Si no fuera por mi embarazo, no habría descubierto mi cáncer de mama

Si no fuera por mi embarazo, no habría descubierto mi cáncer de mama

Cuando entr√© en la sala de partos, mis ojos se vieron inmediatamente atra√≠dos por la letra escarlata: la letra roja en la pizarra fuera de mi habitaci√≥n en la que estaba garabateado “B.C.” para el c√°ncer de mama Esto caus√≥ mucha incomodidad entre el personal de enfermer√≠a, que comenzar√≠a a darme conferencias sobre la lactancia materna antes de detectar inc√≥modamente su error y convertirse en un tono escarlata, sus expresiones se transformaron en miradas de l√°stima de disculpa. Odiaba la pena. Estaba decidido a mantener el c√°ncer de seno fuera de la sala de partos.

Solo unos momentos antes, hab√≠a pasado por la misma entrada al hospital que us√© la semana anterior para mi consulta inicial con el cirujano de senos. Ahora la nerviosa emoci√≥n de las familias que entraban y sal√≠an de las salas de partos con sus globos de colores brillantes y sus gigantescos ositos de peluche rosas y azules me llenaron de envidia. Para m√≠, el nacimiento de mi hijo se hab√≠a convertido en un procedimiento inicial en una larga y ardua caminata por una monta√Īa mucho m√°s empinada. ¬ŅY entonces que? El futuro parec√≠a tan lejano y tan borroso. No pude ver m√°s all√° del c√°ncer.

Mi embarazo hab√≠a ocurrido “por accidente” mientras mi hijo de seis meses dorm√≠a la siesta. Hab√≠a pasado una parte importante de mi embarazo golpe√°ndome por ser tan tonta como para noquearme. Pero, simult√°neamente, algo sobre la casualidad del embarazo me agrad√≥; record√°ndome que la vida no pod√≠a planearse y que algunas cosas eran besheret (destinado a ser), como habr√≠a dicho mi abuela. Josh y yo apodamos en broma al feto “J.C.” porque ciertamente nos pareci√≥ que era una concepci√≥n inmaculada.

La Inmaculada Concepción Cortesía de Jenny Leon.

Cuando naci√≥ mi primer hijo, mi obsesi√≥n neur√≥tica con su salud amenazaba con poner en peligro la m√≠a. Dorm√≠ con la luz encendida, para poder controlar su respiraci√≥n. Josh sab√≠a que necesitaba dormir, pero no lo hice. Segu√≠ pensando: ‚ÄúPuedo sobrevivir a esto. Soy fuerte. Mi beb√© es vulnerable y d√©bil. Es mi trabajo protegerlo “.

Las apuestas eran muy diferentes ahora. Mi agencia sobre este embarazo, mi experiencia de nacimiento y mi cuerpo hab√≠an sido despojados por mi diagn√≥stico. No solo me obligaron a dar a luz a mi hija tres semanas antes para poder someterme a una doble mastectom√≠a en su fecha de vencimiento original, sino que tambi√©n tuve que descansar para protegerme, para poder estar all√≠ para mis hijos en el futuro. Ning√ļn concepto fue m√°s extra√Īo para m√≠. No sab√≠a c√≥mo ser madre (o cualquier otra cosa) sin hacerlo con todas mis fuerzas; para m√≠, esa era la definici√≥n de lo que significaba ser una buena madre.

Era hora de empujar. Mientras luchaba por contener mis rizos enredados en una gorra encima de mi cabeza, no pod√≠a dejar de pensar en perder mi cabello. Hab√≠a heredado mi cabello de mi padre, quien, a su vez, hab√≠a heredado su cabello de su madre. Resulta que el cabello no fue el √ļnico gen fuerte que se transmiti√≥ a lo largo de nuestra l√≠nea gen√©tica Ashkenazi. Junto con el cabello grueso y hermoso y los muslos gruesos y hermosos, el gen BRCA1 se hab√≠a transmitido de generaci√≥n en generaci√≥n, sin que ninguno de nosotros lo supiera. Pero el gen ya no era invisible. Es posible que haya pasado este gen a mi ni√Īo peque√Īo y la vida que crece dentro de m√≠. Qu√© extra√Īo fue que dos cosas tan diferentes pudieran estar creciendo en mi cuerpo al mismo tiempo: fertilidad y malignidad.

La Inmaculada Concepción Cortesía de Jenny Leon.

Hab√≠a dudado si quer√≠a averiguar el sexo del beb√©, especialmente desde que recib√≠ mi diagn√≥stico, pero Josh no me dej√≥ moverme. Sab√≠a que necesitaba una buena sorpresa. Cuando el beb√© comenz√≥ a coronarse, estaba seguro de que era otro ni√Īo.

Y luego, con un gran empujón, ella estaba aquí. La hija perfecta que siempre había deseado.

Parec√≠a peque√Īa con solo seis libras, mientras que mi hijo hab√≠a pesado casi ocho libras y media al nacer. No pude mirar sus pies parecidos a los de E.T. porque me recordaron que tal vez le hubiera gustado quedarse en la c√°lida comodidad del √ļtero por un par de semanas m√°s.

Pero ella era hermosa. Todos decían que con sus labios de pétalos de rosa, piel oscura y cabello lleno, se parecía a su madre.

M√°s significativamente, ella era poderosa. Ella hab√≠a desafiado las probabilidades que rodeaban la concepci√≥n, se empuj√≥ f√°cilmente a este mundo y literalmente me hab√≠a salvado la vida (ya que no creo que hubiera buscado atenci√≥n m√©dica tan r√°pido por la peque√Īa e insignificante dureza en mi pecho si no hubiera estado yendo a citas de OB programadas regularmente).

No fue que ella me hizo olvidar que tenía cáncer. No creo que sea posible. Pero ella me hizo darme cuenta de que podría haber una gran alegría incluso con el cáncer. Quizás la alegría aumentó porque todos necesitábamos algo de alegría. En ese momento, sentí que mi vida ya no sería lo que esperaba, pero podría estar bien. Después de todo, nuestra hija fue inesperada y ella estaba besheret.

La llamamos Lyla por la hermana de mi abuela que murió de cáncer de mama. En hebreo, Lyla significa noche. Su nombre hebreo es Orli, que significa luz. Ella sería nuestra luz en la noche. Ella nos ayudaría.