Los deportes de la escuela secundaria luchan para hacer cumplir las leyes de conmoción cerebral

Los deportes de la escuela secundaria luchan para hacer cumplir las leyes de conmoción cerebral

Mi esposo Matt ten√≠a solo 13 a√Īos cuando se uni√≥ a su primera liga local de f√ļtbol. Un gran fan√°tico del deporte, Matt estaba m√°s que listo para dar todo al juego. Se apresur√≥, sigui√≥ fielmente los comentarios de sus entrenadores y se abri√≥ paso a trav√©s del momento m√°s desafiante.

Tampoco habló cuando la intensidad de cada práctica tuvo un efecto negativo en su salud física y mental. En el pasado, el contacto de casco a casco no solo estaba permitido, sino que se fomentaba repetidamente.

“Todo el tiempo que estuvi√©ramos practicando, solo ser√≠amos golpe√°ndonos unos a otros con nuestros cascos una y otra vez, y parec√≠a que continuaba para siempre”, dice Matt. ‚ÄúSaltar√≠as de la l√≠nea, liderar√≠as con tu casco y luego golpear√≠as. As√≠ fue como jugamos, una y otra vez ‚ÄĚ.

Inevitablemente, mi esposo encontr√≥ conmociones cerebrales menores mientras jugaba. Pero hubo uno en particular que lo dej√≥ especialmente debilitado. ‚ÄúRecuerdo que me dol√≠a mucho la cabeza en el medio de la pr√°ctica y ten√≠a un zumbido en la cabeza. Y luego, despu√©s de eso, tuve n√°useas y mareos ‚ÄĚ, explica. ‚ÄúCreo que hab√≠a una peque√Īa parte de m√≠ que sab√≠a que era una conmoci√≥n cerebral porque me dec√≠a a m√≠ mismo que no tomara una siesta. Hab√≠a escuchado que no era bueno quedarse dormido si hab√≠a tenido uno “.

Dado que los entrenadores de Matt eran de la mentalidad de “colgarse” de la vieja escuela y la masculinidad t√≥xica reinaba en el campo, nunca se sinti√≥ c√≥modo para hablar con ellos sobre sus lesiones en la cabeza. Tampoco se lo cont√≥ a sus padres ni a nadie m√°s. Si bien esto le permiti√≥ jugar f√°cilmente varias temporadas m√°s de f√ļtbol, ‚Äč‚ÄčMatt no ten√≠a idea de cu√°n a largo plazo ser√≠a el da√Īo de sus conmociones cerebrales.

“No creo que supiera completamente lo que estaba sucediendo y ciertamente no sab√≠a lo mal que estaban en ese momento, o que incluso era una lesi√≥n cerebral”, comparte. “Nadie nos habl√≥ de ellos, incluso en el f√ļtbol”.

La buena noticia es que finalmente se han establecido reglas en todos los estados que pueden mejorar las posibilidades de una escuela de prevenir, identificar y tratar las conmociones cerebrales relacionadas con el deporte. La mala noticia es que muchas escuelas carecen de los recursos y la educación necesarios para poner activamente en práctica estas reglas.

Estas nuevas regulaciones son algo de lo que Matt y otros como √©l se habr√≠an beneficiado enormemente cuando era un joven estudiante de deportes. Pero nuestros j√≥venes a√ļn enfrentan los mismos obst√°culos exactos que Matt experiment√≥, porque estas reglas no facultan a los entrenadores para crear un espacio seguro para discusiones continuas sobre lesiones en la cabeza. Lo que tiene mucho sentido, ya que las escuelas se ven obligadas a cambiar las pol√≠ticas para garantizar la seguridad de nuestros hijos, pero no se est√°n equipando completamente con las herramientas necesarias para comunicarse con sus estudiantes de manera efectiva.

Cortesía de Lindsay Wolf.

Un nuevo estudio realizado por los investigadores del Centro de Investigaci√≥n y Pol√≠tica de Lesiones en el Nationwide Children’s Hospital arroja luz sobre las barreras clave que enfrentan las escuelas al implementar cada uno de los tres componentes principales de las leyes de conmoci√≥n cerebral: educaci√≥n, eliminar a los atletas del juego y devolverlos De vuelta a jugar.

La Dra. Ginger Yang es la investigadora principal que dirigi√≥ el estudio, y cree que al hablar abiertamente con los entrenadores de atletismo, podemos superar los obst√°culos que les impiden poner en pr√°ctica estas pol√≠ticas. “Estas leyes existen en papel, pero necesitamos entender c√≥mo se implementan en las escuelas y los desaf√≠os que surgen para determinar si son realmente efectivas”, dice Yang en un comunicado de prensa para el estudio.

Seg√ļn sus hallazgos, los materiales educativos que se utilizan en la mayor√≠a de las escuelas est√°n llenos de un complejo lenguaje m√©dico que evita que los padres y los entrenadores se sientan lo suficientemente involucrados como para ense√Īar las mejores formas de prevenir las conmociones cerebrales. Adem√°s, no puede ver un solo signo externo de una conmoci√≥n cerebral, lo que hace que identificarlos sea m√°s que dif√≠cil.

