La noche en que mi hijo adolescente no fue lo suficientemente genial

La noche en que mi hijo adolescente no fue lo suficientemente genial

En esa c√°lida noche de verano, cuando vislumbr√© a mi hijo de 12 a√Īos, lo supe.

Estaba de pie al otro lado del patio, con un plato de pl√°stico lleno de comida de fiesta de verano en una mano y un vaso de pl√°stico rojo en la otra. El sol golpe√≥ su cabello de una manera que pude ver los reflejos rubios de un verano jugando en la piscina. Sus desgarbadas piernas parec√≠an carecer de direcci√≥n y sus brazos hac√≠an que su plato pareciera muy peque√Īo.

Ech√≥ un vistazo a la fiesta, parado tristemente en la hierba e intentando parecer decidido. Observ√© su postura inc√≥moda, la posici√≥n de sus hombros, la expresi√≥n de su rostro. Otros ni√Īos corrieron junto a √©l, un grupo de preadolescentes se reunieron en un rinc√≥n al otro lado del patio, y las familias se rieron y bromearon. El sol de verano arroj√≥ un brillo c√°lido en esa calurosa tarde de verano, y cuando sus ojos se encontraron con los m√≠os al otro lado del patio, supe lo que hab√≠a sucedido y lo que estaba sintiendo.

Una madre lo sabe.

Me acerqu√© a √©l y le revolv√≠ el cabello suavemente. “¬ŅEstas bien?” Susurr√©. Sus ojos color avellana me miraron con dolor y confusi√≥n.

“No quieren que salga con ellos, mam√°. Me ignoraron Trat√© de hablar con ellos varias veces, pero simplemente me miraron y se alejaron ‚ÄĚ.

Mi corazón se partió en dos, en ese mismo momento, cuando los insectos zumbaron por mi cabeza y la humedad empapó mi piel.

Mir√© a trav√©s del patio a los ni√Īos en cuesti√≥n, los ni√Īos que hab√≠an considerado que mi precioso, hermoso y desgarbado hijo no era lo suficientemente bueno para ellos. Los que lo hab√≠an rechazado cruelmente sin tener en cuenta sus sentimientos. Vi piernas desgarbadas, posturas inc√≥modas y rostros doloridos, todos agrupados, una peque√Īa pandilla peque√Īa. Pero cuando mir√© m√°s de cerca, vi a los ni√Īos que sol√≠an jugar con mi hijo en la escuela primaria, que sol√≠a irrumpir en mi casa para construir Legos y beber cajas de jugo y comer bocadillos en mi cocina. Ni√Īos que hab√≠an jugado con √©l en el recreo y se sentaron a su lado en clase. Ni√Īos que mi hijo consideraba amigos.

Ni√Īos que ahora le dieron la espalda porque no era lo suficientemente genial.

Y mi corazón se rompió de nuevo.

Mi primer instinto fue entrar en el modo Mama Bear. Yo arreglar√≠a las cosas. Marchar√≠a hacia el grupo de ni√Īos y les recordar√≠a que jueguen bien. Traer√≠a a mi hijo conmigo y fomentar√≠a la conversaci√≥n, se√Īalar√≠a un juguete o un juego que todos podr√≠an probar juntos. Luego me acercaba a sus madres y me re√≠a de c√≥mo los ni√Īos pueden ser tan tontos a veces. Sus madres los llamaban para “¬°Jugar bien!” y “¬°No te olvides de compartir!” y todos nos brindamos con nuestros c√≥cteles.

Pero luego record√©: ya no es un ni√Īo peque√Īo. Mami no puede arreglar las cosas. Mami no deber√≠a arreglar las cosas.

Y me dolía el corazón.

Lo rode√© con el brazo y dije: ‚ÄúVamos. Puedes salir con tu padre y conmigo. Me mir√≥ angustiado. “Mam√°, ¬Ņen serio?”

Luch√© por descubrir el mejor curso de acci√≥n. ¬ŅDeber√≠a llevarlo a casa? ¬ŅDeber√≠a hacerle enfrentar la m√ļsica y aguantar porque esto es lo que hacen los preadolescentes? ¬ŅLe hago sufrir la verg√ľenza de salir con sus padres menos que geniales? En este momento, este espacio en el tiempo que me hab√≠an advertido se acercaba, ten√≠a que tomar una decisi√≥n.

Escaneé la fiesta en busca de mi esposo y caminé hacia donde estaba hablando. Le susurré lo que había sucedido y le describí mi dilema. Nos miramos el uno al otro, ambos nuevos en el juego de crianza de los hijos, y sabíamos que teníamos que hacer lo mejor para él en ese momento.

Fingimos excusas, recogimos nuestras cosas y llevamos a nuestro dulce chico a casa.

Cuando llegamos a casa, declaramos una Noche de pel√≠cula familiar inmediata. Saqu√© una de mis pel√≠culas favoritas de adolescentes de los 80, Una especie de maravillosa, para mostrar a los ni√Īos por primera vez. En la pel√≠cula, el chico social inadaptado del lado equivocado de la ciudad termina atrapando a la chica de sus sue√Īos, solo que no al que originalmente se propuso cortejar. Con la ayuda de la magia narrativa de John Hughes, consigue a la ni√Īa y un nuevo estatus social y se siente c√≥modo en su propia piel, todo en unos 120 minutos.

A medida que avanzaban los cr√©ditos de la pel√≠cula, mir√© a mi hijo y √©l me dio una sonrisa torcida. ‚ÄúS√© por qu√© me mostraste esta pel√≠cula, mam√°. Gracias.”

Se puso de pie y me rode√≥ con sus brazos larguiruchos, susurrando: “Voy a estar bien. Est√°s tomando esto m√°s duro que yo, creo. Me apret√≥ una vez m√°s antes de caminar hacia la cama, los hombros un poco m√°s altos, la postura un poco menos inc√≥moda.

Y mi corazón sonrió.