Mi hijo y la otra mujer

Mi hijo y la otra mujer

No me gusta la esposa de mi hijo. No me gusta que pase la Navidad con su familia. No me gusta que haga lo que quiera su esposa.

Mi hijo tiene 10 a√Īos, as√≠ que, t√©cnicamente, no hay esposa. Pero lo habr√°, y me gusta estar preparado.

Me encanta hablar de esto cada vez que me encuentro con mujeres con hijos. Cuando confieso que estoy resentido preventivamente de su esposa del futuro sin rostro, a veces me dan una mirada cort√©s pero curiosa. Algunos asentir√°n con una sonrisa triste y sabia, y luego uno de nosotros invariablemente dir√° esa cita que he llegado a detestar: “Un hijo es un hijo hasta que toma una esposa, una hija es una hija de por vida”. (Tengo una hija, pero s√© que no ir√° a ning√ļn lado, as√≠ que no se trata de ella).

Luego est√°n las madres que no est√°n de acuerdo conmigo. Dicen cosas como: “Tienes que dejarlos ir”, “Todos crecemos” o “¬°Amo a mi nuera!” Es entonces cuando les doy la misma mirada que podr√≠a darle a cualquiera que alguna vez me pida que baje al s√≥tano en medio de la noche para ver qu√© hizo ese ruido.

Entonces, cuando mi hijo se baj√≥ del autob√ļs, con un trozo de papel en la mano, su rostro serio en su lugar, lo supe.

“Hay algo que necesito decirte”, dice. Me dice que le gusta una chica y que a √©l le gusta, y que ella se va a mudar en dos semanas, as√≠ que le gustar√≠a llamarla.

No me asusto. No estoy enojado. En cambio, me encuentro emocionado por √©l. Con mi mejor intento de despreocupaci√≥n, digo: “Uh, est√° bien. Vamonos.”

Observo mientras marca su n√ļmero, sus cejas fruncidas por la concentraci√≥n. Escucho mientras usa su mam√°s y su agrada, y siento una oleada de emoci√≥n cuando la madre dice que puede hablar con su hija. El pu√Īo bombea el aire, victorioso. Intenta su primera conversaci√≥n telef√≥nica con una chica. Lo escucho decir: “Entonces … (pausa larga), ¬Ņc√≥mo est√° tu familia?” Me r√≠o de mi lugar de espionaje al pie de las escaleras.

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Dos días después, la recojo después de la escuela y vamos a tomar un helado. Pago y luego corro hacia la esquina de la tienda y finjo que no los conozco. Están hablando, sonriendo, riendo y comiendo su helado.

Estoy a punto de llorar. Se ve feliz, lo que me hace feliz. Fue una de esas epifanías, del tipo que se entrega en las tiendas de yogurt abarrotadas los viernes por la tarde. Siempre había visto a mi hijo crecer y compartir su vida con alguien más como mi pérdida.

Yo era un idiota ego√≠sta. Estaba tan ocupado preocup√°ndome por m√≠ que no me di cuenta de que mi p√©rdida era su ganancia. Vivo por las ganancias de mi hijo. Cuando recibe un golpe al bate, cuando obtiene una buena calificaci√≥n en una prueba, cuando lo invitan a una fiesta de cumplea√Īos, cuando cuenta un chiste que hace re√≠r a los otros ni√Īos, tambi√©n es mi victoria.

Su alegría es mi alegría.

(Barra lateral: Quien haya acu√Īado la frase, “Eres tan feliz como tu hijo menos feliz”, fue un genio).

Durante todo este tiempo, no pude considerar c√≥mo podr√≠a ser para √©l, sentir esos primeros latidos estomacales, enamorarse (¬°M√ĀS TARDE, MUCHO M√ĀS TARDE, POR FAVOR!), Elegir pasar su vida con alguien.

Su padre es mi todo, y criar a nuestros hijos juntos es increíble, aterrador y difícil, por lo que vale la pena. Quiero todo eso para mi hijo. Por supuesto que sí.

Todav√≠a baila conmigo en el ba√Īo, me toma de las manos y me hace girar, cantando “A New Life” de Jim James. Todav√≠a me abraza por la cintura y dice “Te amo, mam√°” (y a veces me golpea el est√≥mago y me pregunta si voy a tener otro beb√©).

Cuando nos acostamos en su cama por la noche, con una cabeza sobre cada almohada, sus ojos est√°n tan abiertos, tan aceptables, que env√≠a grietas en mi coraz√≥n. Mi amor por √©l es asombroso en profundidad y me ha ense√Īado el verdadero significado de la palabra agridulce. Los d√≠as y los a√Īos se alejan de nosotros, dej√°ndome sin aliento y hasta las rodillas en recuerdos dolorosamente hermosos. Siempre creer√© que quien aterriza a mi hijo es la mujer m√°s afortunada del mundo. Pero ya no la veo como un ladr√≥n, rob√°ndolo.

Si esta historia todav√≠a se puede encontrar cuando √©l encuentra a la chica de sus sue√Īos, y ella la lee y se pregunta qu√© puede hacer para hacer feliz a su loca suegra, este es mi consejo:

Navidad en nuestro lugar!

Y bienvenido a la familia.