Al igual que mi esposo cuando estaba en la escuela secundaria, muchos estudiantes atletas también se sienten presionados por entrenadores y padres para permanecer en el juego sin importar qué. Esto lleva a los adolescentes a ocultar sus síntomas como una forma de no ser un riesgo para el equipo, lo que puede hacer que sacarlos del campo sea tremendamente difícil.

Tambi√©n hay una cantidad abrumadora de estudiantes que simplemente no tienen acceso a la atenci√≥n especializada que necesitan para tratar adecuadamente una lesi√≥n en la cabeza, lo que exacerba a√ļn m√°s un problema ya desafiante.

“Las conmociones cerebrales deben diagnosticarse cl√≠nicamente despu√©s de que un m√©dico eval√ļa c√≥mo ocurri√≥ la lesi√≥n, analiza los s√≠ntomas que se desarrollaron y completa un examen neurol√≥gico”, dijo Sean Rose, MD, codirector de la Cl√≠nica de Conmoci√≥n cerebral compleja en el Nationwide Children’s Hospital.

Desafortunadamente, los médicos ni siquiera pueden comenzar a evaluar una conmoción cerebral si un estudiante no tiene forma de ser examinado médicamente por ellos. Lo que significa que muchas lesiones pueden pasar desapercibidas, y lo que es peor, sin tratamiento. Cuando una conmoción cerebral basada en el deporte pasa sin tratamiento, puede tener un impacto duradero en el cerebro y el cuerpo. Lo que significa que los expertos en el campo deben enfocarse inmediatamente en abordar los desafíos inherentes a estas nuevas políticas y determinar cómo pueden ser llevados a cabo de manera eficiente por los adultos a cargo de nuestros estudiantes atletas.

En octubre de 2019, un PSA sin sentido se volvi√≥ viral como parte de la campa√Īa “Tackle Can Wait”, un esfuerzo dise√Īado para arrojar luz sobre los peligros de inscribir a los ni√Īos demasiado pronto para jugar el juego. El objetivo era alentar a los padres a esperar hasta que sus hijos tengan al menos 14 a√Īos, ya que retrasar su exposici√≥n para enfrentar el f√ļtbol puede reducir en gran medida sus posibilidades de sufrir un trauma cerebral a largo plazo. “Tackle Can Wait” es un movimiento creado por dos hijas de ex jugadores de la NFL que murieron de encefalopat√≠a traum√°tica cr√≥nica (CTE), una enfermedad neurodegenerativa que se encuentra en personas que han sufrido m√ļltiples lesiones en la cabeza.

Ambos atletas profesionales ni siquiera fueron diagnosticados con la enfermedad hasta después ellos murieron por eso.

Es importante tener en cuenta que lo anterior es solo un ejemplo de dos casos de CTE post mortem en adultos. Los ni√Īos, por otro lado, tienen cerebros que a√ļn se est√°n desarrollando mucho durante su adolescencia y adolescencia. Lo que significa que un deporte como el f√ļtbol puede dejarlos insoportablemente vulnerables a los traumas de la cabeza que podr√≠an durar toda su vida.

Y aunque las conmociones cerebrales son sin duda las primeras en la lista de inquietudes, tambi√©n es fundamental saber que los ni√Īos menores de 12 a√Īos que sufren lesiones leves en la cabeza mientras juegan f√ļtbol americano tienen un riesgo mucho mayor de sufrir depresi√≥n cl√≠nica, apat√≠a cl√≠nica , desregulaci√≥n del comportamiento, disfunci√≥n del funcionamiento ejecutivo y control de impulsos.

Como resultado de jugar solo un pu√Īado de temporadas intensas cuando era un adolescente, mi esposo todav√≠a est√° luchando con los efectos duraderos que las lesiones en la cabeza basadas en el deporte han tenido en su mente y cuerpo. “Siento que soy muy propenso a los dolores de cabeza la mayor parte del tiempo ahora, y creo que los problemas de migra√Īa y muchos otros problemas relacionados con mi ira o cualquier tipo de comportamiento err√°tico o depresivo provienen del f√ļtbol”, dice Matt. “Probablemente no ayud√≥ que estuviese golpeando mi cerebro durante tanto tiempo”.

Cuando se le preguntó si alguna vez estaría abierto a que nuestros hijos practicaran el deporte, Matt dice que no.

Su razon? “No hay forma para un ni√Īo no lesionarse la cabeza en el f√ļtbol americano de tacleada ‚ÄĚ, comparte.

Voy a tener que alinearme apasionadamente con mi esposo aqu√≠. Y creo que es seguro asumir que no soy el √ļnico que lo har√°. El hecho es que no podemos permitirnos esperar m√°s para cambiar el curso de una conversaci√≥n urgente que afecta tan peligrosamente a la juventud de nuestra naci√≥n. Con aproximadamente dos millones de ni√Īos y adolescentes de nuestro pa√≠s que sufren conmociones cerebrales cada a√Īo, es hora de que finalmente sea m√°s f√°cil y pr√°ctico para los entrenadores y padres mantener a los estudiantes seguros dentro y fuera del campo.