Lo que aprendí de mi crisis posparto

Lo que aprendí de mi crisis posparto

Esta foto fue tomada un martes por la ma√Īana, diez minutos despu√©s de que mi esposo me dej√≥ en casa con nuestro nuevo beb√© para volver al trabajo (tomada despu√©s de secarme las l√°grimas y limpiarme la cara cubierta de mocos). No me prepar√© para ese momento aparentemente insignificante, siempre centr√°ndome en mi inminente regreso al trabajo. Pero ahora aqu√≠ estaba en una casa tranquila, solo yo, mi beb√©, y la revelaci√≥n de que no ten√≠a idea de lo que estaba haciendo.

Los pocos d√≠as que pudo quedarse en casa conmigo y el beb√© fueron, de hecho, felices como todos me dijeron que lo har√≠an. Pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en nuestro “sof√° cama” hecho a s√≠ mismo y realmente nos hab√≠amos acostumbrado a nuestro ambiente de “solo dejar el sof√° por comida o pa√Īales”. Cada llanto, sonrisa, risita, bostezo y s√≠, incluso caca, que ven√≠a de nuestro dulce ni√Īo era una producci√≥n total.

Esa ma√Īana, mi esposo me ayud√≥ a bajar las escaleras hasta el sof√°, me prepar√≥ un batido y bocadillos, incluso prepar√≥ mi almuerzo y me dio instrucciones detalladas para calentarlo. Creo que estaba tan nervioso como yo, pensando que tal vez quemar√≠a la casa en mi estupor privado de sue√Īo.

Besó mi frente, besó al bebé y se fue. Tan pronto como escuché la puerta del garaje cerrarse, me eché a llorar.

Postparto Mamas, cuídese primero Atipati Netiniyom / EyeEm / Getty

No s√© por qu√© estaba tan molesto; Creo que hab√≠a estado tan “feliz” por unos d√≠as que nunca me di un segundo para sentir lo que estaba sintiendo. Dar a luz es una cosa aterradora, salvaje y hermosa. Pero a√ļn no me hab√≠a dado la oportunidad de estar con mis pensamientos, y ahora estaba aqu√≠ en mi sof√°, con Kathie Lee y Hoda en el fondo, sintiendo todas las sensaciones, buenas y malas, y solo ten√≠a que dejarlo. Vamos.

Todav√≠a estaba aceptando el hecho de que no tuve el parto que hab√≠a planeado. Fui a mi √ļltima cita de ultrasonido solo para saber que mi dulce beb√© estaba envuelto en el cord√≥n umbilical, y que deb√≠a venir a las 8 a.m. al d√≠a siguiente para una ces√°rea. Llor√© cuando mi m√©dico me lo dijo. Ni siquiera tuve tiempo de procesarlo por completo. Estaba centrado en la seguridad de mi beb√©, con raz√≥n, pero no me hab√≠a tomado el tiempo para consultar con yo. Regres√© a casa, organic√© mi bolsa de hospital por 47¬™ vez y le√≠ todos los cap√≠tulos sobre ces√°reas que hab√≠a omitido en mis libros para beb√©s.

Salimos para el hospital a las 4:30 de la ma√Īana siguiente. Estaba nervioso, pero listo. Listo para conocer a mi chico, y listo para terminar con eso. Todav√≠a no hab√≠a procesado el miedo a una cirug√≠a mayor. Mi esposo era dulce, se burlaba de las cosas tontas para calmar mis nervios, pero me di cuenta de que √©l tambi√©n estaba nervioso.

Comenz√≥ a hundirse cuando me llevaron al quir√≥fano solo para la punci√≥n lumbar. Recuerdo ese momento entonces claramente, hasta la cara de todos. M√ļltiples doctores y enfermeras en la habitaci√≥n, el anestesi√≥logo y Adele en repetici√≥n: “Hola soy yo‚Ķ”

Postparto Mamas, cuídese primero Cortesía de Nina Turcsanyi.

Recuerdo que pensé que era muy divertido, pero que no había nadie en la habitación con quien compartir la risa. Me senti solo. Respiré lenta y profundamente mientras me preparaban para la cirugía. Sostuve en mi pecho la imagen de mi bebé en mi pecho, y trabajé duro para bloquear la conversación negativa. Esto fue nacimiento. Este seguía siendo el verdadero negocio. Y todavía era valiente.

Después de que me prepararon para la cirugía, dejaron entrar a mi esposo y mi miedo se calmó un poco. Los siguientes momentos son un poco borrosos, pero todo lo que sé es que tan pronto como sostuvieron la cara de mi bebé junto a la mía, la besé y respiré el olor más dulce. Aquí estaba, y no importaba cómo llegó aquí.

Los d√≠as de recuperaci√≥n en el hospital tuvieron sus altibajos. El dolor lleg√≥ en oleadas y luch√© con √©l. Estaba decidido a levantarme y caminar tan pronto como pudiera. Sab√≠a que si pod√≠a hacer eso, mi recuperaci√≥n ser√≠a m√°s r√°pida y podr√≠a volver a las comodidades del hogar. Lo que no me di cuenta es que extra√Īar√≠a las “comodidades” del hospital. Extra√Īar√≠a tener una enfermera en el pasillo para mis preguntas, alguien que me recuerde que tome mi medicamento cada cuatro horas y un consultor de lactancia que me ayude con los alimentos frustrantes. Demonios, incluso extra√Īar√≠a las extra√Īas tazas de jugo de manzana que sab√≠an tan bien despu√©s de no comer todo el d√≠a.

Reforcé mi recuperación como un campeón, y nos dejaron ir a casa un día antes. Llegar a casa fue un consuelo seguro, pero en el torbellino de la vida posparto, no tuve la oportunidad de procesar todo lo que acababa de pasar.

Cuando mi esposo se fue a trabajar ese martes por la ma√Īana, despu√©s de mi mini colapso, abrac√© a mi beb√©, me sent√© y tom√© esa foto. Estoy muy agradecido de tenerlo, c√≠rculos oscuros y todo. Es un recordatorio de estar en tierra, incluso en el torbellino del nacimiento y la vida posparto. T√≥mese un segundo para registrarse t√ļ, y prometo que ilumina esos momentos felices a√ļn m√°s.

Mi mam√° siempre dice “primero debes ponerte tu propia m√°scara de ox√≠geno antes de ayudar a los dem√°s”. La maternidad es la verdadera expresi√≥n de esto. No se puede verter de una taza vac√≠a, y la locura y la belleza del cuarto trimestre pueden vaciar r√°pidamente esa taza.

¬ŅMi consejo? Encuentra alegr√≠as simples en esas semanas y meses despu√©s del nacimiento: alegr√≠as que no solo provienen del beb√©. Tal vez est√° viendo televisi√≥n basura en tu bata de ba√Īo, tal vez est√° llenando tu carrito de Amazon durante las 3 a.m., ¬°y tal vez solo te est√° lavando el pelo! Todo lo que puedo decir es que las mam√°s estamos ah√≠ afuera mat√°ndola, y nos debemos a nosotros mismos tener esa m√°scara de ox√≠geno en su lugar.