La forma en que los maestros deben ser tratados

La forma en que los maestros deben ser tratados

apple-for-teacher Imagen a través de Shutterstock

Soy una madre sobreprotectora. (Mi esposo rodar√≠a los ojos ante ese eufemismo.) Soy la √ļnica madre en el parque que en realidad est√° en el gimnasio de la jungla con sus hijos, con los brazos extendidos y listos para atraparlos si se caen. Todav√≠a pruebo la temperatura de sus alimentos como si fuera un probador de venenos para el presidente. Los agrupo en varias capas en invierno, cuando un su√©ter grueso probablemente sea suficiente. Y no hace falta decir que no solo me quedo el primer d√≠a de clases, sino que cada d√≠a en la escuela Mis ni√Īas ya est√°n jugando y hablando con sus amigos mientras todav√≠a las estoy abrazando y les doy los √ļltimos besos de despedida. Golpeo la ventana de afuera para una √ļltima ola, que a veces no llama su atenci√≥n, pero siempre hace que su maestro salte de miedo.

Pero, un d√≠a, sucedi√≥ algo que probablemente deber√≠a haberme puesto en modo sobreprotector, “No lo creo”. Mi hija de cinco a√Īos (cuatro en ese momento) lleg√≥ a casa de mal humor y me dijo que se hab√≠a metido en problemas ese d√≠a, que todav√≠a es demasiado peque√Īa para empezar a mentir sobre eso. Estaba a punto de preguntarle qu√© pas√≥ cuando mi hija levant√≥ ambas manos, con las palmas hacia abajo, y all√≠ estaban. Su maestra hab√≠a dibujado una cara triste en el dorso de cada una de las manos de mi hija en tinta azul oscuro. Le pregunt√© cu√°nto tiempo hab√≠a tenido que usarlos. “Todo el d√≠a”, solloz√≥.

Todo el d√≠a, mi hija hab√≠a usado esas peque√Īas estampillas miserables en sus manos, como si estuviera atrapada en el club nocturno m√°s deprimente del mundo, y no pod√≠a irse. Como maestra, nunca hab√≠a o√≠do hablar de una t√°ctica tan disciplinaria, por supuesto, ense√Īo en la escuela secundaria. Pero aun as√≠, la idea de escribir algo sobre uno de mis alumnos era rid√≠cula. Sab√≠a que si alguna vez hac√≠a algo as√≠, me escribir√≠an, o peor a√ļn, me despedir√≠an. Entonces le envi√© un mensaje de texto a su maestra para ver cu√°l era su explicaci√≥n.

Mantuve mi tono neutral, “Sra. A, me preguntaba por qu√© Amelie tiene dos caras tristes en sus manos “. Ella respondi√≥: “Eso es algo que est√°bamos probando, de esa manera el ni√Īo y los otros ni√Īos saben que se han portado mal”. Hmm, no, no me gusta. Algo sobre la idea de calificar a un ni√Īo como “travieso” para que todos lo vean me inquiet√≥. Pero de nuevo, segu√≠ siendo civil. “Em. A, en el futuro, ¬Ņpodr√≠as dejarme una peque√Īa nota o enviarme un mensaje de texto cuando se porta mal? De esa manera, su padre y yo podemos hablar con ella cuando llegue a casa “.

Después de eso, su maestra y yo elaboramos un sistema en el que ella me dejaba una nota para avisarme cuando mi hija se portaba mal en la escuela, y luego le quitaba los privilegios a mi hija. Mi hija no tardó mucho en darse cuenta de que ella también tendría que ser buena en la escuela si quería ver su programa de televisión por la noche.

Pens√© que el problema estaba resuelto. Pero, cuando compart√≠ la historia con otros maestros e incluso con la enfermera de la escuela, literalmente jadearon. “¬°Le habr√≠a dicho al director!” La enfermera de la escuela exclam√≥: “Pero, de nuevo, soy sobreprotectora”, dijo. “Bueno, yo tambi√©n”, pens√©, pero ten√≠a una buena raz√≥n para no correr a la administraci√≥n o rega√Īar a su maestra. En realidad, ten√≠a dos buenas razones.

La primera raz√≥n por la que no fui al director es porque ya lo hice antes. Tres a√Īos antes, cuando mi hijo mayor era un beb√© en la guarder√≠a, entr√© y me horroric√© al ver a su cuidador limpiando a mi hija de atr√°s hacia adelante y no de atr√°s hacia atr√°s. Inmediatamente me acerqu√© a ella y comenc√© a explicarle los procedimientos adecuados para cambiar pa√Īales: mi tono era ronco y exigente. Luego fui directamente al director de la guarder√≠a y le di la misma charla; el director me asegur√≥ que la maestra de mi hija recibir√≠a m√°s capacitaci√≥n de inmediato. Pens√© que ir al director resolver√≠a el problema, pero en realidad hab√≠a creado un tipo diferente de problema para m√≠.

