Los chicos de secundaria me avergonzaron m√°s que las chicas

Los chicos de secundaria me avergonzaron m√°s que las chicas

Cuando estaba en el apogeo de la pubertad, las chicas populares con las que era amiga en la escuela decidieron tener una fiesta de pijamas en un “fin de semana de spa”. Trajimos trajes de ba√Īo para la piscina, maquinillas de afeitar y Nair para eliminar cada cent√≠metro de nuestro vello corporal y un autobronceador para que brille. Acababa de decolorarme y me sent√≠a incre√≠ble conmigo misma, incluso si odiaba c√≥mo me ve√≠a en bikini.

Mientras nos un√≠amos la loci√≥n autobronceadora, erradicamos toda la pelusa de durazno de nuestras piernas y compar√°bamos conscientemente los cuerpos del otro en el espejo, no pude evitar sentir que pertenec√≠a a un grupo de compa√Īeros que eran tan m√°s fresco que el resto de mis compa√Īeros. A todas estas chicas parec√≠a gustarles, y mi autoestima se dispar√≥ ese fin de semana.

Hab√≠amos prometido solemnemente usar camisas sin mangas y pantalones cortos a la escuela el lunes para mostrar nuestras extremidades reci√©n lisas y bronceadas. Cuando llegu√© a casa de la pijamada, not√© que mi madre ten√≠a una botella de loci√≥n autobronceadora “Deep Glow” de Neutrogena en nuestro ba√Īo que parec√≠a llamarme por mi nombre. Lo agarr√© y puse vorazmente la sustancia naranja sobre mi cuerpo para ponerme a√ļn m√°s bronceada. Mientras fantaseaba con lo incre√≠ble que me ver√≠a como un beb√© besado por el sol, no me di cuenta de que mi cabello se hab√≠a vuelto ligeramente verde por estar demasiado clorado en la piscina.

En retrospectiva, deber√≠a haberme quedado totalmente en casa esa semana. Pero no lo hice. Porque quer√≠a desesperadamente que todos vieran mi cuerpo socialmente aprobado junto a las chicas populares que se hab√≠an hecho amigos de m√≠. Si bien definitivamente era una ni√Īa delgada, estas j√≥venes siempre parec√≠an ser m√°s delgadas que yo, especialmente cuando la pubertad rod√≥. Quer√≠a lo que sea que estuvieran pasando, y hice todo lo posible para lucir exactamente como ellos.

Recuerdo caminar por los pasillos llenos de casilleros con una sonrisa de oreja a oreja, a pesar de que segu√≠a recibiendo miradas extra√Īas de compa√Īeros de clase al azar. Para mi gran decepci√≥n, entr√© en mi clase y vi que ninguno de mis amigos hab√≠a cumplido su promesa. Yo era el √ļnico all√≠ con pantalones cortos y una camiseta, e inmediatamente sent√≠ una oleada de verg√ľenza al encontrar mi asiento.

Luego llegó la hora del almuerzo, y la vida como la conocía nunca sería la misma.

Escuch√© el fuerte canto tan pronto como entr√© en el comedor. Un grupo de los chicos m√°s populares de mi grado parec√≠a estar jugando un juego divertido en una de las mesas. Todos ten√≠an panecillos y latas naranjas Snapple en sus manos, y se re√≠an a carcajadas mientras gritaban las palabras que desear√≠a no haber escuchado nunca. Mientras me acercaba con curiosidad para escuchar lo que cantaban, mis ojos se llenaron de l√°grimas. Estos chicos de secundaria tomaban la canci√≥n “Oompa Loompa” de “Charlie and the Chocolate Factory” y agregaban mi nombre. Lo peor de todo, hicieron muecas para dar a entender que estaba gorda mientras cantaban el himno que avergonzaba el cuerpo.

Esta no era la primera vez que me burlaban de m√≠, pero definitivamente fue la m√°s dolorosa. Ya me hab√≠an llamado “abuela” en cuarto grado porque me gustaba ir sin calcetines en mocasines de centavo y camisas vintage. Cuando era ni√Īo, pens√© que lo que llevaba puesto ser√≠a la √ļnica fuente de rid√≠culo basado en la apariencia con el que me encontrar√≠a, pero esa suposici√≥n se rompi√≥ dolorosamente despu√©s de que tuve mi per√≠odo y comenc√© a desarrollarme.

Tan pronto como ingres√© a la escuela secundaria, un chico aleatorio de 14 a√Īos me dijo que la raz√≥n por la que no le ca√≠a bien a los ni√Īos era porque ten√≠a el trasero gordo. Mi novio de s√©ptimo grado me llam√≥ “carga ancha” a mis espaldas despu√©s de que romp√≠ con √©l. Y mi mayor enamoramiento de todos los tiempos en todo el mundo se ri√≥ en mi cara y me dijo en voz alta que era una “perra gordita” cuando no estaba de acuerdo con algo que dijo en clase.

Vale la pena repetir que me contaron todas estas cosas dolorosas mientras viv√≠a en un cuerpo que el mundo consideraba flaco. Claro, mis caderas se hab√≠an ensanchado un poco, las tetas aparecieron por primera vez en mi pecho y hab√≠a nuevas estr√≠as en cascada a los lados de mis piernas debido a los recientes cambios de la pubertad. Tambi√©n siempre he tenido un poco de basura en mi maletero, pero eso nunca pareci√≥ ser un problema hasta que los compa√Īeros de clase de mi escuela lo hicieron. Al final del s√©ptimo grado, recib√≠ el mensaje alto y claro: los ni√Īos odiaban mi cuerpo, yo era demasiado grande en todos los lugares equivocados, y la naturaleza estaba tratando de castigarme.

