Lo que sucedió cuando dejé la crianza en helicóptero y dejé que mis hijos elijan su propio camino

Lo que sucedió cuando dejé la crianza en helicóptero y dejé que mis hijos elijan su propio camino

Soy una madre segura. Una persona de seguridad, de hecho. Durante un viaje de esqu√≠ pasado, siempre llegu√© al telesilla por √ļltima vez, subrayando mi preocupaci√≥n obvia de no lastimarme. Verifiqu√© mi velocidad durante todo el descenso por la monta√Īa. La velocidad no es mi segundo nombre.

Mis adolescentes estaban por delante de m√≠. Y aunque las palabras de advertencia estaban en la punta de mi lengua, no hice ning√ļn esfuerzo para prohibirles su r√°pido vuelo cuesta abajo. No quer√≠a endurecer su resoluci√≥n.

Las personas que prosperan son personas que est√°n siendo quienes creen que est√°n destinados a ser. Eso es exactamente lo que quiero para mis hijos, y probablemente muy cerca de lo que t√ļ tambi√©n quieres. Queremos que nuestros hijos se conviertan en adultos j√≥venes independientes que puedan tomar decisiones sabias por su cuenta.

Impl√≠cito en este resultado final deseado es que, en el camino, los padres deben dejar ir. La crianza en helic√≥ptero solo detendr√° a los ni√Īos.

Liberar el control no es algo natural para la mayor√≠a de nosotros, y para m√≠ personalmente, la curva de aprendizaje para la maternidad de preadolescentes a adolescentes ha sido m√°s pronunciada de lo que esperaba. En la vida, al igual que en la pista de esqu√≠, continuamente me encuentro sin remedio corriendo cuesta abajo tratando de seguir el ritmo de mis j√≥venes adultos en crecimiento, todo el tiempo gritando en silencio: “¬°Cuidado con los √°rboles!”

Una vez, en un viaje por carretera, nuestro preescolar entonces descarado arremeti√≥ contra el asiento trasero y pidi√≥ una nueva familia, nuevos padres. Ten√≠a aspiraciones que no pod√≠amos encontrar, y segu√≠a adelante. As√≠ que nos dirigimos a la estaci√≥n de servicio m√°s cercana y, se√Īalando a una minivan repleta de una familia numerosa en la siguiente bomba, le dijimos que siguiera adelante, que lo intentara. Su exasperaci√≥n con nosotros se evapor√≥ cuando le dimos nuestro consentimiento para que ella persiga sus sue√Īos. La llamamos farol; naturalmente, ella no estaba lista para tomar decisiones por s√≠ misma.

A los 4 a√Īos, la libre elecci√≥n era una ilusi√≥n. No es as√≠ hoy. Liberar a los adolescentes para que tomen decisiones ayuda a ense√Īar lecciones tempranas de por vida sobre asumir la responsabilidad de sus acciones. Sin embargo, en la pr√°ctica, he comprobado mis convicciones.

El trabajo escolar sol√≠a ser una gran lucha de poder en nuestro hogar. Era un √°rea donde me escuch√© ofreciendo directivas y recordatorios sin parar. Para el sexto grado, era hora de que retrocediera y permitiera a mis hijos experimentar la emoci√≥n del √©xito merecido en la escuela con una intervenci√≥n limitada de los padres. Cuando llegaron los diez a√Īos, sent√≠ que supervisar los plazos de asignaci√≥n permitir√≠a la dependencia y la pereza. Sab√≠a que un enfoque de no intervenci√≥n era el correcto, pero a√ļn as√≠ me doli√≥ cuando inocentemente olvidaron su tarea y recibieron una calificaci√≥n m√°s baja.

Pero cuando me mimo, los lastimo. Si me mantengo en el centro de su universo, criando helic√≥pteros y atendiendo todas sus necesidades, en √ļltima instancia, el objetivo de la independencia se ve socavado. Es mucho m√°s dif√≠cil permanecer en las sombras y ver a mis hijos esquivar con √©xito una mala decisi√≥n solo para realizar un faceplant dram√°tico cuando se revela el siguiente obst√°culo importante. ¬ŅPero de qu√© otra forma aprender√°n?

Las actividades despu√©s de la escuela pueden convertirse en un obst√°culo com√ļn para los padres, porque es muy dif√≠cil resistirse a la microgesti√≥n. Las universidades quieren ni√Īos completos, por lo que podemos sentarnos a los mandos de esta √°rea clave de la vida de nuestros hijos. Una vez conoc√≠ a una pareja influyente en Washington, D.C., que requer√≠a que su hijo aprendiera un instrumento musical de cuerda y un idioma extranjero. Mis ojos se iluminaron ante la idea, porque sonaba como un plan de seguro para producir ni√Īos consumados y pulidos. Mi esposo no estuvo de acuerdo y terminamos sin adoptar este enfoque. En retrospectiva, fue una buena decisi√≥n para nosotros.

Hoy, nuestra hija, una ling√ľista natural, es una estudiante francesa avanzada completamente de su propia elecci√≥n. Cuando era peque√Īa, eligi√≥ tomar clases de piano, pero despu√©s de unos a√Īos confes√≥ llorando que amaba a su maestra, no al piano. Con nuestra bendici√≥n, ella renunci√≥ y luego tom√≥ la guitarra por diversi√≥n. Hoy, su historia incluye un idioma extranjero y m√ļsica. Si hubi√©ramos forzado las cosas, posiblemente nos habr√≠a molestado y hecho menos.

Queremos elegir actividades de enriquecimiento para nuestros hijos, pero la forma en que eligen ocuparse fomenta los intereses org√°nicos. Sin aliento ni historia familiar tocando el tema, nuestro hijo ha invertido horas en educarse sobre los superdeportivos, lo que le proporciona una base de conocimiento impresionante. Est√° motivado desde adentro y, como sus padres, no nos damos ning√ļn cr√©dito por ello. No podemos saber ahora si esto jugar√° alg√ļn papel en su futuro, y ese no es el punto. El punto es que lo eligi√≥ por s√≠ mismo.

Tener mucho espacio para la exploraci√≥n cuando se trataba de asignaturas optativas y pasatiempos permiti√≥ a nuestros hijos prosperar y sentir que “eran due√Īos” de sus intereses; no estaban siendo coaccionados o simplemente satisfac√≠an lo que les pusimos en marcha.

La entrega de la autoridad general para la toma de decisiones a nuestros adolescentes prácticamente garantiza una incomodidad temporal para nosotros los padres. Pero es probable que aguantar en un esfuerzo por mantener a nuestros hijos en ese camino supuestamente seguro solo dificultará su crecimiento y satisfacción.

Entonces, es cierto que soy una madre segura. A veces quito la nieve. Se me conoce por flotar. Pero al abrir mis pu√Īos temblorosos y dejar que mis hijos encuentren su propio camino a su propia velocidad, les estoy dando la libertad de crecer en sus propios t√©rminos. Y vale la pena, no importa lo inc√≥modo que sea para m√≠.

Este ensayo fue publicado originalmente por Sammiches y Psych Meds.