Por qué no pagué la educación universitaria de mi hijo, aunque prometí que lo haría

Por qué no pagué la educación universitaria de mi hijo, aunque prometí que lo haría

Me estaba preparando para enviar a mi hijo, a quien llamar√© “Ben”, a la universidad en la primavera de 2009. Ten√≠a la intenci√≥n de pagar para no tener que trabajar y poder concentrarse en sus estudios. De hecho, esta fue mi promesa solemne a √©l (y a m√≠ mismo) desde que era un ni√Īo. Era el mejor regalo que podr√≠a darle, o eso pensaba.

Milagrosamente, hab√≠a logrado guardar todo el dinero de la matr√≠cula en un fondo universitario patrocinado por el estado. Digo “milagrosamente” porque mi propensi√≥n era gastar mucho m√°s de lo que pod√≠a. As√≠ que me sent√≠ bastante orgulloso de m√≠ mismo, cumpliendo mi promesa a pesar de mis inclinaciones.

Pero cuando en realidad comenzamos el proceso de selecci√≥n de la escuela, descubr√≠ que la matr√≠cula en el estado era solo una fracci√≥n del costo total de la universidad. ¬°Tendr√≠a que pagar otros $ 7,200 al a√Īo para cubrir la vivienda, la comida, los libros y otros gastos!

Fue entonces cuando toqu√© fondo. Estaba lleno de culpa, verg√ľenza y remordimiento al pensar en todo el efectivo que podr√≠a haber ahorrado si no hubiera actuado como si las tarjetas de cr√©dito fueran dinero gratis. El mayor enga√Īo que tuve fue que de alguna manera, de alguna manera, el dinero estar√≠a all√≠ cuando lo necesitara.

Bueno, no lo fue.

En cambio, mi deuda estaba aumentando y pronto superaría mis ingresos. No tenía idea de dónde encontraría ese dinero extra.

Fue en ese momento que fui a un grupo de apoyo para deudores compulsivos. El 24 de abril de 2009, dej√© de usar el dinero como droga. Cort√© mis tarjetas de cr√©dito y cancel√© las cuentas. Con la ayuda del grupo, aprend√≠ a decirme no a m√≠ mismo, vivir dentro de mis posibilidades y pagar la deuda de mi tarjeta de cr√©dito por √ļltima vez. Afortunadamente, el dinero extra que necesitaba se hizo disponible a trav√©s de una combinaci√≥n de buenas decisiones sobre c√≥mo gastar√≠a mis ingresos y mi ex esposo a rega√Īadientes acord√≥ contribuir unos pocos miles de d√≥lares para el primer a√Īo.

Aleluya

Finalmente respiré con calma. Ben iría a la universidad y yo cumpliría mi promesa.

O eso pensé.

Financieramente, todo sali√≥ seg√ļn lo planeado para el primer a√Īo. Pero a mediados del segundo a√Īo, qued√© discapacitado. Mis ingresos se redujeron dr√°sticamente y mis costos de atenci√≥n m√©dica aumentaron dr√°sticamente.

Aunque aliviado de que los costos de la matr√≠cula se hicieran cargo, estaba, una vez m√°s, abatido sobre c√≥mo seguir pagando los gastos de vida de Ben. No me importaba que mi hijo de casi 19 a√Īos fuera perfectamente capaz de trabajar a tiempo parcial, y que hacerlo podr√≠a ser bueno para √©l. ¬°Y olv√≠date de cualquier conversaci√≥n acerca de que √©l obtenga un pr√©stamo estudiantil por su cuenta! Oh no, estaba convencido ese yo le deb√≠a una educaci√≥n universitaria completamente pagada y cualquier otra opci√≥n era inaceptable.

Afortunadamente, esta vez, recurrí a mi red de soporte en lugar de tratar de resolverlo por mi cuenta. Estaba seguro de que mis amigos estarían de acuerdo en que al reducir mis propios gastos de vida, podría pagar los de mi hijo.

En cambio, me dijeron en t√©rminos claros que estaba viviendo en un enga√Īo. En mis nuevas circunstancias, no hab√≠a margen de maniobra para cambiar el dinero de otras categor√≠as sin que yo viviera en una privaci√≥n abyecta (una forma infalible de hacer que un gastador compulsivo se atrase o se endeude). No hab√≠a forma de que pudiera sostener un gasto universitario de $ 600 al mes sin devastar mi peque√Īo cach√© de ahorros. “¬ŅY entonces que?” ellos preguntaron.

