Por qu√© me alegro de haber elegido el preescolar “conveniente” para mi hijo

Por qué me alegro de haber elegido el preescolar

Así es como lo hice no escojo un preescolar para mi hijo mayor. No estudié filosofías educativas. No puse su nombre en las listas de espera. No consideré las escuelas preescolares que cuestan más de lo que mi familia podía pagar.

Mi necesidad de elegir un preescolar coincidió con mudarme de los Estados Unidos a México por trabajo. Pregunté y encontré una escuela a poca distancia de nuestro nuevo hogar. Mi esposo y yo visitamos. Luego registramos a nuestro hijo.

No importa que la instrucci√≥n de este preescolar fuera principalmente en espa√Īol, un idioma que mi hijo no sab√≠a. No importa que el programa acad√©mico no particularmente ambicioso de la escuela involucrara aprender una nueva carta cada mes. Si, solo uno.

Este preescolar tenía plazas disponibles. El precio fue correcto. Era seguro y los profesores agradables. Mi esposo y yo teníamos muchas otras cosas en nuestros platos y no queríamos considerar más opciones.

Antes de tener hijos, este preescolar podría haberme preocupado. En aquel entonces, estaba seguro de que sería el tipo de padre que priorizaba la educación de mis hijos por encima de todo.

Asum√≠ que ser√≠a como aquellos que conoc√≠a y que, despu√©s de largos d√≠as de trabajo, enterraron sus cabezas en libros de entrenamiento para ir al ba√Īo. Si sus ni√Īos peque√Īos no salieran pronto de los pa√Īales, no podr√≠an asistir a las prestigiosas escuelas preescolares cuyas listas de espera de dos a√Īos finalmente llegaron a la cima.

Pensé que estaría dispuesto a duplicar intencionalmente un viaje ya difícil solo para llegar al preescolar de la ciudad con el enfoque educativo que pensé que sería mejor para que mi hijo prospere.

Sospeché que podría ser como muchos padres nuevos que conocía que ganaban buenos salarios pero que no podían permitirse citas ocasionales. Sus ingresos desechables fueron eliminados por preescolares elegantes y lejanos, preescolares que a veces también les exigían usar los días de vacaciones como voluntarios en clase. (Pero no importa. De todos modos, no había dinero para las vacaciones).

Sin embargo, muchas de mis expectativas sobre la crianza de los hijos se transformaron cuando me encontr√© con un beb√© que no se desanimar√≠a y un ni√Īo peque√Īo que necesitaba 17 libros antes de cada siesta.

En alg√ļn momento, probablemente un d√≠a alrededor del libro 16, eleg√≠ ser m√°s amable conmigo mismo. Tal vez ver una pel√≠cula en lugar de leer 17 libros estaba bien a veces. Quiz√°s mis hijos no necesitaban comer todo org√°nico, hecho en casa. Tal vez tampoco necesitaban ese preescolar elegante y perfecto. Tal vez mi cordura tambi√©n importaba.

Cuando llegó el momento, mi esposo y yo elegimos el preescolar que permitía que la vida fuera un poco más fácil para nosotros, incluso si eso significaba que podría ser un poco más difícil para nuestro hijo. Necesitábamos este preescolar de barrio no elegante. Lo que no sabíamos inicialmente era que nuestro hijo también lo necesitaba.

Al principio, lo admito, luch√≥. Lleg√≥ a casa triste porque los otros ni√Īos no pudieron entenderlo y no lo dejaron jugar. Tampoco pod√≠a entender a sus maestros. Estoy seguro de que su transici√≥n a un preescolar de habla inglesa habr√≠a sido m√°s fluida. Y a una escuela de habla inglesa con una filosof√≠a educativa que satisfaga sus necesidades y personalidad, probablemente incluso mejor.

Sin embargo, con el tiempo, mi hijo aprendi√≥ m√°s y m√°s espa√Īol. Despu√©s de unos meses, comenz√≥ a contar historias sobre lo gracioso que dijo Juan Pedro en el patio de recreo. Un mes despu√©s de eso, comenz√≥ a traer invitaciones a la fiesta de cumplea√Īos de Sebasti√°n y Paola Fernanda.

En poco tiempo, mi hijo estaba obteniendo principalmente estrellas rojas en sus informes de progreso semanales. Sus √ļnicas caras sonrientes, una muesca debajo de esas codiciadas estrellas rojas, eran por usar mal el tiempo subjuntivo del espa√Īol (que tambi√©n estrope√© bastante) o por no completar su tarea de rastrear la carta de ese mes un n√ļmero imp√≠o de veces (realmente m√°s un fracaso de mi esposo y yo).

A finales de a√Īo, mi hijo rogaba que fuera a la escuela antes y se fuera m√°s tarde. Le encantaba su escuela, y cuando lleg√≥ el momento, mi esposo y yo lo inscribimos por otro a√Īo.

“¬°Adivina qu√©!” mi hijo me dijo a mitad de ese segundo a√Īo preescolar. “¬°Mi maestra me dio un trabajo especial!”

“¬°Eso es genial!” Respond√≠. “¬ŅQu√©?”

“Hay una nueva chica en mi clase de Australia. Ella solo sabe ingl√©s, as√≠ que me siento junto a ella y la ayudo a entender.

Entonces me di cuenta de lo lejos que había llegado.

Finalmente conoc√≠ a la madre de ese nuevo compa√Īero de clase. Result√≥ que en realidad era de Nigeria, no de Australia. Claramente, la instrucci√≥n de geograf√≠a de mi hijo fue inferior a la de primera categor√≠a. Tampoco le√≠a ni hac√≠a matem√°ticas cuando termin√≥ el preescolar, ya que la versi√≥n pre-infantil de m√≠ estaba segura de que mis hijos lo har√≠an. A√ļn as√≠, no tuve quejas.

No ten√≠a quejas porque el preescolar que no era perfecto para mi hijo lo hab√≠a obligado a perseverar. Le hizo encontrar puntos en com√ļn con compa√Īeros de clase que al principio parec√≠an demasiado diferentes. Aprendi√≥ a adaptarse. Lleg√≥ a practicar para encontrar su camino en un entorno dif√≠cil y a veces aterrador. Se hizo escuchar. Al final, vio que con amabilidad y trabajo duro, pod√≠a hacerlo bien en cualquier lugar.

No pretendo haberlo planeado todo el tiempo, pero me di cuenta de que esas eran las habilidades que realmente quer√≠a m√°s para √©l. El mundo para el que finalmente lo estaba preparando no lo recibir√≠a con los brazos abiertos, listo para jugar con sus fortalezas √ļnicas y desarrollar sus debilidades individuales. No. El mundo que conoc√≠a, aunque maravilloso y emocionante, tambi√©n era duro. Aquellos a quienes hab√≠a visto sacar el m√°ximo provecho y obtener mejores resultados, fueron a donde no siempre estaban c√≥modos, aceptaron desaf√≠os, persistieron y crecieron.

Debido a que sembró este tipo de habilidades, el preescolar imperfecto de mi hijo resultó ser bastante perfecto. Incluso si necesitaba conseguirle un globo.