Ocurre cuando estamos en el auto, gritando “Call Me” de Blondie o cantando “Bendiciones” de Chance the Rapper. Sucede cuando modelamos atuendos el uno para el otro antes de salir o cuando ella viene a pedirme consejo sobre un chico, una novia o un maestro. Sucede cuando nos sentamos en el mostrador de la cocina, despuĂ©s de que sus hermanas menores estĂĄn dormidas, llenando nuestras caras con las de Ben y Jerry directamente del contenedor, haciendo sonar las cucharas y riendo mientras buscamos los trozos de dulce de chocolate.
Ahà es cuando pienso: Oh, wow. Me estoy convirtiendo amigos con mi adolescente Es un cambio sutil y, para ser sincero, no estoy completamente seguro de qué hacer con él.
Es una sensaciĂłn extraña cuando te das cuenta de que te has quitado el traje de padre de Hazmat y te has puesto el pijama de franela de amistad con tu hijo adolescente. No es un estado de todo o nada, sigo siendo su madre y todo lo que eso implica, pero la lĂnea entre padres e hijos entre nosotros se desdibuja cada vez mĂĄs a menudo en estos dĂas a medida que se acerca cada vez mĂĄs a la edad adulta. Quiero decir, apenas puedo escribir esa palabra mientras pienso en mi niña que posiblemente ya no tenga 15 años.
ÂżNo estaba simplemente dando vueltas en su capa roja, orejas de gato y tutĂș amarillo andrajoso, como, hace un minuto? Lo que me parece ayer para mĂ es mĂĄs que hace una vida para ella.
Mi hija mayor estĂĄ dejando atrĂĄs su infancia sin lugar a dudas. Los fines de semana preferĂa pasar el rato con sus amigos en lugar de su familia. Ella tiene opiniones feroces sobre Trump, el feminismo y la pobreza. Hay una pizca de pĂłmulo asomando por su rostro una vez redondo. Los estilos de vestir para adultos que tanto deseaba usar cuando era una adolescente ahora se ajustan a su cuerpo lleno. Y ella sabe cosas: cĂłmo funcionan los agujeros negros, los entresijos de curar historias de Instagram y Snapchat, cĂłmo defenderse en la escuela, cĂłmo reĂrse de sĂ misma cuando hace tonterĂas.
Es divertido salir con mi hija, como una amiga favorita. Me encanta compartir estos momentos con ella.
No todos estĂĄn de acuerdo en que es una buena idea ser amigos de su hijo, y hasta hace poco habrĂa descartado la posibilidad. Nunca pensĂ© que llegarĂa a un punto en el que serĂa amiga de mi hija. No porque ella no sea material amiga, sino porque en esos años recientes de ser madre de mi niña, no podĂa imaginar que la amistad fuera parte de la paternidad. Mi papel era nutrirla y amarla, mantenerla segura y saludable, enseñarle lo correcto de lo incorrecto, la amabilidad de la crueldad, animarla cuando fallara y animarla cuando lo lograra.
La idea de la amistad en el ĂĄmbito de la maternidad se sentĂa amenazadora, como si ser amiga de mi hija disminuyera mi papel como madre, como si los valores que le enseñé y la orientaciĂłn que le di le importen menos si ella pensara en mĂ como un amigo.
Aunque los adolescentes parecen despreciar a sus padres en favor de sus compañeros, los estudios demuestran que nuestras palabras y acciones aĂșn influyen en su toma de decisiones. Si ella pensara en mĂ mĂĄs como una amiga, Âżmi aporte como su madre tendrĂa menos peso?
TambiĂ©n creo firmemente que mi papel como padre es proporcionar estructura y lĂmites para mi hija, por lo menos mientras viva bajo mi techo. Esos lĂmites se han expandido significativamente en los Ășltimos años a medida que aprende a tomar mĂĄs decisiones por sĂ misma y yo aprendo a confiar en ella cuando lo hace. AĂșn asĂ, tiene un toque de queda, lĂmites en el tiempo de pantalla y una hora de acostarse. Ella se queja de nuestras “reglas” pero creo que en el fondo las aprecia. Le hicieron saber que nos importa dĂłnde estĂĄ, con quiĂ©n estĂĄ y quĂ© estĂĄ haciendo. Me preocupa que ser amiga de mi hija pueda hacerla pensar que esos lĂmites ya no son importantes para mĂ, y definitivamente lo son.
Hacerme amigo de mi hija no es una relaciĂłn que yo esperaba o diseñé, y no creo que ocurra entre todos los niños y sus padres. Ciertamente, tampoco es el mismo tipo de amistad que tengo con mis novias adultas. No somos iguales ni iguales. Nunca voy a ser el tipo de madre que festeja con ella, le compra cerveza o trata de actuar como “una de las chicas”. Algunas de las madres de mis amigas eran asĂ cuando estaba en la escuela secundaria y era inquietante.
No soy adolescente y mi hija no es adulta. No es su responsabilidad ayudarme con los desafĂos adultos que enfrento. Sin embargo, a medida que crezca, no hay duda de que tenemos cada vez mĂĄs en comĂșn. Por ahora, todavĂa estoy averiguando cĂłmo es ser amigo de mi hijo adolescente en el ĂĄmbito de la maternidad.
Esto es lo que sĂ sĂ©: ser un amigo no se trata solo de bailar en automĂłvil o compartir enamoramientos de celebridades. No se trata solo de comer helado para la cena y enviar mensajes de texto despuĂ©s de la medianoche. TambiĂ©n se trata de reĂr histĂ©ricamente juntos cuando la vida es hilarante y abrazarse cuando todo va hacia el sur. Se trata de amar a la otra persona incondicionalmente, apoyarla siempre y ser honesto con ellos cuando se dirigen a un territorio peligroso. Se trata de darle a alguien que amas el espacio, la seguridad y la fuerza para ser ellos mismos.
Cuando lo pienso de esa manera, ser amiga y ser madre tienen mucho en comĂșn. Tal vez no sea tan difĂcil para mĂ ser ambas cosas para mi adolescente.