Los adolescentes no son agujeros **, solo est√°n aprendiendo

Los adolescentes no son agujeros **, solo est√°n aprendiendo

Cuando mis adolescentes obtuvieron sus teléfonos por primera vez, los llevaron a todas partes. Y quiero decir En todas partes. Esto incluía tiendas y restaurantes, y rápidamente me di cuenta de que necesitaban una lección de etiqueta telefónica el día que mi hijo estaba hablando con su amigo por altavoz mientras ordenaba una triple hamburguesa con queso. Luego, hubo un momento en que mi hija escuchaba videos de bailes de gatos a todo volumen mientras estábamos en la tienda de comestibles.

Para los extra√Īos, estoy seguro de que parec√≠a que eran adolescentes groseros y punk a los que no les importaba molestar a los que los rodeaban. En realidad, simplemente no lo sab√≠an. No les hab√≠a ense√Īado que aquellos que com√≠an a su lado no quer√≠an escuchar lo que sucedi√≥ en la clase de matem√°ticas a trav√©s de su tel√©fono con altavoz o lo grosero que era hablar con una persona mientras ordenaba comida con otra.

Hablando de modales, es posible que hayas visto una publicación viral flotando en las redes sociales sobre un grupo de adolescentes que estaban tan contentos con su primera experiencia gastronómica antes de un gran baile de bienvenida que dejaron una mala propina. Luego, después de enterarse de que eran propinas horribles, volvieron al restaurante para solucionar la situación dejando una propina adecuada y una carta explicando su comportamiento.

“Tambi√©n me gustar√≠a pedir perd√≥n en nombre de mi grupo”, escribieron en una camada. “Como √©ramos nuevos en todo esto, nuestras mentes de 13 a√Īos no sab√≠an exactamente c√≥mo manejar la factura. Usted fue muy √ļtil al dividir el cheque y tomar nuestro efectivo no tan preferible “.

La nota decía que literalmente no sabían qué propina era adecuada, por lo que dejaron todo su dinero en la mesa que ascendía a $ 3.28.

Estos ni√Īos no tuvieron que regresar y arreglar las cosas. No tuvieron que dejar una buena nota para acompa√Īarla. Pero lo hicieron. Y fue un recordatorio sorprendente para todos de que no eran solo unos adolescentes desconsiderados y egoc√©ntricos, incluso si eso era lo que parec√≠an ser al principio.

Olvidamos que los adolescentes siguen siendo ni√Īos. Se equivocan. Son impulsivos Y algunas cosas que simplemente no saben. En lugar de crucificarlos por todo lo que hacen mal, un poco de paciencia puede ser muy √ļtil. La realidad es que sus cerebros a√ļn se est√°n formando y continuar√°n haci√©ndolo hasta que tengan 25 a√Īos.

No han aprendido todo lo que hay que aprender. Hay momentos en que vemos que parecen ser groseros, como cuando mi hijo salt√≥ al carril expreso en Target con sus 35 art√≠culos. Estaba tan ocupado con el uso correcto de la tarjeta de d√©bito que no pudo leer el letrero. El cajero podr√≠a haber sido s√ļper grosero con √©l, pero en cambio le dieron un amable recordatorio. Estaba avergonzado como el infierno, sus mejillas enrojecidas, y es mejor que creas que nunca volver√° a cometer ese error.

Todavía espero que el hombre detrás de él que lo avergonzó se sienta un poco culpable.

Honestamente, ¬Ņc√≥mo podemos esperar que nuestros adolescentes sean pacientes y amables si somos tan r√°pidos en criticar y sacar conclusiones precipitadas?

Como padre (o no padre), es dif√≠cil recordar cu√°nto est√°n evolucionando y descubriendo nuestros adolescentes. No solo en lugares p√ļblicos donde se muestra mostrar etiqueta y modales adecuados. Nuestros adolescentes est√°n aprendiendo a navegar en relaciones y situaciones realmente dif√≠ciles adem√°s de aprender todas las cosas correctas que hacer en el mundo real. Y como adultos, tenemos que reducir nuestra velocidad y ense√Īar m√°s y menos saltar por la garganta cuando se equivocan.

Seré el primero en admitir que necesito trabajar en esto en mi casa con mis tres hijos adolescentes. El verano pasado, corrí a casa a recoger a mi hija para poder reunirla a ella y a sus amigos para ir a la feria local. Cuando llegué a casa, sin aliento cargando todas las bolsas de comestibles, ella estaba sentada en el sofá y no se movía para echarme una mano.

“Date prisa, cari√Īo, v√°monos o llegaremos tarde recogiendo a tus amigos para la feria”, le dije. Pero en lugar de una respuesta, me cerraron la puerta de una habitaci√≥n sin decir una sola palabra.

Después de unas pocas horas, supe que mi hija y sus amigas se habían peleado y, en lugar de trabajar en ello y elaborar un plan para reunirse de todos modos, estaban heridas y todas se sentaron en casa y se pusieron de mal humor y ella no estaba segura de cómo lidiar. con eso. Así que la encerró en su habitación, para mi frustración.

Ser√© honesto, no fui tan paciente como podr√≠a haber sido. Pens√© que ya sabr√≠an c√≥mo actuar. Ten√≠a confianza en haberles ense√Īado bien y aprender√≠an de mi ejemplo. Asum√≠ que sabr√≠an mantener la puerta abierta para las personas y recordar su tarea y no ser t√≠midos al ponerse de pie y hacer lo correcto. Pero esto no es as√≠. Como, en absoluto.

Asumí que cuando fueran adolescentes, mi paciencia no se agotaría tanto, pero aquí estamos.

Suponemos que saben cu√°nto dar propina, o est√°n enfocados con l√°ser en una tarea en cuesti√≥n, pero son tan nuevos en tantas experiencias y debemos ser conscientes. No solo est√°n descubriendo c√≥mo funciona el mundo a su alrededor, sino que est√°n inundados por la presi√≥n social de sus pares. Sienten verg√ľenza por no saber c√≥mo manejar una situaci√≥n. Se necesitan bolas para corregirlo, al igual que lo hace para nosotros.

Necesitan espacio para abrirse paso a través de algo, y un poco de amabilidad en nuestra voz hace mucho más bien que asumir que están siendo un imbécil a propósito. Cuando les damos un poco de holgura y entendemos que tal vez no sepan la forma correcta de lidiar con algo, puede cambiar todo.

Hay veces que, como padre, veo cómo mis hijos manejan algo y estoy frustrado simplemente porque lo están haciendo de una manera que yo no haría. Aquí es donde debe entrar mi paciencia. No se trata de aceptar e ignorar el mal comportamiento. Se trata de tomar una ruta diferente para arreglar algo.

Quedan atrapados en el momento. Puede parecer que no se da suficiente propina o que no se preocupan por los planes o sentimientos de los dem√°s porque realmente est√°n atrapados en los suyos.

Cuando los adultos se cagan (lo que solemos hacer), un poco de empat√≠a y compasi√≥n son muy √ļtiles. Nuestros adolescentes no son diferentes y merecen lo mismo. Solo tenemos que recordar que hay momentos en que tal vez no sepan c√≥mo solicitarlo.