No subestimes la capacidad de tus hijos de tener sentimientos intestinales

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Mi hijo de 14 a√Īos sab√≠a que algo estaba pasando. No sali√≥ y dijo que lo sab√≠a, pero el conocimiento se mostr√≥ en su comportamiento. Estaba actuando, desobedeciendo cuando normalmente no lo hac√≠a, discutiendo y empujando contra las instrucciones m√°s peque√Īas de m√≠ o de su padre. Era gru√Ī√≥n, de mal genio y malvado, arremetiendo contra su hermano menor a la menor provocaci√≥n. Sus notas estaban bajando. Pens√© que era la pubertad, las hormonas corriendo salvajes, pero en el fondo me preguntaba si √©l sent√≠a el gran cambio que se avecinaba para nuestra familia.

Un d√≠a de oto√Īo, el comportamiento de mi hijo se volvi√≥ tan malo que pens√© que √©l y mi ex iban a ser golpeados. Antes de ese punto, solo hab√≠amos tenido ocasionalmente una disputa familiar, algunas de ellas con gritos, otras terminando en una consecuencia (como la p√©rdida de la electr√≥nica) para uno o ambos ni√Īos. Esto fue diferente. Mi hijo estaba en la cara de mi ex esposo, gritando y llorando, desafi√°ndolo a golpearlo y diciendo que llamar√≠a a CPS si lo hac√≠a. La amenaza enfureci√≥ a mi ex: se hinch√≥ y super√≥ a mi hijo como recuerdo a los muchachos de mi juventud antes de que pelearan. Mi hijo parec√≠a igual de listo para lanzar golpes. Ambos estaban en la zona roja, m√°s all√° de lo razonable. Me met√≠ entre ellos.

Entonces, de repente, mi hijo grit√≥: “¬°Algo no est√° bien en esta casa! ¬°Hay algo mal con nuestra familia y no s√© qu√© es, pero lo odio y solo quiero que las cosas vuelvan a ser como estaban! ” Las l√°grimas corr√≠an por su cara enrojecida. Ten√≠a las manos apretadas en pu√Īos a los costados.

Se sent√≠a como si cada mol√©cula en la casa hubiera dejado de moverse. √Čl sab√≠a. Mi esposo no lo hab√≠a captado, todav√≠a estaba demasiado envuelto en su ira. Sin embargo, rara vez captaba detalles como ese. Era una de las razones por las que no pod√≠amos hacer que nuestro matrimonio funcionara, porque √©l no me ve√≠a ni me escuchaba cuando necesitaba que me vieran y escucharan.

Pensamos que hab√≠amos tenido cuidado al ocultar nuestros conflictos. Nunca, nunca peleamos delante de los ni√Īos. Disputas o alguna discusi√≥n ligera ocasional, claro, pero nunca una discusi√≥n seria, y ninguno de los dos gritaba. Podr√≠a contar por un lado la cantidad de veces que realmente nos hab√≠amos levantado la voz el uno al otro en el transcurso de nuestro matrimonio de casi dos d√©cadas.

Pero hab√≠amos estado durmiendo en habitaciones separadas durante casi un a√Īo, y ya hab√≠amos planeado un momento para hablar con los ni√Īos sobre nuestro inminente divorcio, despu√©s de las vacaciones. Solo quer√≠amos darles a los ni√Īos unas vacaciones m√°s juntos como familia. Hab√≠a tantas funciones para asistir, Acci√≥n de Gracias, fiestas, una cena del 45 aniversario para los padres de mi ex. Hab√≠amos decidido meses antes que dejar√≠amos de lado nuestras diferencias y fingir√≠amos en un feriado m√°s. Les dijimos a los ni√Īos que dorm√≠amos en habitaciones separadas porque pap√° roncaba. Era cierto, sus ronquidos casi pod√≠an sacudir las im√°genes de las paredes. Pensamos que est√°bamos protegiendo a nuestros hijos.

