. Cuando no respond√≠, ella dijo: “No puedes llevarlos para siempre”. (¬ŅMi conjetura? Ella fue una de esas madres-shamers que tambi√©n juzga cu√°nto tiempo amamanta una mujer, o no duerme, o co-duerme, o educa a su hijo. Suspiro).

Lanz√≥ algunas excavaciones m√°s para ni√Īos mientras preparaba tubos, una toallita con alcohol y una aguja. La mir√© y con calma respond√≠: ‚ÄúMi hijo tiene necesidades especiales, y mantenerlos en un portabeb√© es la opci√≥n m√°s segura. Adem√°s, estamos en un laboratorio. Este no es exactamente el mejor lugar para que un ni√Īo se arrastre por el piso y toque objetos “. Ella frunci√≥ los labios y no respondi√≥. ¬ŅQu√© m√°s podr√≠a decir ella sin parecer a√ļn m√°s idiota?

Cuando hac√≠amos mandados, como visitar la biblioteca o ir a la farmacia, mi hijo estaba atado a la espalda, jugando con mi cabello, mirando a su alrededor o cantando alegremente. Estar√≠amos perfectamente contentos, ocup√°ndonos de los negocios, cuando otra mujer se nos acercara para preguntarnos con un gru√Īido: “¬ŅCu√°ntos a√Īos tiene su hijo?” Seguido se√Īalando al transportista y diciendo: ‚ÄúEso me lastimar√≠a la espalda. ¬ŅNo te da dolor de espalda? ” No hubo presentaciones, ni conversaciones amistosas para padres. A menudo escuchaba, “¬ŅCu√°nto pesa su hijo?”, Como si yo declarando el peso de mi hijo llevara a una revelaci√≥n de que ya no deber√≠a molestarme en mantenerlos felices y seguros.

Despu√©s de que esto sucedi√≥ en numerosas ocasiones, tuve una respuesta ensayada. Sonre√≠a y dec√≠a: “No, esto no me duele la espalda. ¬°Mira lo feliz que est√° mi hijo! Luego me volv√≠a hacia mis hijos y les dec√≠a: “¬°Vamos!” y alejarse de quien estaba tratando de provocarnos con su incomodidad y “experiencia” en la crianza de los hijos. No me decepcion√≥ entretener su ignorancia, y dejarlos en el polvo fue una respuesta efectiva.

No hay nada de malo en ser curioso y buscar educaci√≥n sobre un tema. Lo que no est√° bien es interrogar a una madre y a su hijo con el √ļnico prop√≥sito de hacer llover el juicio sobre sus elecciones. Por cierto, el ni√Īo puede escuchar todas las tonter√≠as de la mujer adulta. La falta de respeto por mi elecci√≥n parental era molesta, pero el disgusto directo hacia mi hijo, un ni√Īo que todav√≠a estaba en pa√Īales, era espantoso. Lo que m√°s me molest√≥ es que mi hijo estaba recibiendo mensajes negativos de adultos sobre el uso del beb√©, a pesar de que el uso del beb√© era el resultado de cosas que mi hijo no pod√≠a evitar.

Por supuesto, no ofrec√≠ el historial m√©dico de mi hijo a cada investigador grosero. Las razones por las que eleg√≠ usar ropa de beb√© para mi hijo no estaban en debate. Aunque a veces, ten√≠a muchas ganas de decirle a la mujer grosera lo que estaba pasando y luego verla retorcerse de verg√ľenza. De lo que me he dado cuenta, despu√©s de muchos a√Īos de crianza, es que muchas necesidades especiales son invisibles y hacen que el ni√Īo sea vulnerable a las suposiciones de extra√Īos. FYI: muchos ni√Īos no superan sus necesidades solo por su tama√Īo o edad.

Incluso si una mam√° tiene un hijo sin necesidades especiales, pero el uso del beb√© es su mermelada, ¬Ņy qu√©? El uso del beb√© tiene muchos beneficios, incluido el hecho de que el padre tenga las manos libres, que el ni√Īo est√© emocionalmente cerca del padre y la seguridad en situaciones en las que el ni√Īo no puede deambular libremente. Si un padre decide no usar a su hijo, eso tambi√©n es genial. Lo que sea que flote en cada uno de nuestros barcos es lo que es correcto para nuestra familia.

El hecho de que no comprendamos las elecciones de otra persona, no hace que esas elecciones sean incorrectas. La Regla de Oro debe promulgarse cuando se trata de usar beb√©s, correas para ni√Īos o cochecitos, y en todas las decisiones de crianza. Porque ser mam√° o pap√° es bastante dif√≠cil sin que Karen inserte sus dos centavos.