Mi hijo de primer grado fue diagnosticado con dislexia

kid-struggles-to-read-1a

Hace aproximadamente dos a√Īos, mi dulce hijo de seis a√Īos decidi√≥ que quer√≠a hacer tarjetas de San Valent√≠n a mano para sus compa√Īeros de primer grado. Me sorprendi√≥ y me complaci√≥ que dejara pasar el atractivo de todas las tarjetas comerciales, as√≠ que obtuvimos un poco de papel de construcci√≥n y nos pusimos astutos.

Le di una lista impresa de su lista de clase y √©l copi√≥ diligentemente sus nombres en las tarjetas con su letra de gran tama√Īo. Trabaj√≥ muy duro en cada uno.

Me ofrec√≠ para ayudar con la fiesta de la clase y cuando lleg√≥ el momento de distribuir las tarjetas, los ni√Īos se alejaron por la sala entusiasmados, pero no mi hijo. Tir√≥ de mi camisa y cuando me inclin√© hacia √©l, dijo en voz baja: “Mam√°, ¬Ņpuedes ayudarme a pasar mis tarjetas?”

¬°Puedes hacerlo t√ļ mismo, amigo! Todos los dem√°s lo son ‚ÄĚ, respond√≠.

√Čl neg√≥ con la cabeza “no” y dijo: “No puedo, mam√°. No s√© c√≥mo leer sus nombres “.

En ese momento me di cuenta de cuánto luchaba mi hijo para aprender a leer y cuán indefenso me sentía para hacer algo al respecto. Tuve que contener las lágrimas.

Mi hijo es excepcionalmente brillante. Al final de un a√Īo en prek√≠nder p√ļblico, se ubic√≥ en el percentil 99 en la evaluaci√≥n del programa de superdotados de nuestro distrito escolar.

Estaba tan emocionado por √©l para comenzar la escuela primaria. Hab√≠a amado la escuela cuando era ni√Īo. El aprendizaje fue f√°cil para m√≠, y estaba seguro de que tambi√©n lo ser√≠a para √©l.

Cuando luch√≥ por aprender “palabras de vista” en el jard√≠n de infantes, me sorprendi√≥. Le hab√≠a estado leyendo todos los d√≠as desde que naci√≥, literalmente. Amaba los libros. Estaba seguro de que hab√≠amos hecho todo lo necesario para que √©l estuviera “listo para leer”, como dicen.

familia posando para una foto frente a las monta√Īas Cortes√≠a de Janel Lacy.

Así que estaba más que frustrado porque cuando comencé a reunirme con los administradores de la escuela sobre lo que se podía hacer para ayudarlo, la conversación siempre giraba en torno a lo que estábamos haciendo para apoyarlo en casa.

Me tom√≥ cada onza de autocontrol y decoro en m√≠ no gritar: “¬°Lo hemos hecho todo! ¬°Deja de echarme la culpa y ens√©√Īale a mi hijo a leer!

Sal√≠ de nuestro distrito escolar en busca de ayuda. Hablamos con nuestro pediatra. Nos dio una derivaci√≥n a un especialista en Vanderbilt Children’s Hospital aqu√≠ en Nashville, y finalmente obtuvimos una respuesta: mi hijo tiene dislexia, junto con aproximadamente uno de cada cinco ni√Īos.

La prescripci√≥n del m√©dico de Vanderbilt fue alfabetizaci√≥n estructurada, que es la instrucci√≥n sistem√°tica de fon√©tica. La exposici√≥n repetida a las palabras, como la lectura diaria que hicimos juntos como familia, no fue suficiente; mi hijo necesitaba que se le ense√Īara expl√≠citamente c√≥mo conectar letras y grupos de letras a los sonidos en nuestro idioma hablado.

Antes de saber acerca de la alfabetización estructurada, recuerdo haber practicado su lectura con él y encontrar una palabra que no parecía seguir las reglas de los sonidos básicos de las letras. No tenía forma de explicarlo. Solo pensé que algunas palabras no siguen las reglas. Pero en realidad, simplemente no saber todas las reglas.

A medida que las habilidades de lectura y la confianza de mi hijo comenzaron a crecer, comenc√© a preguntarme: ¬Ņpor qu√© no les estamos ense√Īando a todos los ni√Īos fon√©tica sistem√°tica? Despu√©s de todo, nuestro lenguaje escrito es solo un c√≥digo para los sonidos hablados, y ¬Ņc√≥mo pueden los ni√Īos “descifrar el c√≥digo” si no se les ense√Īa?

Despu√©s de investigar por mi cuenta, llegu√© a aprender sobre la ciencia de la lectura, c√≥mo nuestros cerebros asocian las letras con los sonidos y que, estad√≠sticamente, alrededor del 40 por ciento de los ni√Īos aprenden a “decodificar” por s√≠ mismos. Pero eso significa que el 60 por ciento no, incluidos los ni√Īos como mi hijo que m√°s luchan.

Como he reflexionado sobre este hecho, creo que no es una coincidencia que alrededor del 65 por ciento de los ni√Īos en los Estados Unidos no sean competentes en lectura, seg√ļn la Evaluaci√≥n Nacional sobre el Progreso Educativo (NAEP), tambi√©n conocida como el Informe de la Naci√≥n. Los mismos porcentajes se confirman aqu√≠ en Tennessee, donde vivo.

Para la mayor√≠a de los ni√Īos que no pueden adquirir la habilidad de leer a trav√©s de la √≥smosis, el resto de su educaci√≥n se ve obstaculizada como resultado. Su potencial en la vida se ve obstaculizado. Esta es una crisis nacional.

Esto no es culpa de los padres. Tampoco es culpa de los maestros. Son nuestros sistemas en general los que necesitan cambiar, desde las universidades de educaci√≥n que preparan a nuestros maestros, hasta las compa√Ī√≠as que hacen el plan de estudios de lectura, hasta los distritos escolares que lo adoptan.

Nuestro estado acaba de dar un gran paso en la direcci√≥n correcta: proponer legislaci√≥n y financiaci√≥n para garantizar que los maestros de primaria tengan capacitaci√≥n en la ciencia de la lectura y el plan de estudios que lo respalde. Espero que se apruebe la legislaci√≥n. Espero que nuestros distritos escolares lo acepten. Deben, si realmente quieren que todos los ni√Īos tengan √©xito.

Si su hijo tiene dificultades para aprender a leer, pregunte a los l√≠deres de instrucci√≥n en su escuela c√≥mo ellos est√°n ense√Īando lectura. Si la instrucci√≥n no se basa en fon√©tica sistem√°tica, d√≠gales que eso es lo que necesita su hijo. En realidad es lo que todas Los ni√Īos necesitan.