La batalla por el boob: por qué nos estamos enfriando Turquía

La batalla por el boob: por qué nos estamos enfriando Turquía

Hora la revista tuvo una vez una portada controvertida que mostraba a una madre amamantando lo que parecĂ­a un niño de 5 años bajo un titular que decĂ­a: “ÂżEres lo suficientemente mamá?” Recuerdo mirarlo y pensar: Whoa! ÂżQuiĂ©n cuidarĂ­a a su hijo tanto tiempo?

La lactancia materna fue un columpio y una falta con mi primer hijo. A pesar de todos los esfuerzos que hice, simplemente no funcionó. Me sentí culpable por eso y juré que con mi próximo hijo, venga el infierno o el apogeo, encontraría la manera de hacer que la enfermería funcione. Aparentemente, el universo escuchó ese voto y casi tres años después de que mi segundo hijo descubriera cómo prenderse, estoy tratando desesperadamente de destetarme.

Y quiero decir desesperado.

Las primeras semanas de lactancia fueron gloriosas. Después de abrirme camino a través del dolor de romperme los pezones, descubrí que la enfermería es esta experiencia celestial que encapsula cada sueño de gasa que tengo sobre la maternidad. Cuidé con orgullo. Me negué a encubrirme en público. Bebí té con leche de madre, comí col rizada, hice yoga y mantuve poco estrés, todo en un esfuerzo por mantener mi fábrica de leche funcionando sin problemas.

Cuando mi hijo aumentĂł de peso y parecĂ­a prosperar, mi pediatra me preguntĂł si habĂ­a pensado en introducir un biberĂłn. “No yo dije. “ÂżQuĂ© pasa si hay confusiĂłn en los pezones?” ÂżQuĂ© pasarĂ­a si mi hijo dejara de amamantar y yo fallara por segunda vez? El pediatra hizo algunos grandes comentarios, calmĂł mis temores y me fui a comprar algunos biberones y nuevas lĂ­neas para el extractor de leche que estuvo en un armario durante los Ăşltimos cuatro años.

Durante los siguientes meses, intenté que mi hijo tomara una botella sin éxito. Intenté hacer un juego usando un chupete. No hay trato. Probé esas lindas mantas de pies cuadrados con el borde satinado y la adorable cabeza de animal en el centro. No esta pasando. Probé con mi dedo. Probé leche tibia en una taza. Traté de hablar siendo un niño grande. Nada funcionó. Este niño solo quería tetas.

Mi hijo felizmente comería cuencos de avena, plátanos o aguacates rotos, y hummus por la carga del cubo, y él bebería tazas de leche o agua. Pero aún insistía en amamantar.

Cuando cumplió 18 meses, me dije que era una gran época para destetar. Lo daría todo y descubriríamos el destete juntos. Pero mientras más tácticas intentaba para destetar a mi hijo, más duro trabajaba mi hijo para duplicar la lactancia.

Estaba jodido

En una noche particularmente difĂ­cil despuĂ©s de que mi hijo habĂ­a cumplido 2 años y estaba en medio de una horrible ronda de denticiĂłn, mi esposo dijo: “ÂżSabes que eres un binky andante, verdad?” Y fue entonces cuando me di cuenta de que toda esta negativa a terminar con la enfermerĂ­a tenĂ­a mucho sentido. Mi pobre hijo tenĂ­a un apego emocional, no un apego nutricional.

SerĂ­a como si alguien me pidiera que nunca volviera a comer carbohidratos. Lo tengo. EntendĂ­. Me sentĂ­ como un gordo gordo, pero tambiĂ©n sentĂ­ que realmente solo querĂ­a dejar de amamantar. Pronto llegĂł un punto en que, durante la lactancia, sentĂ­a que mi piel se erizaba. Cada parte de mĂ­ querĂ­a decir: “Amigo, tenemos que hablar …”

Entonces recurrí a mis amigas para pedir ayuda. Pedí consejo sobre cómo romper el vínculo entre mi hijo y mi pecho. En este punto, mis senos se habían convertido en nada más que chupetes y, sinceramente, me estaba cansando de tener que amamantar. Cuanto más grande era mi hijo, más cohibido estaba por cuidarlo, especialmente en público o frente a miembros de familia obstinados.

SabĂ­a que cuando pedĂ­a amamantar despuĂ©s de cada comida, antes de cada siesta, cada vez que decĂ­a la palabra “no”, tenĂ­amos un problema.

Él tiene 2 ½ ahora. La batalla por las tetas se ha intensificado, y me encuentro haciendo cosas horribles para evitar amamantar. Después de consultar con mi amiga que también es consultora de lactancia, intenté terminar gradualmente con la lactancia. No funcionó. Traté de terminar gradualmente con la lactancia nocturna. Eso falló espectacularmente. Y ahora estoy en un lugar donde nunca pensé que estaría y esa es la táctica del pavo frío.

Hay una fecha marcada en un círculo en mi calendario. Este será el día en que aplastaré el alma emocional de mi pobre hijo con una rodaja de limón y un cuello de tortuga. No solo meteré hojas de repollo en las copas de mi sostén, sino que frotaré jugo de limón en mis pezones, usaré camisas de difícil acceso y pondré mi pie hacia abajo (y mis tapones para los oídos) mientras mi pobre hijo aullará de asco. Me han dicho que esto durará aproximadamente una semana.

Me encantó amamantar. Me encantó ese vínculo. Pero en algún momento tuve que admitir que, a pesar de lo que hora quería que entendiera, era lo suficientemente mamá como para saber que quería amamantar hasta ahora, pero ahora soy lo suficientemente mamá como para saber que soy hecho.