Por qué no estoy rastreando con GPS a mi hijo adolescente

Por qué no estoy rastreando con GPS a mi hijo adolescente

Cuando mi hijo mayor comenz√≥ a conducir, inmediatamente hice lo que cualquier madre cari√Īosa, moderna y amorosa har√≠a: instal√© una aplicaci√≥n de rastreo GPS en su tel√©fono. La mayor√≠a de los planes familiares celulares incluyen aplicaciones de rastreo de todos modos, entonces, ¬Ņpor qu√© no?

Esto fue por razones de seguridad por supuesto, y si pudiera ver dónde estaban él y su teléfono en todo momento, podría relajarme sabiendo que llegó con seguridad a todos sus destinos. No estoy solo en este pensamiento, ya que hay literalmente docenas de aplicaciones de conducción para adolescentes disponibles en la tienda de aplicaciones. Hay de todo, desde una aplicación que delatará a su hijo si desbloquea su teléfono mientras conduce, una aplicación que le dirá a qué velocidad van y cuándo / si exceden el límite de velocidad, aplicaciones que leerán en voz alta cualquier texto que envíe adolescente, e incluso registros de manejo que archivarán cada viaje en automóvil que realice su hijo adolescente. Incluso puede instalar en secreto un dispositivo de rastreo GPS en su automóvil si todavía no existe uno.

Así que cargué con entusiasmo una variedad de aplicaciones de conducción segura para adolescentes y seguimiento de ubicación en nuestros dos teléfonos, y lo envié a su manera feliz y muy monitoreada. Esto de criar a un adolescente independiente iba a ser pan comido porque estaría viviendo bajo mi constante vigilancia. ¡Gracias, desarrolladores de software, por ayudar a esta ansiosa madre a soportar la nueva libertad de su hijo!

Dos semanas después, los eliminé a todos.

Verá, en teoría, estos innovadores rastreadores GPS y monitores de velocidad son una gran idea. Todos queremos que nuestros hijos se mantengan seguros y manejen de manera segura, y como padres, queremos tener las herramientas que necesitamos para garantizar que eso suceda. Pero eventualmente, esas herramientas y aplicaciones comienzan a administrar nosotros.

Termin√© pasando muchas horas de mi d√≠a viendo una chincheta parpadeante que se abr√≠a paso lentamente a trav√©s de un mapa, y demasiados minutos revisando, volviendo a verificar, refrescando, luego volviendo a verificar si mi hijo estaba donde dijo que estaba, y si el aplicaci√≥n de acuerdo. En un esfuerzo distorsionado para protegerlo y mantener mi cordura, arroj√© la confianza y la fe por la ventana y atado metaf√≥ricamente un rastreador de arresto domiciliario en el tobillo de mi propio hijo. Y no hab√≠a hecho absolutamente nada malo excepto haber nacido afortunadamente (o desafortunadamente) en un momento que proporciona tales tecnolog√≠as. Los tenemos, entonces, ¬Ņpor qu√© no usarlos, verdad? OMS no lo har√≠a quieres esa paz mental? Al principio, lo quer√≠a, y luego simplemente no lo hice.

Me dije a m√≠ mismo que era hora de abrazar a mi padre interno y poner un poco (est√° bien, mucho) de confianza en mi hijo adolescente, as√≠ que aterric√© el helic√≥ptero de rastreo GPS de Turqu√≠a. Fue una de las decisiones m√°s dif√≠ciles que tom√© como padre de un adolescente, teniendo en cuenta que pr√°cticamente todos los dem√°s padres que conoc√≠a a√ļn se aferraban felizmente a sus aplicaciones telef√≥nicas, dici√©ndome exactamente d√≥nde estaba su hijo en un momento dado.

Y luego estaba yo, haci√©ndolo a la antigua, esperando fielmente a que mi adolescente llegara a casa despu√©s de la pr√°ctica sin saber en qu√© milla estaba. Estaba poniendo toda la confianza que pod√≠a en las manos de un hombre de 17 a√Īos cuyo cerebro a√ļn no estaba completamente desarrollado. Pero lo s√© para m√≠, fue lo correcto. Necesitaba permitirme comenzar a dejarlo ir, y as√≠ era como iba a comenzar a hacerlo. Yo confiar√≠a mi ni√Īo, no un rastreador.

Ese mismo ni√Īo comenz√≥ la universidad y se mud√≥ a cuatro horas de distancia, y aunque la tentaci√≥n de encender el rastreador de nuevo fue casi demasiado dif√≠cil de resistir, lo resist√≠. Soy una de las pocas madres universitarias que conozco que no conoce el paradero exacto de sus hijos en el campus las 24 horas del d√≠a y que en su lugar eligieron empujar a ese pajarito fuera del nido y no rastrear qu√© nido se abrieron camino. en el siguiente.

Es esta maldici√≥n de conexi√≥n constante lo que ha dificultado su transici√≥n a la universidad, simplemente porque la capacidad de estar siempre conectado existe. Estoy seguro de que algunos padres que conf√≠an en esa conexi√≥n instant√°nea y constante son reconfortantes, pero para m√≠, tuve que cortar el cable r√°pidamente. No pod√≠a verme a m√≠ mismo pasando otros cuatro a√Īos viendo un c√≠rculo parpadeante en un mapa pasar de una fiesta de barriles a la siguiente, y me negu√© a ser un reh√©n de su servicio celular incompleto o una bater√≠a de tel√©fono muerta accidental que solo dar√≠a un ataque de p√°nico en toda regla, no tranquilidad.

Todos los padres que alguna vez dejaron a un ni√Īo en la universidad, o los enviaron a las fuerzas armadas, o los trasladaron a su primer departamento, le dir√°n que la necesidad de mantenerse conectado con ellos es tan innata y profunda que es pr√°cticamente magn√©tico. Es natural querer siempre saber qu√© est√°n haciendo y saber d√≥nde est√°n.

Pero al mismo tiempo, también lo es la necesidad de dejarlos crecer separados de ti, para que descubran cómo vivir, cómo manejar sus propias vidas, cómo fallar y volver a levantarse, todo sin sus padres como audiencia. . Sí, siempre estaré allí para mis hijos, y ellos siempre tendrán mi apoyo incondicional. Pero de ahora en adelante, tendrá que ser detrás de escena, no la primera fila rastreando cada uno de sus actos.