Fui un cuidador de mi mamá, pero nunca le pediré a mi hijo que haga lo mismo

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Ella pidi√≥ una servilleta para limpiar la salsa de espagueti de su boca, pero todo lo que ten√≠a era un pa√Īuelo, as√≠ que le entregu√© eso. Se limpi√≥ torpemente los labios y las mejillas, le faltaron algunos puntos, y me lo devolvi√≥. A estas alturas apenas com√≠a: estaba tan delgada y d√©bil, con analg√©sicos, y hab√≠a perdido inter√©s en la comida. Me alegr√≥ complacer cuando me sorprendi√≥ al pedirme una cena de espagueti. Ella solo comi√≥ una docena de hebras de fideos, pero era algo y lo disfrut√≥.

Recuerdos de la batalla de mi madre con el c√°ncer de ovario se me acercan sigilosamente, a veces de la nada, pero m√°s a menudo cuando estoy en las trincheras de la vida cotidiana con mi hijo de 11 a√Īos. Mientras doblo sus camisetas con temas de videojuegos y clasifico sus interminables calcetines, a veces lo imagino en mi lugar, con una familia propia, preocupado por c√≥mo me cuidar√° si lo necesito.

Pienso en c√≥mo viaj√© a la casa de mis padres despu√©s de un d√≠a completo de trabajo al menos tres d√≠as a la semana (y los fines de semana) para brindarle a mi pobre padre algunas horas de alivio. Despu√©s de cuidar a mi madre durante m√°s de dos a√Īos, su piel estaba p√°lida y su sonrisa brillante habitual se hab√≠a atenuado. Incluso su postura era notablemente diferente; la gravedad de ser el cuidador a tiempo completo de mi madre hab√≠a pesado su cuerpo, mente y lo m√°s importante su coraz√≥n.

En este punto, mi madre depend√≠a de mi padre, mi hermano y yo para ayudarla a vestirse, ba√Īarse, comer y levantarse y levantarse de la cama. Mis padres no ten√≠an ning√ļn seguro privado para cubrir tales servicios, por lo que todos colaboramos. Hace mucho tiempo que mi hermano y yo abandonamos el nido y est√°bamos viviendo nuestras propias vidas de adultos en diferentes ciudades. Afortunadamente, todav√≠a est√°bamos lo suficientemente cerca como para ayudar a aliviar la carga de mi padre y estar all√≠ para nuestra madre cuando su larga batalla contra el c√°ncer de ovario comenz√≥ a entrar en su cap√≠tulo final.

Mi padre fue due√Īo de su propio negocio de impresi√≥n durante m√°s de cuatro d√©cadas. Cuando mi mam√° se enferm√≥ por primera vez, todav√≠a trabajaba a tiempo completo. A medida que su condici√≥n empeor√≥ en el transcurso de dos a√Īos y √©l luch√≥ por equilibrar sus necesidades, tom√≥ la dif√≠cil decisi√≥n de vender su negocio y trabajar para los compradores a tiempo parcial. Finalmente, se vio obligado a dejar de trabajar por completo.

El golpe financiero que sufrieron mis padres durante este per√≠odo no fue tan da√Īino como el costo mental y emocional que le caus√≥ a mi padre. Era un tipo muy extrovertido y el trabajo era uno de sus medios sociales habituales. Cuando dej√≥ eso y estaba en casa con mi madre a tiempo completo, en gran parte dej√≥ de ser √©l mismo. Mi mam√° no quer√≠a que la gente supiera que estaba enferma, as√≠ que eso significaba que mi pap√° no ten√≠a apoyo fuera de nuestra familia inmediata. En cuanto a m√≠ y a mi hermano, luchamos por equilibrar el cuidado de mi madre con trabajos y relaciones a tiempo completo, mientras manej√°bamos el estr√©s, la tristeza y la culpa que a menudo conlleva tener un ser querido con una enfermedad cr√≥nica para la cual no hay arreglo f√°cil

Mi historia no es √ļnica. Seg√ļn el Instituto de Pol√≠ticas P√ļblicas de AARP, cuidar a un ser querido es una realidad para m√°s de 40 millones de estadounidenses que brindan un valor estimado de $ 470 mil millones al a√Īo en servicios de cuidado no remunerados. Muchas de estas personas tambi√©n caen en la “generaci√≥n de s√°ndwiches” y se ven presionadas entre el cuidado de sus padres y sus hijos en el hogar. De hecho, una encuesta reciente de T. Rowe Price descubri√≥ que el 35 por ciento de los padres con ni√Īos de 8 a 14 a√Īos tambi√©n est√°n cuidando a un familiar anciano. Imagine tener que garantizar la atenci√≥n las 24 horas para un ser querido mientras trabaja y mantiene todas sus tareas habituales de crianza. Es mucho esperar de cualquiera.

Si bien poder brindar atenci√≥n es de alguna manera una bendici√≥n y la mayor√≠a est√° feliz de hacerlo, no es f√°cil. La carga f√≠sica y emocional del cuidado es algo obvio, pero tambi√©n tiene un impacto financiero. Seg√ļn el mismo estudio de AARP, los cuidadores familiares mayores de 50 a√Īos que dejan la fuerza laboral para cuidar a un padre incurren en ingresos promedio y p√©rdidas de beneficios de m√°s de $ 300,000.

Al reflexionar sobre mis propias experiencias con el cuidado familiar, me estremezco al pensar que mi hijo estar√° en mi lugar alg√ļn d√≠a. Si bien s√© que voluntariamente har√≠a lo que sea necesario para su querida madre, no es una responsabilidad que quiera que √©l tenga, especialmente no solo. Prefiero que tenga el lujo de poder administrar mi atenci√≥n en lugar de tener que proporcionarla √©l mismo.

Soy afortunado de trabajar para una empresa que me ha ense√Īado el valor de crear un plan y me ha expuesto a las muchas opciones que existen para ayudar a facilitar un poco el cuidado de quienes lo proporcionan. Aprend√≠ que planificar con anticipaci√≥n y evaluar opciones para cubrir parte del costo de la atenci√≥n futura no solo puede aliviar la carga de los miembros de la familia, sino que tambi√©n ayuda a proteger los ahorros para la jubilaci√≥n al proporcionar una fuente dedicada de fondos para cubrir los costos de la atenci√≥n. Tambi√©n s√© que pensar y planear estas cosas ahora, mientras soy joven y saludable, me dar√° a m√≠ y a mi familia m√°s opciones a un costo menor que si lo posponemos y esperamos que nunca tengamos que lidiar con eso.

Si hubo alguna bendici√≥n en la experiencia de cuidado de mi familia, fue que mi madre pudo pasar sus √ļltimos d√≠as en el lugar donde se sent√≠a m√°s c√≥moda: en casa. No lo sab√≠a en ese momento, pero esa noche que le serv√≠ sus espaguetis fue la √ļltima noche que la vi con vida. Cuando sal√≠ de la habitaci√≥n de mis padres al final de esa visita, mi madre me dijo algo que he llevado conmigo desde entonces. Su √ļltimo regalo para m√≠ fue compartir su filosof√≠a y una indicaci√≥n de su fe a pesar de saber que ten√≠a muy poco tiempo. Ella dijo: “Meredith, levanta los pies y no te preocupes por nada. Te quiero.” Yo tambi√©n te amo mam√°. Tanto.