La vida “segura en casa” ha llevado a mis hijos m√°s cerca que nunca

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Como la mayoría del país, estamos en cuarentena, nos quedamos para ayudar a aplanar la curva y proteger a los más vulnerables entre nosotros. Mis hijos no van a la escuela y no están viendo amigos. Esperaba que quisieran enviar mensajes de texto y FaceTime a sus amigos todo el día, hacer cualquier cosa para ayudarlos a recordar la vida que existía fuera de las cuatro paredes de nuestra casa. Ellas hacen. Pero con poca frecuencia.

En cambio, son inseparables. Viendo televisión juntos, jugando juntos. Y discutiendo. Con tanta frecuencia y tan fuerte.

Solo hay tantas horas de ver Netflix que suceden antes de que estalle una pelea entre mis hijos sobre qué programa ver a continuación. Y solo unos pocos minutos de construir LEGO antes de que comiencen a discutir quién puede colocar una pieza aleatoria en un espacio aleatorio. Y solo unos segundos después de que ambos se despiertan antes de comenzar a gritarse sobre quién se sienta en el sofá.

Un escritor para el New York Times se acerc√≥ a un portero, a un √°rbitro de hockey, a un polic√≠a, a una maestra de jard√≠n de infantes y a un terapeuta en busca de ideas para manejar las discusiones entre sus hijos. Las ideas iban desde dejarlos pelear o reducir la situaci√≥n mediante la comunicaci√≥n o eliminar a una de las partes en discusi√≥n. En √ļltima instancia, no estoy seguro de si hay una manera de detener las interminables disputas entre hermanos aqu√≠, no mientras parezca que estoy negociando una situaci√≥n de rehenes con respecto a qui√©n tiene el control remoto hoy.

Al principio de nuestros d√≠as de cuarentena, intent√© analizar los argumentos. ¬ŅPodr√≠an ambos preocuparse tanto por la almohada que usaron en el sof√°? (S√≠, la respuesta es absolutamente s√≠, aparentemente, y ¬Ņc√≥mo me atrevo a cuestionar la importancia de esa almohada exacta que se parece tanto a cualquier otra almohada?) Semanas en auto-cuarentena, la regla se ha convertido en que mientras no haya violencia f√≠sica , el argumento puede continuar hasta que se agote. Soy mayormente inmune a los gritos y parecen necesitar una salida para sacar algunos de esos grandes sentimientos, as√≠ que todos ganan.

Al principio me preocupé (para ser honesto, todavía lo hago) de que parecían estar solo interactuando entre sí. Hasta que me di cuenta de que esta no es la primera vez que encuentran un espacio seguro entre ellos.

Cuando a mi esposo le diagnosticaron cáncer cerebral, nuestro mundo se volcó. Nuestros días giraban en torno a sus síntomas y tratamientos, y estábamos aislados, no por elección o necesidad, sino por las circunstancias. A medida que la enfermedad lo robó, en mente antes que el cuerpo, y cuando me senté a horcajadas sobre el papel de cuidador y madre, mis hijos perdieron puntos de estabilidad y apoyo.

Sus amigos no podían entender el alcance del dolor que estaban viviendo en casa, e incluso si podían, mis hijos no tenían las palabras para comenzar a explicar la experiencia.

Comenzaron a sentarse juntos cuando veían la televisión. Y cuando el estrés en la casa comenzó a aumentar, desaparecieron en la sala de juegos durante horas y crearon increíbles mundos de fantasía. Y cuando mi hijo se sintió tímido, mi hija comenzó a hablar por él. Y cuando mi hija sintió miedo, mi hijo comenzó a proteger a su hermana. A medida que su mundo se desmoronaba, se convirtieron en el apoyo, la estabilidad y la línea de vida de los demás. Como resultado, se acercaron el uno al otro. Su vínculo entre hermanos se fortaleció.

Ni√Īo y ni√Īa discutiendo angelique rademakers / Reshot

En los meses posteriores a la muerte de mi esposo, despu√©s de que la peor parte del dolor desapareci√≥, la fuerza de ese v√≠nculo permaneci√≥ intacta, pero el brillo comenz√≥ a desvanecerse. Las amistades a menudo eclipsan ese v√≠nculo, lo cual no es inesperado a medida que los ni√Īos crecen y mi hija se acerca cada vez m√°s a la adolescencia. Las actividades escolares y despu√©s de la escuela proyectan largas sombras y aten√ļan el brillo de su v√≠nculo. Todav√≠a estaban cerca, su pena compartida y esa sensaci√≥n de ser diferentes de sus amigos acechando debajo de la est√°tica de cada d√≠a ocupado, pero no necesitaban ser la l√≠nea de vida del otro. Porque no era necesario; las l√≠neas de vida a la normalidad abundaban.

Pero su mundo está nuevamente volcado, un lugar lleno de incertidumbre para ellos. Estamos nuevamente aislados. Esta vez, su padre se fue (en mente y cuerpo, pero me gusta pensar que no en espíritu) y con demasiada frecuencia me siento perdido por el estrés de la crianza en solitario durante una pandemia. Se han vuelto a mirar el uno al otro.

Cuando no están peleando, mi hija le traerá un refrigerio a mi hijo cuando se lo compre sin que él lo pida. De paseo, mi hijo elegirá a mi hija un diente de león y se lo entregará como si no fuera gran cosa. Juntarán sus cabezas y planearán, planearán y se reirán de una manera que les resulte muy familiar.

Estos d√≠as en cuarentena en casa son largos. La lucha es interminable y agotadora. Pero una vez m√°s han encontrado refugio el uno en el otro, y en la √ļnica cosa en sus vidas que siempre ha permanecido constante: su v√≠nculo. A pesar de las discusiones, nuevamente son las l√≠neas de vida de los dem√°s a la normalidad.

Puede que no haya manera de detener la discusión; Es inherentemente una parte de la relación entre hermanos. Pero a pesar de que los argumentos son fuertes y frecuentes, me recuerdo que son los momentos entre la discusión lo que importa. Debido a que esos momentos prueban que no importa a dónde los lleve su historia, o con qué frecuencia su mundo se voltee, siempre se tendrán el uno al otro, incluso si nunca descubren cómo compartir esa almohada. Y esa es una verdad invaluable.