Tal vez si este hubiera sido el √ļnico tipo de acoso escolar con el que me hab√≠a encontrado, no habr√≠a luchado tanto con mi autoestima. Pero la vida en casa empeor√≥ las cosas infinitamente. Yo era un ni√Īo que soport√≥ el abuso f√≠sico y mental y fue golpeado verbalmente en muchas ocasiones por su evoluci√≥n f√≠sica. Se hicieron comentarios regularmente sobre partes de mi cuerpo que me dejaron plagado de odio a m√≠ mismo. Aprend√≠ r√°pidamente que la √ļnica forma de ser verdaderamente amable era si me conformaba, me volv√≠a muy delgada y fing√≠a estar bien todo el tiempo. Y sin embargo, a pesar de hacer con √©xito toda esa mierda, todav√≠a encontr√© crueldad por parte de los chicos de mi escuela.

Ya hab√≠a pasado a√Īos mirando pel√≠culas y programas de televisi√≥n que me hicieron creer ciegamente que las chicas malas eran las enemigas a las que temer, y su √ļnico prop√≥sito era hacer de tu vida un infierno. Cuando los ni√Īos se convirtieron inesperadamente en la verdadera amenaza para mi imagen corporal y la desgarradora realidad no coincid√≠a con los distorsionados mensajes de los medios con los que me hab√≠a inundado, simplemente lo atribu√≠ todo como el producto de mi propio fracaso para hacerlo bien. una mujer.

Desde ese lugar basado en la verg√ľenza, comenc√© a monitorear obsesivamente mi consumo de alimentos y finalmente me sumerg√≠ de lleno en una adicci√≥n a las p√≠ldoras de dieta y un trastorno alimentario. La dismorfia corporal tambi√©n se convirti√≥ en una lucha insidiosa en mi vida diaria. Hice todo lo posible para recrear im√°genes de modelos flacas que vi en revistas, pero nunca me sent√≠ lo suficientemente delgada, bonita o buena.

Lindsay, de 13 a√Īos, no merec√≠a nada de esto. Ella merec√≠a sentir un valor inherente sin importar cu√°nto cambiara su cuerpo y pasar sus d√≠as sin odiarse totalmente por existir. Desear√≠a poder retroceder en el tiempo, darle a ese peque√Īo abrazo de oso y asegurarle que nunca fue el problema. Han pasado 23 a√Īos desde que me avergonzaron los chicos de secundaria, y finalmente entiendo ahora que la sociedad, y no yo, fue el problema todo el tiempo.

Aqu√≠ est√° la informaci√≥n que mis maestros de salud de s√©ptimo grado deber√≠an haber incluido en su plan de estudios, pero lamentablemente no lo hicieron. En promedio, una ni√Īa puede aumentar de 40 a 50 libras durante la pubertad, y un ni√Īo puede aumentar hasta 60 libras. Las estr√≠as, las caderas m√°s anchas y los senos de varios tama√Īos son cambios naturales que muchas chicas encuentran cuando tienen su per√≠odo.

Sorprendentemente, muchos ni√Īos preadolescentes ya se han visto abrumados por las im√°genes de los medios que idolatran los cuerpos delgados y los ideales de belleza poco realistas cuando llegan a la pubertad. Seg√ļn la Asociaci√≥n Nacional de Trastornos de la Alimentaci√≥n, el 69% de las ni√Īas de primaria que leen revistas dicen que las im√°genes influyen en su idea de un cuerpo perfecto, y el 47% informan que las im√°genes que ven les hacen querer perder peso.

Tenemos que comenzar a ense√Īar a nuestros hijos, sin importar su g√©nero, cu√°n da√Īino puede ser el acoso basado en la apariencia. Burlarse de un adolescente sobre el tama√Īo de su trasero o el ancho de sus caderas puede tener graves consecuencias cuando se combina con la cultura de la dieta t√≥xica que impregna nuestra sociedad. Los ni√Īos deben rendir cuentas tanto, si no m√°s, que las ni√Īas y se les debe ense√Īar a valorar y respetar a las personas de todos los tama√Īos. En el momento en que nos damos cuenta de lo da√Īino y destructivo que es ense√Īar incorrectamente a nuestros hijos que su valor existe fuera de ellos, es el momento en que podemos ayudarlos a descubrir que ha estado viviendo dentro de ellos desde el d√≠a en que nacieron.

Ahora soy madre de una ni√Īa de cuatro a√Īos, y estoy haciendo todo lo posible para asegurarme de que siempre se sienta como en casa en su cuerpo. Comienza d√°ndome el amor que me faltaba durante demasiados a√Īos y llorando todas las veces que mi luz interior se atenuaba porque un grupo de chicos pensaba que estaba bien avergonzar a una chica por ocupar espacio como ella lo hizo.

Tan doloroso (y un poco gracioso) como es saber que nunca volveré a acercarme al autobronceador después de estar traumatizado por la experiencia, también me da poder saber que nunca lo necesité en primer lugar. La joven Lindsay era increíble por su cuenta, y los chicos estaban tan equivocados acerca de su cuerpo.