Querido hijo adolescente, crecer es difĂ­cil para los dos

Querido hijo adolescente, crecer es difĂ­cil para los dos

Querido hijo adolescente

Aquí nos sentamos. Tú, convirtiéndote en un hombre y tratando desesperadamente de escapar del niño que una vez fuiste (y mi abrazo cada vez que te alcanzo), y luego estoy yo, observándote de cerca, tan de cerca.

Esto es difícil para tu mamá. Sé que es más difícil para mí que para ti. Sé que es normal que intentes sacarme de tu vida poco a poco. Sabía que iba a llegar, pero lo que no sabía era que iba a doler tanto. Extraño quién solíamos ser.

Esta ha sido la parte más tremenda de mi trabajo como madre hasta ahora. No es como la primera noche que te traje a casa e intenté desesperadamente amamantarte toda la noche, cuando luchamos juntos. Sus rabietas épicas como un niño pequeño no se acercan a las emociones de criar a un niño que atraviesa la pubertad.

Tal vez no debería decirte cuánto extraño los días en que corrías desnudo y te emocionabas tanto al ver una rana en el camino que gritabas. Tal vez no debería recordarte las veces que solías tomar mi mano y tenías ojos solo para mí. Pero lo hago. No puedo evitarlo y hay una parte de mí que quiere traer de vuelta a ese pequeño muchacho.

Estoy intentando, Dios mío, estoy tratando de ser un buen padre para un adolescente y dejar que respires. Sé que si te sofoco, nuestra relación morirá, pero me temo que si no hablo lo suficiente, te perderé de otras maneras. Estoy aprendiendo cómo equilibrar su necesidad de independencia con su necesidad de orientación, y la mayoría de los días realmente siento que estoy haciendo un trabajo horrible.

Estoy tratando de no ser demasiado emocional cuando te ayudo a atarte la corbata, mirarte desde la distancia cogidos de la mano con una chica o veo que tratas de enloquecer por algo y sigues sintiendo que todavía no estás a la altura. Estoy tratando de no decirte cómo vivir tu vida en todo momento, no seguirte y asegurarte de que no estás actuando como un imbécil. Para no recogerte cuando te caes. Para recordar que te hice pero eres tu propia persona. Lo abarca todo, y algunos días es difícil respirar.

Verlo crecer, verlo enamorarse, escucharlo murmurar “usted tambiĂ©n” despuĂ©s de decirle que lo amo me rompe un poco el corazĂłn. Tus ojos giran y tu conversaciĂłn de fondo me hace querer gritar, mantenerte encerrado y decirte que pares, que dejes de intentar crecer tan rápido.

Lo quiero todo para ti y realmente extraño poder hacer cosas fĂ­sicamente por ti, pero sĂ© que es hora de dejarlo ir. Tengo que dejarte crear tu propia vida y descubrir quiĂ©n quieres ser sin comprometer lo que creo que es correcto. SĂ© que piensas que soy sobreprotector. Lanzas palabras como “injusto” y “estricto” y tienes toda la razĂłn: yo soy todas esas cosas. Yo no soy tu amigo. SerĂ© una madre estricta hasta que estĂ©s sola. Porque en el momento en que empiezo a dejar que establezcas tus propias reglas, ambos perdemos, y no vamos a perder. ÂżMe escuchas? No lo somos

Ahora eres mayor y creo en ti. No puedo estar contigo todo el tiempo, y no siempre sabré lo que estás haciendo (por más que lo intente). Es una realidad que debo enfrentar, tan difícil como es.

Aunque siempre estaré aquí. No siempre con tu, pero siempre aqui para tú. No siempre podré recogerte si te caes. Tendrás que hacerlo tú mismo. No podré arreglar tus errores. Debes poseerlos y corregirlos, y eso puede parecer diferente para ti que para mí, y voy a necesitar que me recuerdes esa verdad más de una vez.

Lamento que tengas que experimentar esto primero conmigo. Ojalá supiera mejor. Desearía poder dar más. Voy a buscar a tientas, sí, pero nunca voy a disculparme por amarte tan duro.

Solo prométeme que saldrás y harás que cuente. Que serás amable. Que vivirás tu mejor vida. Y sepa que intentaré con todas mis fuerzas dejar que lo haga a su manera, por más difícil que sea para los dos.

Mamá