Fui muy juicioso sobre el parto en casa, hasta que accidentalmente tuve uno

Fui muy juicioso sobre el parto en casa, hasta que accidentalmente tuve uno
madre sosteniendo recién nacido por una ventana

Foto: Shea Long, Fotografía de estilos de vida costeros.

Sin embargo, las contracciones comenzaron a las 5 am, cuando me estaba preparando para hacer mi segmento de cinco minutos como experto en belleza, no me di cuenta de que eran contracciones. Supuse que era indigestión o tal vez Braxton Hicks. Estaba seguro de una cosa: no podían ser contracciones porque mi agua no se había rotoy, además, todavía estaba a una semana de mi fecha de vencimiento. ¡Todos saben que los primeros bebés siempre llegan tarde! En mi mente, todavía tenía tres semanas para hacer todas las cosas importantes de la futura madre, como hacerme una pedicura y empacar mi bolsa de hospital.

A pesar de eligiendo ir a la ruta de la comadrona en lugar de usar un obstetra / ginec√≥logo, estaba planeando tener un parto en el hospital. Alg√ļn tiempo despu√©s de quedar embarazada, mientras investigaba las diversas opciones, partera u obstetra / ginec√≥logo, me encontr√© con el esp√≠ritu de la partera de que es la madre la que da a luz a su beb√©, no nadie m√°s. Apreci√© el feminismo que sustentaba la teor√≠a, pero sab√≠a que no era para m√≠. Soy escritor: mi √°rea de especializaci√≥n es saber c√≥mo arreglar un modificador colgante, no c√≥mo sacar a un beb√© de mi vagina. Es mejor dejar esa tarea a los profesionales, a quienes siempre hab√≠a esperado encontrar en un hospital.

Que es lo que dije firmemente en todos mis clases prenatales, cada vez que damos la vuelta al c√≠rculo, diciendo nuestros nombres, qu√© tan avanzado est√°bamos y c√≥mo nos est√°bamos preparando para el nacimiento. “¬°Hospital! ¬°Hospital! ¬°Hospital!” Cantar√≠a como una porrista entusiasta. Era tan cr√≠tico, y tampoco estaba callado al respecto. ‚ÄúNo tengo idea de por qu√© alguien elegir√≠a tener a su beb√© en casa. ¬°Es 2014! ¬°Por eso los hospitales tienen salas de maternidad! ¬°Se llama medicina moderna por una raz√≥n! Obviamente, hice muchos amigos de por vida en mis clases prenatales.

Pero la verdad es que hab√≠a una raz√≥n m√°s profunda por la que quer√≠a un parto en el hospital, que me guard√© para m√≠: Tendr√≠a 38 a√Īos cuando lleg√≥ el beb√©. Y aunque el embarazo se desarroll√≥ sin problemas, me preocupaba que mi suerte se agotara, que surgieran complicaciones durante el parto, lo que nos pondr√≠a en riesgo a mi beb√© y a m√≠. Mi fecha de vencimiento era en febrero, y no quer√≠a preocuparme de que la nieve y el tr√°fico complicaran las cosas si tuvi√©ramos que llegar repentinamente al hospital.

bebé recién nacido abrazado por madre
Mi primer nacimiento fue tan rápido que supe que quería tener mi segundo bebé en casa.El plan era que cuando comenzaron las contracciones, las parteras vendrían a mi casa, controlarían la situación de mi vagina y mi presión arterial y cualquier otra cosa que tuvieran que hacer, y luego, cuando llegara el momento de ir al hospital, mi esposo y yo íbamos allí.

Y durante las primeras horas, todo sali√≥ seg√ļn lo planeado. De alguna manera respir√© a trav√©s de las contracciones el tiempo suficiente para pasar por mi segmento en vivo, conduje a mi casa desde la estaci√≥n de televisi√≥n y me met√≠ en la cama, gritando a mi esposo en nuestra oficina que estaba bastante segura de que ten√≠a contracciones. Los cronometr√≥ con cinco minutos de diferencia y, al igual que el programa de televisi√≥n, llam√≥ a la partera.

Mi partera, Nimerta, lleg√≥ pronto y me cuid√≥ muy bien, revisando cada hora m√°s o menos a medida que el dolor empeoraba. Me mov√≠ de un lado a otro de la cama a la ba√Īera, Nimerta me sigui√≥ para asegurarme de que el beb√© y yo est√°bamos bien. Cuando ten√≠a tanto dolor que ya no pod√≠a leer la novela de Jojo Moyes en la que estaba totalmente absorto, mi esposo se sent√≥ al lado de la ba√Īera y me la ley√≥. Es uno de mis recuerdos favoritos de nuestra relaci√≥n.

