Mis adolescentes quieren saber cuándo la vida volverá a ser normal, y no sé qué decirles

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La pregunta constante en nuestra casa es, “Âżcuándo volverán las cosas a la normalidad?”

A los 20, 18 y 15 años, mis hijas me buscan para asegurarme de que el fin de la cuarentena está cerca, y recuperarán sus vidas. Quieren saber cuándo podrán salir de la casa, pasar el rato con amigos y regresar físicamente a la universidad y la escuela secundaria. La verdad inquietante es que no tengo las respuestas. No lo sé.

Las emociones son altas y la paciencia es corta en nuestra casa en estos días. Los cinco hemos estado encerrados por semanas. Hay buenos días con momentos sinceros en los que encuentro a mis hijas, mujeres casi adultas, cocinando juntas y riendo. Me pregunto si esta es la última vez que los tres vivirán bajo el mismo techo.

Luego hay días malos, algunos muy malos. La decepción y la ira como un vestido de graduación sin usar y un vestido de graduación cuelgan en un armario. Se cancela una pasantía de verano. Lo peor de todo es que escuchamos la devastadora noticia de que el padre de un amigo murió a causa del coronavirus. La ansiedad aumenta con los titulares de los medios y las imágenes de pacientes enfermos que esperan fuera de los hospitales. Mis hijas tienen preguntas y preocupaciones sobre la salud de los miembros de su familia.

La pregunta de cuándo volverán las cosas a la normalidad es difĂ­cil de responder. Mucho de lo que estoy leyendo es contradictorio. “Se levantarán las restricciones y las cosas se calmarán para el verano” versus “las universidades están cancelando las clases de otoño y los peajes de muertes continuarán aumentando”.

Desearía poder decirles lo que quieren saber, pero el futuro parece incierto. ¿Cómo será la apariencia normal? ¿Lo pensaré dos veces antes de abrazar a un amigo? ¿Usaré una mascarilla para el gimnasio? ¿Dejaré que mis hijos vayan a un concierto? No quiero vivir con miedo, pero ¿cómo mantendré a salvo a mi familia?

La Ăşnica otra vez en mi vida que recuerdo sentirme tan vulnerable fue despuĂ©s del 11 de septiembre. Sentada en mi piso, embarazada de ocho meses, vi como el segundo aviĂłn golpeaba el World Trade Center. Durante muchos años despuĂ©s hubo un 11 de septiembre “anterior” y un 11 de septiembre “posterior”. Un momento en el que no habrĂ­a pensado dos veces antes de volar o asistir a un gran evento y un momento en que el miedo me abrumaba. Finalmente, el tiempo disminuyĂł parte del miedo y la vida continuĂł, pero nunca fui el mismo.

Lo único que puedo asegurarles a mis hijas es que habrá una vida después del coronavirus. Los grados de normalidad se restablecerán lentamente, con el tiempo, se desarrollará un tratamiento o vacuna, y recuperarán sus vidas.

Siempre habrá un coronavirus “antes” y “despuĂ©s” para mĂ­. Un momento en que me detuve en mis pasos y aprendĂ­ que no podĂ­a controlar la vida. Cuando los estantes de mi supermercado estĂ©n llenos de toallitas desinfectantes y papel higiĂ©nico nuevamente, no olvidarĂ© esperar en la fila por uno por cliente. Cuando pueda visitar a mis padres por primera vez en meses, estarĂ© aĂşn más agradecido de tenerlos en mi vida. Mis hijas estarán agradecidas de regresar a la universidad y reiniciar la escuela secundaria sentada junto a sus compañeros de clase.

Como ellos, no puedo esperar para que mi vida vuelva a la normalidad, pero el coronavirus ha cambiado todas nuestras vidas. Tal vez el resultado final será una nueva perspectiva y apreciación por las cosas que podemos haber dado por sentado. Y tal vez eso no sea tan malo después de todo.