Por qué no me importa cuando mi hija adolescente me envía mensajes de texto desde la escuela

Por qué no me importa cuando mi hija adolescente me envía mensajes de texto desde la escuela

Las ma√Īanas en mi casa pueden ser dif√≠ciles. Con tres ni√Īas de edades comprendidas entre preescolares y adolescentes, siempre hay una loca carrera por servir y tomar el desayuno, hacer almuerzos, buscar calcetines, recoger tareas y sacar un “buenos d√≠as” sin gru√Īir. Agregue la agitaci√≥n emocional de un mal d√≠a con el cabello, la ansiedad en torno a una pr√≥xima prueba, o el mal humor inducido por las hormonas y las palabras m√°s inocentes de mi parte pueden convertir a mi hija adolescente ya cautelosa en un desastre total.

“Su viaje estar√° aqu√≠ en unos cinco minutos”, llamo desde la cocina. Trato de mantener mi tono lo m√°s neutral posible a pesar de que la falta de tiempo me est√° estresando.

“¬ŅNo crees que s√© qu√© hora es?” mi hija responde bruscamente desde su puerta. Me paro en el mostrador cortando manzanas, sacudidas y humeantes. Ella emerge tres minutos despu√©s, prepara su almuerzo, balancea su pesada mochila sobre su hombro y agarra el bagel y el queso crema que le he hecho ir. No “Gracias, mam√°”. Sin contacto visual. Ning√ļn beso de despedida.

Reprim√≠ mi irritaci√≥n y her√≠ mis sentimientos y la llam√© r√≠gidamente para que se retirara, “Est√° bien, adi√≥s entonces”. Ella gira la cabeza y me da una sonrisa de “lo que sea”. No es as√≠ como quiero comenzar el d√≠a.

Resulta que tampoco mi hija. A las 10:37 a.m. a mediados del tercer período, recibo un mensaje de texto:

mam√° sry

Estoy agradecido de que mi hija se haya comunicado conmigo despu√©s de nuestro comienzo esta ma√Īana. El √ļnico inconveniente es que no debe enviar mensajes de texto en la escuela, especialmente durante la clase. Por un momento me pregunto c√≥mo se saldr√° con la suya.¬ŅSu tel√©fono est√° escondido debajo del escritorio? ¬ŅEst√° enviando mensajes de texto desde su port√°til silenciado?pero r√°pidamente lo dej√© ir Raramente inicio una conversaci√≥n con ella durante el horario escolar a menos que sea urgente, pero no voy a ignorar sus mensajes de texto. A pesar de las reglas de la escuela, no voy a perder esta oportunidad de conectarme con mi chica.

Le devuelvo el mensaje de texto:

Yo tambi√©n. ¬ŅAlgo est√° pasando?

Los segundos pasan mientras peque√Īos puntos resaltan mi pantalla dici√©ndome que est√° escribiendo. Unos momentos despu√©s, estoy leyendo sobre lo que realmente la est√° molestando, adem√°s de mantenerla a tiempo. Respondo r√°pidamente, reconociendo sus sentimientos y ofreciendo la comprensi√≥n que no pude reunir antes en el calor del momento. Le digo que hablaremos m√°s cuando llegue a casa. Firmamos, yo con un emoji de cara de beso, y ella con su Bitmoji luciendo dos pulgares hacia arriba. El problema no est√° completamente resuelto, pero al menos la conversaci√≥n ha comenzado.

En el territorio neutral de mensajes de texto, la puerta entre nosotros se abre y nos conectamos.

En lugar de actuar como una barrera, como ocurre cuando estamos enredados digitalmente mientras estamos sentados uno al lado del otro, la pantalla es más como una manta borrosa que proporciona la seguridad que necesitamos para abandonar nuestras defensas y ser más vulnerables de lo que somos en persona. Nos da la oportunidad de decir lo que queremos y necesitamos decir sin interrupción o el lenguaje corporal distractor que silenciosamente dice mucho sobre nuestra irritación, exasperación y expectativas.

Para aquellos de nosotros en nuestros 40 a√Īos, la comunicaci√≥n digital es una herramienta maravillosa y una distracci√≥n molesta. A menudo anhelamos desconectarnos, incluso a medida que nos acercamos m√°s y m√°s a la integraci√≥n digital total de nuestras vidas. Nuestros hijos no tienen ese problema. Para ellos su vida es digital (mensajes de texto, Snapchat, Google Hangout, Instagram) son los lugares donde socializan, hacen planes, hacen tareas y se meten las identidades para bien o para mal.

Como padre de un adolescente, ignorar la tecnología como un canal de comunicación se siente como una oportunidad perdida. Conectarme con mi adolescente en las viejas formas que surgieron naturalmente en la infancia a menudo ya no funciona. Si bien todavía tenemos sesiones de gab o sentarse o acurrucarse, cada vez son menos comunes, como debería ser. A medida que mi hija adolescente se separa de mí y entra en la edad adulta, su grupo de pares es cada vez más importante, interesante y simplemente más genial que salir con su madre. Me he convertido más en un perdedor que en un mejor amigo, pero eso no significa que esté de acuerdo con el silencio de radio entre mi chica y yo. Solo significa que estoy buscando nuevos puntos de conexión y enviarle mensajes de texto con ella, incluso durante el horario escolar, es uno de ellos.

Me refer√≠a a mi recordatorio sobre el momento en que ser√≠a √ļtil esta ma√Īana. A trav√©s de nuestros mensajes de texto, ella me hizo saber que mis palabras la hicieron sentir como si no confiara en su habilidad para manejarse. A su vez, le hice saber que su respuesta a mi ayuda fue cruel y hiri√≥ mis sentimientos. Los mensajes de texto nos dieron a cada uno el tiempo y el espacio para escuchar atentamente y ser escuchados, preparando el escenario para una conversaci√≥n positiva cara a cara m√°s tarde. Para m√≠, fomentar una conexi√≥n fuerte y honesta con mi hija durante su adolescencia es un objetivo esencial de la crianza, incluso si eso significa romper las reglas de vez en cuando.