Poco después de la medianoche, mientras estaba enterrado debajo de las mantas en mi cama, tratando de ponerse cómodo entre contracciones, Nimerta dijo que deberíamos prepararnos para irnos al hospital. Había estado teniendo contracciones durante más de 18 horas en este momento. Yo estaba agotado. Así que me animé: necesitaba levantarme de la cama, bajar por el pasillo y bajar las escaleras, ponerme las botas y el abrigo, y subirme al auto antes de que llegara la próxima contracción. Tenía unos tres minutos. Yo podría hacerlo.

Pero cada paso que tomé fue doloroso. La casa era cálida y acogedora. Sabía que hacía mucho frío afuera, y aunque el viaje al hospital tomaría solo 10 minutos, me pareció insuperable.

Siempre hab√≠a sido inflexible: no quer√≠a dar a luz en casa. Ahora, a medianoche, a mediados de invierno, cambi√© de opini√≥n. La idea de registrarse en un hospital fr√≠o y est√©ril en medio de la noche, el viaje en ascensor, la habitaci√≥n del hospital, la cama dura, todo parec√≠a terrible. Era lo opuesto a donde quer√≠a estar cuando conoc√≠ a mi beb√©. El viejo yo habr√≠a pasado y habr√≠a ido al hospital de todos modos. Porque, ¬Ņqu√© pensar√≠an todos?

De repente, por primera vez en mi vida, lo que otros pensaban no importaba. Mirando hacia atrás, creo que ese fue el momento en que comencé a pensar como una madre. Había una fuerza dentro de mí, una convicción de que tenía que tomar la mejor decisión para mí y para mi bebé.

“No quiero ir”, susurr√©, lo suficientemente fuerte como para que todos lo oyeran. “Yo no voy. Quiero tener el bebe aqui. “

“Est√° bien”, dijo Nimerta. “¬ŅTienes tu kit de parto en casa?”

Por supuesto que no ten√≠a mi kit de parto en casa. Estaba teniendo un parto en el hospital, ¬Ņrecuerdas? No ten√≠a idea de qu√© era un kit de parto en casa.

“Est√° bien”, dijo Nimerta. Ella recit√≥ los art√≠culos que √≠bamos a necesitar. Una cortina de ba√Īo para proteger nuestro colch√≥n. Un mont√≥n de toallas.

Mi esposo corri√≥ por la casa cuando regres√© a la ba√Īera por en√©sima vez. “No cortina de ducha!” I grit√©. ‚Äú¬°Lo orden√© especialmente! ¬°Tomar√° semanas reemplazarlo! Y, “¬°No toallas de playa! ¬°Son demasiado amables!

Volvió a poner la cortina de la ducha. Volvió a poner las bonitas toallas.

Pronto la habitación estuvo lista y regresé a nuestra cama. Pensé que las cosas saldrían bien entonces, ahora que había tomado la decisión de dar a luz en casa. Pero durante las siguientes horas, mis contracciones comenzaron a separarse más. A través de los susurros de las parteras, me di cuenta de que si el bebé no emergía pronto, nos veríamos obligados a ir al hospital de todos modos, y si eso sucedía, había una buena probabilidad de que necesitara una cesárea.

De ninguna manera, pens√©. No hab√≠a forma de que despu√©s de 22 horas de trabajo, Me rend√≠a o dejaba que alguien m√°s diera a luz a mi beb√©. Depende de m√≠ ahora. Y entonces Empuj√© m√°s fuerte‚ÄĒA trav√©s del dolor. Y finalmente, a las 3:30 a.m., entregu√© a mi beb√©. Yo mismo.

Mientras me recostaba en mi cama, acunando a Fitz en las primeras horas de la ma√Īana, madre por primera vez, pens√© en c√≥mo siempre asum√≠ que la maternidad significaba hacer planes y apegarme a ellos. Pero realmente, el mejor resultado de todos hab√≠a sucedido inesperadamente, despu√©s de que arroj√© mis planes por la ventana y dej√© que mis instintos se hicieran cargo. Resulta que estar preparado y luego ser flexible es el boleto de oro para la crianza de los hijos, y mi beb√© comenz√≥ a ense√Īarme esa lecci√≥n incluso antes de que hiciera su gran debut.

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