Amablemente, pero con firmeza, me dijeron que primero deb√≠a ponerme la m√°scara de ox√≠geno; que ser√≠a mucho m√°s √ļtil para mi hijo si lo dejara descubrir c√≥mo pagar a su manera que si me declarara en bancarrota y terminara endeudado para cumplir esa promesa.

Aun así, me negué, seguro de que mis amigos estaban equivocados. Así que comencé a hablar con otras personas sobre esto, y me sorprendió su reacción. Nadie, ni una sola persona, estuvo de acuerdo conmigo. De hecho, todas las personas con las que hablé, incluida la novia de mi hijo, me dijeron que habían pagado todos o parte de sus propios gastos universitarios. Empecé a ver eso yo fue el equivocado.

Finalmente, acepté hacer lo que me había parecido anatema. Me senté con mi hijo y le dije que ya no podía pagar sus gastos de subsistencia. Tendría que conseguir un trabajo y préstamos estudiantiles si quería quedarse en la escuela.

Me sentí enfermo.

Ben no parec√≠a muy feliz. No pude respirar. Y luego se encogi√≥ de hombros y dijo: “Est√° bien, conseguir√© un trabajo y un pr√©stamo”.

Ese verano, consiguió su primer trabajo como mesero y terminó sacando $ 15,000 en préstamos universitarios. Como beneficio adicional, se volvió mucho más serio sobre sus estudios. Y él nunca me ha pedido dinero.

Desde entonces, he pensado mucho acerca de cu√°n equivocado hab√≠a estado y qu√© tan bien result√≥ Ben a pesar de mi sombr√≠o papel como modelo financiero durante la mayor parte de su vida. Pero no hab√≠a tenido en cuenta la influencia que mi esposo actual, Ray, tuvo sobre √©l. Ray y yo nos casamos cuando Ben ten√≠a solo 10 a√Īos. Afortunadamente, mantuvimos nuestro dinero por separado.

Mientras yo era financieramente imprudente, mi hijo ve√≠a a mi esposo vivir simplemente, comprar autos con efectivo y usar sus tarjetas de cr√©dito de manera responsable, siempre pagando el saldo cada mes. Y otros excelentes mentores, como el entrenador de la banda de m√ļsica de Ben, le ense√Īaron el valor de la disciplina y el trabajo en equipo.

Ahora era obvio que no hab√≠a puesto suficiente fe en mi hijo. A pesar de todos mis temores de que mis malas habilidades para la crianza de la administraci√≥n del dinero hab√≠an causado un da√Īo irreparable a Ben, result√≥ que mi hijo estaba bien. Todo lo que necesitaba era un peque√Īo empuj√≥n para volar solo.

Cuando Ben finalmente sinti√≥ la pizca de ese pago de la deuda seis meses despu√©s de la graduaci√≥n, tambi√©n recibi√≥ el mensaje de que los pr√©stamos no eran dinero gratis, y no le gust√≥ ni un poco. En menos de cinco a√Īos despu√©s de la graduaci√≥n, ha pagado todos menos $ 1,800 de sus pr√©stamos estudiantiles. En un momento, recib√≠ una ganancia inesperada y me ofrec√≠ a ayudarlo con los pagos. Se neg√≥, diciendo que prefer√≠a pagarlo √©l mismo.

Al igual que mi esposo, Ben vive simplemente. Ahora de 26 a√Īos, usa las tarjetas de cr√©dito con moderaci√≥n, paga el saldo cada mes y encuentra las mejores opciones para devolverle el efectivo y otras recompensas. Afortunadamente, parece que no hered√≥ ese gen de gasto compulsivo.

Me tomó mucho tiempo superar mi culpa por no darle a mi hijo lo que le había prometido. Para algunos padres, pagar todos los costos de la universidad es la elección correcta. Pero finalmente llegué a ver que mi incapacidad para seguir pagando era el mejor regalo que podía darle a mi hijo.

Si no hubiera escuchado a mi red de apoyo, el resultado hubiera sido desastroso. Hubiera terminado sin poder vivir dentro de mis posibilidades, y mi hijo no habría tenido la oportunidad de subir al plato. Esta experiencia fue un punto de inflexión en su viaje hacia la edad adulta, y no podría estar más orgulloso del hombre en el que se ha convertido.

Esta publicación apareció originalmente en El billetero.