Mi familia negra est√° m√°s segura en cuarentena que en la vida normal.

Mi familia negra est√° m√°s segura en cuarentena que en la vida normal.

Me despert√© esta ma√Īana con las sirenas de la polic√≠a. Parec√≠an estar a tres o cuatro cuadras de mi casa, tal vez incluso m√°s cerca. Mi esposo y yo nos miramos cuando comenzamos a salir de nuestro sue√Īo.

“¬ŅMe pregunto qu√© est√° pasando?” nos preguntamos mientras t√≠midamente asum√≠amos para nosotros mismos nada importante De Verdad suceder en nuestra ciudad suburbana en Nueva Jersey. ¬ŅO podr√≠a? Con los recientes eventos raciales que suceden en el pa√≠s, cualquier cosa suceder√°, especialmente para los negros.

Unos segundos después, las sirenas se perdieron en la distancia y ya no pudimos escucharlas. Al instante pensé para mí mismo gracias a Dios mi esposo no tiene que aventurarse fuera de nuestra casa. De hecho, estamos más seguros bajo cuarentena.


Mi familia y yo hemos estado en el interior durante la mayor parte de los √ļltimos dos meses. Salimos a comer y al m√©dico. Y al igual que la mayor√≠a de los estadounidenses durante este tiempo, hacemos visitas de cumplea√Īos ocasionales y nos quedamos con el cartero un poco m√°s de lo normal porque extra√Īamos a las personas.

Al principio, no pod√≠a soportarlo. Quer√≠a salir y estar cerca de las personas en mi vida que importaban. Quer√≠a ir a mis tiendas favoritas. Quiero abrazar a mis amigos otra vez. Pero despu√©s de unos momentos de b√ļsqueda del alma, acced√≠. Para m√≠, el dicho “es lo que es” nunca son√≥ m√°s cierto.

En las √ļltimas semanas he aceptado mi nueva normalidad bajo una luz diferente. Quedarse en el interior sin darse cuenta sirve como protecci√≥n contra el racismo f√≠sico que enfrentan las personas negras de manera regular. Mientras estamos en el interior, no tengo que preocuparme de que los maestros puedan maltratar a mi hijo o de los blancos que me siguen con los ojos mientras compro en tiendas elegantes.

No soy tan ingenuo como para pensar que el racismo no existe virtualmente. Claro que lo hace. Pero no estar afuera minimiza las posibilidades de que yo o mis seres queridos mueran en el cemento con la rodilla de un oficial en la garganta.

Tampoco soy lo suficientemente ingenuo como para pensar que la cuarentena no protege a los negros del trauma duradero de ver a alguien abatido mientras trota, o que la policía los llamara para observar aves en Central Park. Nunca jamás olvidaré el sonido de George Floyd llorando a su madre mientras muere lentamente.

Y a pesar de todo, todo en lo que puedo pensar es cuando el mundo alg√ļn d√≠a ver√° a mi dulce ni√Īo de 3 a√Īos como una amenaza para la sociedad. Saber que la Am√©rica blanca ver√° a mi beb√© como un mat√≥n, me causa un dolor implacable. Siempre temo el d√≠a en que tenga que decirle que no puede hacer ciertas cosas porque es un ni√Īo negro y el mundo lo ve de manera diferente a su familia.

Es posible que no haya más películas y programas para transmitir, helados para comer o panes de plátano para hornear durante casi tres meses en una pandemia, pero al menos mi esposo negro, mi padre, mi hijo y mis tíos están a salvo. Por ahora.

Cuando el mundo se vuelva a abrir por completo, tendré una mejor apreciación de mi familia negra. Son todo lo que tengo en una sociedad que se niega a tratarnos como seres humanos.

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