Mi hijo solĂ­a pedir tiempo “Solo para nosotros”. Ahora soy yo quien lo solicita.

Mi hijo solĂ­a pedir tiempo

Mi hijo mayor tenĂ­a tres meses antes de cumplir 2 años cuando naciĂł mi hija. Durante casi dos años de su vida, estoy bastante seguro de que ambos sentimos que Ă©ramos las Ăşnicas dos personas en el mundo. Era raro que tuviera una niñera; Casi nunca me apartĂ© de su lado. Dice que recuerda esos dĂ­as a pesar de lo joven que era. Afirma que el dĂ­a en que naciĂł su hermana lo arruinĂł, y cuando un hermano pequeño llegĂł por Ă©l un año despuĂ©s de eso, comenzĂł a preguntarme cuándo Ă­bamos a volver a ser “solo nosotros”.

Mi madre me dijo una vez que cuando traes a un nuevo hermano a casa, tus hijos pueden sentir lo mismo que sentirías si tu pareja trajera a casa un nuevo amante para vivir en tu casa junto a ti. Si bien pensé que esto era un poco exagerado, creo que así es como se sentía mi hijo.

Recuerdo la mirada que me dio un día de verano mientras estaba amamantando a su hermana mientras tenía otra cocinando en mi vientre. Estaba parado en la ventana, dándome la espalda, se volvió para mirarme, su cuerpo no se movió, solo giró la cabeza para mirarme. Sus labios estaban ligeramente hacia abajo. Llevaba una gorra de beisbol y diminutos tops rojos de Converse. Encontré su mirada y sonreí, esperando que corriera hacia nosotros y me dejara besar la parte superior de su cabeza. No atropelló. No le devolvió la sonrisa. Se dio la vuelta y miró por la ventana un poco más, algo que nunca lo había visto hacer.

Me doy cuenta de lo dramático que suena, pero me apuñaló en el estómago. Ansiaba alcanzarlo en ese mismo momento, pero decidí esperar hasta que su hermana terminara de alimentarse, para poder dejarla.

Después de hacerlo, nos sentamos juntos en nuestro gran sillón reclinable de cuero y le leí un libro de cartón. Eran las 9 a.m. y el sol inundaba las ventanas, justo en sus ojos. Lo vi entrecerrar los ojos, pero no quería levantarse.

“Solo nosotros, mamá”.

Tal vez pensĂł que si tenĂ­amos que levantarnos y movernos, nuestro momento habrĂ­a terminado y no querĂ­a arriesgarse.

Estaba tan feliz en ese momento disfrutando de su tiempo “solo para nosotros”. Yo fui tambiĂ©n.

Después de que nació su hermano, el tiempo de “solo nosotros” se hizo cada vez menos. La vida era caótica, y él no entendía por qué era tan difícil para mí tener tiempo solo para nosotros dos. Cuando apenas tiene tiempo para estar solo en el baño, es casi imposible dejar tiempo para salir con un solo niño.

De vez en cuando podíamos meterlo, pero la mayoría de las veces estaba demasiado cansada para salir de la casa después de que mi esposo llegaba a casa. Estaba en pijama a las 4 p.m. la mayoría de las noches, listos para cenar, acuestan a los niños y lo llaman noche.

A través de los años, siempre ha mencionado cuánto le gusta estar solo conmigo. Si ha pasado un tiempo, dejará caer la pista de que es hora.

“Lo sĂ©”, le digo, “tambiĂ©n me encanta, Addison”. Quiero que sepa que no lo olvidarĂ©.

Y ahora Ă©l es mayor, y es más fácil para mĂ­ tener tiempo solo para nosotros porque mis hijos no dependen tanto de mĂ­. Tengo más tiempo y más energĂ­a en estos dĂ­as, pero ahora es Ă©l quien tiene dificultades para encontrarme tiempo. Está muy ocupado en su mundo de 13 años, tal como deberĂ­a estar. La ironĂ­a es que ahora soy yo quien anhela el tiempo “solo para nosotros”. Soy el que está parado junto a la ventana tratando de no fruncir el ceño mientras lo veo partir para buscar su prĂłxima aventura. Soy a quien no le importa si el sol está en mis ojos siempre que pueda estar a su lado.

Este chico que estoy viendo se convierte en un hombre, el mismo que solĂ­a alcanzar mi mano y tratar de robarme todo para sĂ­ mismo, se aleja cuando trato de besarlo o abrazarlo en estos dĂ­as.

Pero cuando tiene tiempo para mĂ­, cuando no hay nada esperándolo que sea más emocionante que su vieja madre (estos tiempos son pocos y distantes entre sĂ­), podemos realmente disfrutar el uno del otro. Y a pesar de que actĂşa bien, todavĂ­a lo dice: “Mamá, realmente me gusta cuando solo somos nosotros”.

Y respondo: “SĂ­, yo tambiĂ©n, solo nosotros”.

Pero Ă©l no tendrá idea de cuánto lo disfruto hasta que tenga un hijo propio que empiece a alejarse poco a poco. No será hasta entonces que comprenda cuán importante se convierte el tiempo “solo para nosotros” para un padre. Un verdadero regalo invaluable. Solo nosotros.