Necesitamos recordar que nuestros hijos no son mini adultos

Necesitamos recordar que nuestros hijos no son mini adultos

Mi hijo de kindergarten se bajĂł del autobĂşs despuĂ©s de la escuela el otro dĂ­a y se disparĂł emocionado hacia la casa. Me di cuenta de que tenĂ­a algo grande que contarme, asĂ­ que lo encontrĂ© en la puerta, radiante de anticipaciĂłn. Pero ni siquiera recibĂ­ un “¡Hola, mamá!” – porque despuĂ©s de un abrazo rápido, lo primero que dijo fue: “¡Quiero SpaghettiOs!”

ÂżEspaguetis? De Verdad? “ÂżPara eso viniste a toda velocidad aquĂ­?” Me reĂ­.

Pero Ă©l era todo negocio. “SĂ­”, dijo solemnemente. “He estado pensando en ellos desde la hora del almuerzo. Estuve pensando en ellos todo el camino a casa en el autobĂşs. Realmente quiero unos SpaghettiOs, por favor, mamá “.

Odiaba decírselo, pero la cena ya estaba burbujeando en la estufa; cenamos temprano esa noche debido a una reunión Scout anterior a la habitual, y si le diera SpaghettiOs, seguramente no comería la comida (más equilibrada) que había preparado. Le expliqué esto, luego seguí con la sugerencia de un bocadillo más pequeño, como una barra de granola o algo así.

No lo estaba teniendo. Hubieras pensado que le habĂ­a dicho que nunca se le permitirĂ­a volver a comer y que se consumirĂ­a lenta y miserablemente. Su cara se arrugĂł y comenzaron las obras hidráulicas. Se desplomĂł en el suelo, con la mochila todavĂ­a puesta, y gritĂł: “¡Lo odio aquĂ­!”

Oh, el drama

Mientras lo veĂ­a retorcerse, sollozando lastimeramente, me maravillĂ© de cĂłmo esta pequeña e insignificante cosa podĂ­a llevarlo a tal angustia (y ya sabes, puse los ojos en blanco hasta que prácticamente pude ver la parte posterior de mi cráneo). Estoy seguro de que habĂ­a otros factores en juego; probablemente estaba cansado despuĂ©s de la escuela, y todos los padres saben que un niño cansado se derretirá por casi cualquier cosa. Pero despuĂ©s de que mis globos oculares se restablecieron a su posiciĂłn predeterminada, pensĂ©: en el gran esquema de cosas, la mayorĂ­a de los niños no han experimentado mucho real dificultades, por lo que para ellos, incluso estas preocupaciones triviales probablemente son “asĂ­ de mal.”

Considere el concepto desde nuestra perspectiva. Como adultos, sabemos quĂ© vale la pena estresarse y quĂ© no (la mayorĂ­a de las veces), pero eso viene con la práctica. Para cuando crecemos, hemos pasado por eventos que cambian la vida y tratan situaciones de crisis (o al menos casi crisis). Pero no importa lo mal que lo hayamos tenido, siempre hay … siempre – alguien que lo ha tenido infinitamente peor.

Mi hijo mayor una vez tuvo una enfermedad renal rara que podría haber presentado complicaciones de salud más graves y de largo alcance, y me petrificó por él mientras esperábamos para averiguar la extensión del daño. Pero mi sobrina tenía cáncer a la edad de 2 años, y ni siquiera puedo entender cuán asustada debe haberse sentido mi hermana mientras la vida de su bebé estaba en juego. Aún así, el hecho de que alguien más lo tenga peor no significa que mis sentimientos eran inválidos, porque en el ámbito más pequeño de mi experiencia, eso fue lo peor que he pasado como padre.

Cuando estamos pasando un mal momento, necesitamos empatĂ­a y apoyo, no alguien que nos diga que nuestro mal dĂ­a no es De Verdad malo solo porque hay situaciones más graves. Si alguien se está divorciando, no les diga: “Esto no es nada. ¡Solo espere hasta que su ex limpie su cuenta bancaria e intente llevarse a sus hijos! ” Ofreces tu compasiĂłn, porque seguro, su divorcio podrĂ­a ser más desordenado, pero este es el peor divorcio por el que han pasado.

El mismo concepto se aplica a todo lo que alguien está pasando. Si los hace sentir molestos, eso es legítimo, incluso si desde nuestra perspectiva única no parece ser un gran problema.

Entonces, cuando se trata de nuestros hijos, que no han experimentado mucho en el camino de la adversidad, las cosas pequeñas son en realidad cosas bastante grandes, al menos en sus pequeños mundos. Y pensar en esto me hace sentir una punzada de culpa de mamá por todas las veces que sin querer he trivializado sus preocupaciones, cosas que me parecieron un problema. ¿Quién soy yo para juzgar si algo es realmente lo suficientemente legítimo para que se enojen? ¿Qué pasa si mis hijos no vienen a mí cuando las cosas realmente es cosas grandes porque no las tomé en serio cuando no fue así.

No cedĂ­ a la solicitud de SpaghettiOs (porque, cena). Pero tampoco me reĂ­ de Ă©l por desmoronarse por mi negativa, porque mi hijo de 5 años ha tenido la suerte de estar protegido de algo más grave que no poder tener la comida que tanto ansiaba, y asĂ­ en su perspectiva limitada, esto fue realmente horrible. No me hubiera servido de nada hablarle sobre cĂłmo “algunos niños nunca, siempre consiga SpaghettiOs ”o continĂşe con todos los niños que están literalmente hambrientos en este momento. No le disgustĂ© su angustia. Simplemente le di otro abrazo y le hice saber que entendĂ­a por quĂ© estaba tan molesto.

Incluso si fue sobre una negaciĂłn de productos enlatados.