Levantando a un adolescente que sigue su corazón

Levantando a un adolescente que sigue su corazón

Mi hijo de 13 a√Īos me mir√≥ expectante desde el asiento del pasajero del autom√≥vil. “¬ŅHola mam√°? ¬ŅQu√© haremos el pr√≥ximo viernes por la noche?

Lo miré por un momento y observé la expresión de su cara dolorida, sus frenos brillando al sol mientras su boca se movía. Parecía que justo ayer lo estaba mirando en un asiento infantil para automóvil a través del espejo retrovisor. Desde entonces, sus mejillas regordetas han sido reemplazadas por pómulos cincelados, y su dulce olor a bebé ahora es el de una interpolación sin lavar.

‚ÄúUh, no mucho, creo. ¬ŅPor qu√©? ¬ŅTienes alg√ļn lugar al que te gustar√≠a ir? “

Mir√≥ por la ventana, luego me mir√≥ y luego respir√≥ hondo. “Bueno, est√° esta chica. Quiero invitarla a salir.

Y, con esas palabras, mi ni√Īo ya no era tan peque√Īo.

Sab√≠a que este d√≠a llegar√≠a. Sab√≠a que alg√ļn d√≠a el coraz√≥n de mi peque√Īo ni√Īo ser√≠a capturado, y √©l querr√≠a comenzar a pasar tiempo con chicas m√°s all√° de los amigos de su hermana. Llegar√≠a un momento en que jugar f√ļtbol con las chicas del vecindario palidecer√≠a en comparaci√≥n con sentarse junto a una joven en un cine oscuro. Sab√≠a que alg√ļn d√≠a me enfrentar√≠a con la tarea de dejarlo navegar por las aguas a menudo desgarradoras de las citas adolescentes.

Ese momento hab√≠a llegado, al parecer. Estaba listo para seguir a su coraz√≥n, listo para dar el salto al amor de los cachorros, y por mucho que quisiera detener el tiempo, me di cuenta de que era una oportunidad para dejarlo encontrar el camino con el amor y el apoyo de sus padres. Citas es dif√≠cil, y es a√ļn m√°s dif√≠cil cuando no sabes lo que est√°s haciendo. Su padre se enamor√≥ y me cortej√≥ con una dulzura que quer√≠a asegurarme de que transmiti√©ramos a mi hijo. Por lo menos, me asegurar√≠a de que apareciera con flores.

A pesar de que todav√≠a pod√≠a ver a mi hijo en su pijama reci√©n salido de un ba√Īo y sosteniendo un Thomas the Train en sus manos, le dije que s√≠, que pod√≠a invitar a la se√Īorita especial a la celebraci√≥n de San Valent√≠n de la escuela. Cuando sus ojos se iluminaron y una sonrisa se extendi√≥ por su rostro, no pude evitar sentir un poco de melancol√≠a porque su coraz√≥n se alejaba lentamente del m√≠o.

Trat√© de no ofenderme cuando dijo: “Ah, y si luego vamos a tomar un helado, ¬Ņpuedes sentarte en una mesa diferente para que podamos, ya sabes, hablar?”

A medida que se acercaba la fecha, discutimos la etiqueta adecuada de citas. Me aseguré de que invitara a la joven a salir en persona, no por mensaje de texto. Practicamos dar la mano para que pudiera saludar a su padre con un apretón firme y respetuoso. Y hablamos de ser cortés con la madre de su amiga cuando llegó a recogerla. Con cada consejo, traté de impartir la necesidad de respeto, amabilidad, caballería y modales.

En la noche de la cita, esperaba sentir tristeza y dolor en mi corazón porque mi hijo, por primera vez, pasaba un viernes por la noche con una chica que no era yo. Esperaba llenarme de lágrimas cuando lo vislumbré cepillando su cabello y olí el olor a colonia que robó del cajón de su padre. Mientras escuchaba a su hermana burlarse de él acerca de besarse y tomarse de la mano, aunque esperaba sentir dolor, en cambio, me encontré sonriendo en silencio para mí.

Cuando mi hijo baj√≥ las escaleras con sus pantalones de color caqui y su camisa abotonada, mi coraz√≥n se detuvo. Ya no estaba mirando a un beb√©. Pero no llor√© como pens√© que lo har√≠a. He aceptado mi papel como padre de una adolescente, y todo va a estar bien. √Čl va a perseguir sus sue√Īos y seguir su coraz√≥n, pero siempre habr√° un pedazo de m√≠ con √©l como lo hace.

Cuando le di unos d√≥lares extra y le ajust√© el cuello, me abraz√≥ y dijo: “Gracias por dejarme ir”. Le devolv√≠ el abrazo con fuerza, y fue entonces cuando las l√°grimas amenazaron con caer.

Las lágrimas no llegaron porque estaba triste, sino porque sentí alegría porque mi hijo había encontrado a alguien que lo hacía sentir feliz y especial. Todo este tiempo, lo he estado criando para dejarlo ir, y estaba listo para hacerlo un poco más esa noche.

Y aunque estaba feliz por él esa noche, en su primera cita real, todavía me reservo el derecho de volver loca a mamá oso si una chica le rompe el corazón.

Entonces todas las apuestas est√°n apagadas.