Pero ese d√≠a, cuando mi hijo explot√≥, supe que √©l lo sab√≠a. No importaba que mi ex y yo hubi√©ramos sido amables el uno con el otro, incluso nos re√≠mos juntos, llevamos a los ni√Īos a cenas y otras funciones y fingimos que todo estaba bien. √Čl sab√≠a. Porque bajo nuestras sonrisas y risas estaba la tensi√≥n y el resentimiento de los votos rotos, la persistente frustraci√≥n de los argumentos susurrados y acalorados sobre qui√©n de nosotros estaba m√°s equivocado que el otro, el temor de tener que dividir los activos, las semillas de los pr√≥ximos argumentos sobre qui√©n conseguir la casa o si la vender√≠amos.

√Čl sab√≠a.

Nuestro otro hijo ten√≠a solo nueve a√Īos en ese momento y no parec√≠a darse cuenta, pero ahora, tres a√Īos despu√©s de ese terrible d√≠a, me doy cuenta de que hab√≠a manifestado su conocimiento de diferentes maneras. Mirando hacia atr√°s, estuvo m√°s c√≥modo durante ese tiempo, pegajoso y necesitado, siempre haciendo peque√Īas tareas en la casa “para ser amable”. Estaba tratando de arreglar algo invisible que estaba roto, para mejorar las cosas de cualquier manera que se le ocurriera.

He visto argumentos a favor y en contra de permanecer juntos “para los ni√Īos”. Y, para la mayor√≠a de los divorcios donde los ni√Īos est√°n involucrados, hay un per√≠odo de tiempo en que la pareja sabe que su matrimonio ha terminado, pero los ni√Īos a√ļn no lo saben. Seg√ļn mi experiencia y las experiencias de otros amigos divorciados con los que he compartido esta historia, lo que sucedi√≥ en mi familia no es la excepci√≥n.

Los ni√Īos saben cosas. Sienten energ√≠a, sienten conflicto, tienen instintos. Y no quiero que ninguno de mis hijos pierda ese instinto invaluable como lo hacen tantos adultos. Dejamos de escuchar nuestras tripas porque en alg√ļn momento del camino, comenzamos a creer la mentira de que todo est√° bien, que tenemos que pretender todo esta bien.

Mis hijos son mucho m√°s felices ahora que saben la verdad y hemos comenzado una nueva normalidad como una familia en dos casas diferentes. Se han ajustado incre√≠blemente bien, pero mirando hacia atr√°s, no estoy seguro de darles que la √ļltima temporada de vacaciones fue lo correcto. Ten√≠amos buenas intenciones, y es posible que si les hubi√©ramos contado en septiembre y hubi√©ramos cambiado la pr√≥xima temporada de vacaciones con nuestras noticias de divorcio, hubiera sido peor que ocult√°rselo como lo hicimos nosotros. Simplemente no lo s√©.

Pero lo que s√≠ s√©, y lo que nunca olvidar√©, es que los ni√Īos pueden sentir cu√°ndo las cosas no est√°n bien. Me reconect√© con mis hijos m√°s tarde y tuvimos una larga conversaci√≥n sobre los instintos. Les asegur√© que su sentimiento de que algo era diferente era correcto y que lamentaba que tuvieran que sentarse con ese sentimiento sin tener a nadie que lo validara. Les dije que quiero que puedan reconocer y responder a sus instintos, sin dudar de las se√Īales que reciben de sus cuerpos.

No quiero que mis hijos terminen como tantos adultos, desconectados de sus instintos debido a las muchas veces en la infancia que tuvimos un mal presentimiento, pero todos a nuestro alrededor nos decían que todo estaba bien, cuando definitivamente no era así. . Ellos son felices ahora. Sus padres pueden vivir en diferentes casas, pero sus agallas les dicen que sus padres están mejor así, y que su confianza en esa verdad es una gran parte de su felicidad.