La maestra, que era realmente genial con mi hija, se comport√≥ de manera muy diferente hacia m√≠ despu√©s de que fui con su administrador. Se volvi√≥ incre√≠blemente formal y profesional, entregando hojas de documentaci√≥n sobre la alimentaci√≥n de cada una de mis hijas, los cambios de pa√Īales y las siestas. Atr√°s quedaron las historias sobre las cosas divertidas que mi hija hab√≠a hecho y dicho. Hab√≠a perdido la comunicaci√≥n abierta que hab√≠a tenido previamente con el profesor. Y cuando lo pens√©, no me sorprendi√≥.

Como maestra, he tratado con padres que me tratan con confianza y respeto, y padres que son acusatorios y de confrontación. Puedes adivinar con qué padres tengo mejor comunicación.

Por lo general, cuando llamo a casa, los padres de mis alumnos son muy solidarios: quieren saber qué pueden hacer para ayudar a sus hijos. Sin embargo, en algunas ocasiones, los padres a los que llamé están a la defensiva o enojados; quieren saber por qué estoy detrás de su hijo. Un padre comenzó a llamar a mi clase casi a diario para gritarme por detener a su hijo. Ella me dijo que su hijo no era disruptivo, solo era ruidoso como su madre. Cuando informé al subdirector sobre las llamadas, me dijeron que nunca volviera a hablar con ese padre en particular y que dirigiera todas sus llamadas a la administración. Ese padre podría haber querido expresar su punto de vista, pero se perdió algo muy importante, algo con lo que la habría ayudado, descubrir por qué su hijo no podía concentrarse en clase.

Desafortunadamente, ella no es el √ļnico padre que tuve que referir a la administraci√≥n. He tenido padres enojados conmigo por contar a sus hijos tarde cuando llegaron “un poco tarde”. He tenido padres que piden cr√©dito total por el trabajo tard√≠o de sus hijos cuando, sinceramente, siento que estoy siendo generoso al solo quitar algunos puntos. En √ļltima instancia, estos padres est√°n atando mis manos cuando se trata de ayudar a sus hijos. Lo que es peor, es que tambi√©n est√°n atando las manos de sus hijos. ¬ŅC√≥mo tendr√°n √©xito sus hijos si nunca se les hace responsables de sus acciones?

La segunda raz√≥n por la que no corr√≠ al director es porque creo que tenemos que ense√Īarles a nuestros hijos que tal vez no siempre est√©n de acuerdo con las reglas o la forma en que las personas los hacen cumplir, pero tenemos que aprender a trabajar con otros para que Todav√≠a podemos alcanzar nuestros objetivos. Deber√≠amos permitir que nuestros hijos sean solucionadores de problemas, en lugar de manifestantes. Muchos de nuestros hijos alg√ļn d√≠a tendr√°n un jefe dif√≠cil o un compa√Īero de trabajo, y necesitan aprender c√≥mo abordar esos problemas profesionalmente. Presentar quejas y quejas de manera sistem√°tica solo servir√° para hacer que un empleado parezca problem√°tico.

A decir verdad, gritarle a cualquiera, ya sea un maestro, un servidor de un restaurante o un cajero de un banco, puede hacer que algunas personas se sientan mejor, pero no resuelve nada. Ser combativo no hace que las personas se vean fuertes, las hace parecer difíciles, y nadie quiere lidiar con ellas.

Eso me lleva de vuelta a la situaci√≥n con mi propio hijo. No me gustaba la forma de castigo de su maestra, pero ten√≠a que ver el problema m√°s grande. Mi hijo no se estaba comportando y no escuchaba en clase. Mi verdadero problema era c√≥mo resolver ese problema. Si le gritara a la maestra o irrumpiera en la oficina de su director para tratar de meterla en problemas, ¬Ņqu√© habr√≠a logrado? Quiz√°s el maestro hubiera enfrentado consecuencias por, seamos sinceros, no demasiado de una transgresi√≥n. Mi hija no sufri√≥ da√Īos f√≠sicos ni se le llamaron nombres atroces; su maestra tom√≥ una mala decisi√≥n.

Para m√≠, como padre y maestro, la cuesti√≥n m√°s importante siempre es c√≥mo ayudar al ni√Īo. Seguir a la maestra no ayudar√≠a a mi hijo a aprender a escuchar y aprender en clase. Romper√≠a la comunicaci√≥n entre el maestro y yo, y podr√≠a perder informaci√≥n importante sobre mi hijo todos los d√≠as.

Estoy contento con la forma en que manejé esa situación en particular. Le pedí al maestro amablemente comentarios por escrito sobre mi hijo y lo recibí. Mi hija aprendió a tratar a su maestra con respeto y comenzó a mejorar en la escuela.

Como padres, no podemos luchar en todas las batallas por nuestros hijos, tenemos que dejar que se hagan responsables de sus acciones y que aprendan de sus errores. Todav√≠a podemos ense√Īar a nuestros hijos a hablar por s√≠ mismos, pero tambi√©n decirles que cuando lo hacen, deben hablar amablemente si quieren ser escuchados.

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